Cultura dormitorio

Daniel Silberfaden, decano de Arquitectura de la Universidad de Palermo, advirtió cómo el uso de la tecnología transformó a la arquitectura. Leer nota digital



La invasión de pantallas transformó el cuarto en el lugar preferido de las casas para realizar múltiples tareas; la cocina pierde preponderancia y los arquitectos toman nota.

"Es un tema de comodidad y de tecnología. Los fines de semana puedo pasar horas en la cama si no tengo ningún plan, con la tablet, la compu y la comida, que también viene a la cama", dice Facundo Villanueva, un empleado administrativo de 34 años que agrega que incluso aquellos días en que hacehome office buena parte de la jornada laboral transcurre en su habitación. "Me falta una cafetera al lado de la cama", dice a modo de explicación del único motivo que lo saca de la cama en una jornada invernal de trabajo en el hogar. Televisión, laptop, tablet y celular... Alejandra Lupiz, de 31 años, enumera las pantallas de las que hace uso en su habitación. "Soy diseñadora gráfica y a veces me da fiaca levantarme de la cama, así que me llevo la compu al cuarto y trabajó ahí", cuenta Alejandra, que señala que las de las mañanas y las de las noches son las horas en las que las pantallas se encienden en su pieza: "A veces incluso vemos cosas distintas con mi novio en pantallas distintas; como él habla poco español (es inglés), si yo quiero ver algo en español lo veo en la tablet y él mira otra cosa en la compu", cuenta.

Para dormir, sí. Pero también para trabajar, ver televisión, comunicarse a través de redes sociales, almorzar o cenar o, simplemente, para estar. La habitación es ahora la nueva cocina: el espacio que había prevalecido en la primera década de los dos mil. Hoy, lejos de ser ya un ámbito de uso mayormente nocturno, el dormitorio -y más precisamente la cama- es el lugar de la casa que más protagonismo ha ganado en virtud de la portabilidad de distintas tecnologías que hacen que gran parte de nuestras necesidades y de nuestras actividades puedan resolverse sin tener que adoptar una posición vertical.

"En los últimos años ha habido un desplazamiento de las prácticas culturales, mediáticas y tecnológicas del comedor a la habitación", afirma la doctora en comunicación Roxana Morduchowicz, especialista en cultura juvenil y autora del libro Los chicos y las pantallas. Enrique Carrier, analista del mercado de las telecomunicaciones, coincide: "El hecho de que hoy uno pase más tiempo en el dormitorio tiene que ver con que ciertos dispositivos se hicieron personales. Hasta hace no muchos años, en la casa había una computadora y estaba en un lugar común, y los miembros de la familia iban rotando. Pero luego sucedió lo mismo con la computadora que con la televisión". Al multiplicarse las pantallas y volverse portables y cada vez más individuales, la habitación -lugar de intimidad y comodidad- es hoy un espacio de tránsito nocturno, pero también para realizar tareas. Morduchowicz relata el proceso de cambio: "En los años 50, la televisión ya había desplazado al hogar prácticas que tradicionalmente tenían lugar en espacios públicos. Las familias comenzaron a vivir más tiempo en su propia casa, más precisamente en el comedor, viendo televisión, replegadas sobre la intimidad del hogar. Más recientemente, las tecnologías generaron un segundo desplazamiento, esta vez desde el comedor a la habitación".

Las pantallas hogareñas definen nuestros hábitos

Según la especialista, el movimiento de la sala al cuarto se debe a la multiplicación y diversificación de medios en el hogar. "Ya no había un único televisor en el comedor de la casa, que reunía a toda la familia frente a la pantalla. La aparición de las tecnologías generó entonces la "cultura de la habitación", explicó Morduchowicz.

En esta cultura, explica, las prácticas son más individuales, personalizadas y tienen lugar en la soledad del cuarto. Puede ser una soledad muy compartida, como la de una pijamada en la que varios chicos o chicas pasan la noche en la misma habitación, cada uno pendiente de su propio smartphone, o la de una pareja en la que cada uno de sus integrantes sigue atento el discurrir de su propia pantalla, sea ésta una tablet, un smartphone o una notebook.

"Los efectos más importantes se reflejaron en la relación más individual que tienen hoy los niños y adolescentes con las tecnologías. Los chicos tienen consumos culturales cada vez más personalizados. Pasan más tiempo en sus casas, pero ello no significa más tiempo en familia. Los estudios internacionales reflejan que los chicos que tienen más tecnologías en su habitación pasan más tiempo en el cuarto con ellas y en un uso solitario, en una práctica más en soledad", dice Morduchowicz.

"Creo que, en realidad, habría que aceptar que son las pantallas en todas sus formas las que tienden a ser centrales en la dinámica del hogar. Algunos preferirán la cama y otros el sillón, pero es indudable que el cóctel comunicación más infoentretenimiento se vuelve cada día más potente", opina por su parte el médico psiquiatra y psicoanalista Pedro Horvat.

La arquitectura toma nota

"En una sociedad hipercomunicada, como la nuestra, el tema de las pantallas modifica acciones, pero también espacios", advierte Daniel Silberfaden, decano de Arquitectura de la Universidad de Palermo. "Por empezar, el hecho de que todo el mundo se maneje con elementos portátiles, como los smartphones o las tablets, hace que ya no haya un espacio fijo en la casa. Es común ver amigos o familia reunidos y que cada uno esté concentrado en su visor y su comunicación, y esto puede ocurrir en cualquier espacio, no uno en particular", agrega.

En los cambios que ha atravesado la dinámica de la vida familiar en los últimos años, el living ya no es el ámbito de reunión de la casa (basta mencionar la ampliación de las cocinas e incluso su integración al living), así como tampoco el escritorio -de haberlo- concentra las tareas laborales hogareñas. Entonces: ¿por qué la habitación habría de permanecer como lugar reservado a la vida nocturna de los individuos?

"Desde la arquitectura como espacio de reflexión planteamos la desjerarquización del hogar", dice Silberfaden, que señala que hoy es difícil decir que el dormitorio es sólo un dormitorio. "Hoy el cuarto de los chicos, por ejemplo, es el lugar donde dormir, pero también el sitio de reunión, donde se juntan, se comunican por redes, arman grupos, etcétera. ¿Es su habitación o una sala de usos múltiples? Tenemos la necesidad de llamarlo dormitorio porque somos más lentos que las nuevas tecnologías y, además, no hay nada más conservador que el mercado inmobiliario." Muchos recuerdan los famosos playroom que eran un ámbito aspiracional en los noventa para que los chicos jueguen. Ese espacio sería actualmente totalmente inútil.

"Confieso que la cama perdió esa entidad que tuvo siempre como lugar donde se duerme o se producen encuentros íntimos", sostiene Julieta Lipina, de 42 años, para quien el único límite (autoimpuesto) es no llevar el trabajo a la habitación. "En mi caso, además de ser el lugar donde se duerme y se da la intimidad, la cama es un sitio de relax integral: desayuno (y a veces incluso ceno, en especial cuando me voy a la cama temprano), me conecto, me informo, me entretengo y de alguna manera también le pongo un freno a las actividades: no trabajo desde la cama, sólo me entretengo", cuenta Julieta por mail desde Bahía Blanca.

El mayor tiempo que pasamos en la habitación es motivo también de replanteo para quienes producen electrodomésticos, que buscan dar respuesta a las nuevas necesidades que plantea la vida hogareña que gira en torno de la dupla cama-pantallas. "Con la utilización cada vez más frecuente de las nuevas tecnologías, la habitación se ha transformado en el principal ambiente de muchos hogares, y es allí donde se pasa la mayor parte del tiempo que uno está en la casa -cuenta Alejandro Toscano, gerente de asuntos públicos y comunicación de Whirlpool para Latinoamérica-. Eso nos ha llevado a pensar en electrodomésticos que, más allá del lugar que ocupen, permitan a uno estar más tiempo en la habitación. Un ejemplo es una nueva línea de cocinas, aún en desarrollo, que contará con un timer digital que corta el gas y apaga la llama, y así evita que si uno se quedó viendo una serie en la pieza la comida se queme o se pase."

Incluso existen electrodomésticos que, años atrás, uno jamás hubiera colocado en la habitación, pero hoy son las estrellas de esos ambientes: "Tenemos un producto que hoy es muy demandado para la habitación, que es nuestra heladera Retro, una heladera de estilo vintage y de formato bajo mesada que muchos la utilizan como mesita de luz -cuenta Toscano-. Así, quien mira una serie o trabaja desde la cama sólo necesita estirar la mano para sacar una bebida fría de la heladera o, en invierno, un chocolate". Hace unos meses, Matías Sotelo recibió el pedido de su hijo Antonio, de 10 años, de una heladerita para su cuarto como regalo de Día del Niño. Algo extraño, pero muy acorde a esta época de "cultura de dormitorio".

Pero desde la arquitectura, la respuesta al cambio en las dinámicas de circulación dentro del hogar es más radical. "Lo primero es empezar a repensar los programas que uno tiene incorporados a la hora de diseñar un hogar: venimos con ideas de la tradición y tenemos que imaginar innovaciones", sostiene Silberfaden, para quien el punto de partida es trabajar a partir de los diferentes guiones: cuáles son las principales actividades que realizan las personas en el hogar y en qué horarios. "Y a partir de ahí trabajar con un concepto de flexibilidad, para que la casa tenga la capacidad de adaptación", agrega.

Así, si la habitación de noche se usa para dormir y de día para trabajar, quizás haya que adaptar su capacidad de abrirse al resto de los ambientes de día y de cerrarse de noche para recuperar privacidad. "Integrar la habitación es una posibilidad -comenta Silberfaden-. Que en un momento del día se convierta en un lugar más amplio, porque hay un mueble que se corre o una puerta que desaparece, y que luego se separe en el momento que yo quiera."

Este tipo de propuestas de reformulación de los hogares para dar respuestas a las necesidades de sus habitantes tomó forma recientemente en el proyecto Unacasa Habitar Contemporáneo -del que Silberfaden fue impulsor-, en el cual distintos estudios de arquitectura desarrollaron prototipos de casas afines a las nuevas formas de habitar, condicionadas por las nuevas tecnologías, las nuevas configuraciones familiares, la relación con el espacio de trabajo y la conciencia ambiental.

Efectos secundarios

Para muchos, una cuestión de comodidad; para otros, de practicidad. Sin embargo están también quienes señalan los efectos colaterales de pasar cada vez más tiempo en la cama con la atención puesta en la tablet, la notebook o el celular. "El uso de pantallas en la cama tiene una sola ventaja: la comodidad; todo lo demás es problemático -advierte Horvat-. Son parte de la creciente epidemia de insomnio y alteraciones del sueño en general, y su poder hipnotizante es un obstáculo para la comunicación en la pareja. Es muy lindo ver series juntos en la tablet, pero muchos terminan viendo más sexo del que tienen."

Mariana Canda tiene 40 años y es directora de una consultora de comunicación, y se opone a la dupla cama-pantallas. "Se están creando cada vez más elementos tecnológicos para que el lugar de la habitación sea casi central y propio, pero esto no fomenta la vida con otros ni en familia -opina-. Lucho contra esto, creo que hay que volver al origen de las relaciones humanas, juntarse alrededor de un hogar, charlar en el living, cenar juntos sin teles ni pantallas, y compartir charlas y vivencias cotidianas."

Las discusiones acerca de si es conveniente o no para la pareja tener la televisión en el dormitorio parece prehistórica. Es casi como plantear el dilema ochentoso de si es bueno o no la Coca-Cola en la mesa de los argentinos. O sea, la invasión de pantallas es una realidad y combatirlas puede resultar heroico para algunos, pero también innecesario para otros. La aceptación, la actitud por la que se inclina la mayoría, implica rediseñar o repensar los espacios cotidianos como el dormitorio.

En 2001 se publicó el libro Bobos en el paraíso, un ensayo de David Brooks en el que hace un análisis de los nuevos yuppies, un híbrido de la informalidad de los sesenta y la ambición de los ochenta. Bobos es la conjunción de las palabras francesas: Bourgeois y Bohemians.

Allí, el autor plantea que el amor al lujo es vulgar, mientras que la atención a la necesidad es elegante. Detalla además que para los Bobos es virtuoso, por ejemplo, gastar muchísimo en la heladera o en el horno de la cocina, pero es vulgar gastar lo mismo en un superequipo de música o en un televisor de pantalla panorámica. La cocina, según Brooks, se transformó en los 2000, en el espacio aspiracional de la clase media alta, pero eso empezó a cambiar.

Si Brooks retomara hoy su ensayo notaría que la cocina está perdiendo "atención" en detrimento del dormitorio donde comenzaron a ocurrir más cosas que sólo dormir.

Los espacios de la casa según las décadas

En cada período de la historia, los hogares tuvieron su ambiente predilecto en respuesta a las nuevas conductas

1960
El comedor
La llegada de la televisión a la esfera familiar transformó este lugar en el preferido durante la cena para deleitarse con este nuevo chiche

1970
El living
La vida social intramuros no tenía un espacio propio; aparece el living como un ambiente aspiracional de la época, aunque finalmente se usó poco

1980
El escritorio
El yuppismo de alguna manera se traslada al ámbito privado y surgen los "escritorios" u "oficinas" como ambiente privado en los hogares

1990
Playroom
El espacio de juegos para los chicos y de esparcimiento para algunos adultos tuvo su momento de gloria en los noventa; luego desapareció...

2000
La cocina
Nace en el segmento de la clase media alta la aspiración de mejorar su calidad de vida y este espacio, grande y bien decorado, se impone como cool

2010
El dormitorio
El uso constante de dispositivos tecnológicos en la cama transformó este ambiente en el predilecto para hacer casi todo lo necesario 



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