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Sección: Zona / Página 36
Publicación: Domingo 31 de enero de 2010
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Entrevista a: Daniel Silberfaden, Decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Palermo.
 
"Buenos Aires está colapsada, pero aún así puede seguir creciendo"
 
Hace sesenta años que la capital del país no invierte en serio en nuevas infraestructuras y servicios básicos. Vivimos en una ciudad vieja que, sin embargo, va cambiando en forma acelerada, por capas y de a pedazos.

Hace sesenta años que la ciudad de Buenos Aires no invierte en serio en nuevas infraestructuras y servicios básicos. Vivimos en una ciudad vieja que, sin embargo, va cambiando y modernizándose en forma acelerada, por capas y de a pedazos. Es la primera definición que da Daniel Silberfaden, presidente de la Sociedad Central de Arquitectos (SCA), en una larga conversación sobre los problemas que más afligen a los porteños y sobre cuánto y de qué modo puede crecer esta Ciudad.

"Es recomendable que algunas zonas, las mejor conectadas y comunicadas, se densifiquen con el fin de concentrar vivienda y trabajo con servicios" sostiene. Silberfaden, porteño, casado y con dos hijos, es además decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Palermo, de la cual fue fundador. Arquitecto con premios nacionales e internacionales por su obra y proyectos, curador por Argentina en las bienales de Venecia, Londres, San Pablo y Barcelona, profesor invitado a Washington University St. Louis, Universidad Politécnica de Cataluña, Universidad Internacional de Cataluña, Universidad Piloto de Bogotá, Universidad Menéndez Pelayo de Valencia, es autor del libro Trazos primarios y director de las revistas Arquis y de Arquitectura -SCA.

Nos acostumbramos a vivir Buenos Aires como una ciudad cada vez más caótica, ingobernable, que crece anárquicamente. ¿Es verdaderamente así?
Es así. Y es razonable que sea así. Buenos Aires, como cualquier ciudad del mundo que crece explosivamente, vive notables cambios en su fisonomía y genera necesarios debates sobre el impacto de esos cambios en la calidad de vida de sus habitantes. Y lo que queda claro es que Buenos Aires, a pesar de que desde 1947 a la fecha prácticamente no ha aumentado su población, que gira alrededor de los 3 millones de habitantes (que duermen en la ciudad), sí se ha "inflado" en cuanto a actividad: es una ciudad donde ha crecido mucho el turismo, donde el intercambio comercial es muy fuerte, como el ingreso y egreso vehicular. El transporte de mercaderías y personas es cada vez más intenso y eso genera necesariamente cambios, que no son solamente que hay más vivienda, o edificios más altos, o torres. Son cuestiones que tienen que ver con los servicios, con la circulación vial, con las comunicaciones, con lo que se ve y con lo que no se ve: las comunicaciones, los vectores invisibles que atraviesan la ciudad, y otras cuestiones que tienen que ver con movimientos silenciosos que llevan a tendencias de crecimiento o a veces lo contrario, de "lumpenización" de áreas, producto de estos corrimientos a veces claramente intencionados.

¿Hay algún tipo de planificación detrás de esta transformación urbana?
El gobierno de Macri en particular, a pesar de que ya varios gobiernos lo intentaron, tiene una pulsión a crecer hacia el área sur. Apostó al principio al Parque Central de la ciudad, un desplazamiento del eje político al área sur de la ciudad, el Parque Lineal, en la zona de Parque Patricios, la creación del polo tecnológico en Parque Patricios. La apuesta incluye los edificios gubernamentales que se planea mudar hacia la zona del futuro Parque Central, donde está el Hospital Borda.

¿Qué opina de ese proyecto?
Es una clara apuesta y una tendencia que, si es creíble, va a incentivar a mucha gente que va a apostar por ese lugar, porque la misma distancia al eje central de la ciudad tiene un cero más de costo. Diez minutos para allá, Libertador, Alcorta, Palermo chico, vale X; los mismos diez minutos para el otro lado valen un cero menos. Entonces, si la gente confía en que esos crecimientos y esas áreas, catalogadas hoy de inseguras, sucias y abandonadas, van a prosperar, eso va a ser claramente beneficioso y va a permitir desconcentrar el centro y el microcentro.

La visión que domina es que se construye o demuele sin que importe mucho lo que hay debajo, las napas subterráneas, o alrededor, el barrio y las necesidades del vecindario.

Lo que seguramente es inmodificable de la ciudad es su conformación. Es una ciudad de manzanas y de calles de 100 metros y calles de 17 metros y más o menos planificada en esos términos, y que ha tenido la virtud de haber resistido bastante bien toda clase de embates. Por supuesto, llega un momento en que esto colapsa. En ese momento hay que tomar decisiones, y lo principal, además del tema de la movilidad, la circulación y el tránsito, que es crítico, es ocuparse de la infraestructura. Buenos Aires, en los años de 1912 a 1940, apostó a infraestructura. Había más infraestructura que ciudad, esto es notable. Nadie apostaba, menos desde el Estado, a construir viviendas. Eran planificadores de primera línea y absolutamente modernos: pensaban que lo primero que hay que preparar es el suelo, para después implantar, edificar. Ahora, prácticamente esa misma infraestructura, que fue pensada hace 60 años, resiste como puede, porque lo que se ha invertido a posteriori es prácticamente todo para reparación. Hay muy poca obra nueva.

¿Está colapsada Buenos Aires?
Hay áreas que están colapsadas y han tenido problemas muy serios de infraestructura, pero Buenos Aires puede seguir creciendo en otras áreas y en otra dirección. Lo que resulta inaudito es que se proyecten edificios u obras sin tener antes un relevamiento de los servicios que deben proveer agua, cloacas, electricidad, movilidad y acceso. O que se establezcan, al contrario, prohibiciones para edificar por no tener en claro si existe la infraestructura de servicios públicos adecuada para estas obras. La ciudad tiene que volver a invertir en infraestructura.

¿Desde el punto de vista urbanístico es bueno que se levanten torres en zonas de casas bajas?
Arquitectos muy reconocidos plantean que la lógica es que se hagan torres y se reemplacen manzanas construidas y la misma cantidad de gente que vive en una manzana pueda vivir en una torre. No es sólo un tema del negocio inmobiliario. Esto da mayor cantidad de suelo permeable. Uno de los problemas que tenemos hoy es que se fue perdiendo la permeabilidad de la ciudad porque se hormigoneó todo. Entonces la tierra no toma agua y la tiene que tomar un sistema de alcantarillas que muchas veces no alcanza y eso produce que la ciudad se inunde. Entonces, pensado en términos prácticos, tenemos 600 habitantes en una manzana, los ponemos en una torre, con un perímetro libre y pasto.

¿Es una buena idea entonces?
Es una idea, creo yo, para una ciudad pensada desde cero, pero indudablemente no es una buena idea en una ciudad que ya existe. Eso nos mete en otro gran tema de discusión, como es el patrimonio, que no es solamente el edificio individual de gran valor histórico y gran valor arquitectónico, sino que ha creado una escala de ciudad, una altura de ciudad. Y ese microclima y ese ambiente de la ciudad es algo que debemos respetar. Por eso, cuando se hacen torres, deberían tener claramente un criterio que mantenga y sostenga esta relación con la calle y con el barrio.

¿Encuentra alguna relación entre el crecimiento de Puerto Madero y el de la Villa 31 de Retiro, además de su cercanía?
Ocupan una franja similar de la ciudad, la zona norte; una tiene sesenta años de existencia y la otra tiene quince, veinte años de existencia; una es producto de la planificación más dura de los 90 y la otra es producto justamente de lo contrario, de la falta de planificación. Son dos formas de crecimiento urbano. Y son dos culturas que hay que respetar.

¿Hay relación causal entre ellas?
Yo creo que son producto de lo mismo, de una ciudad que crece sin planificación alguna, por enclaves y entre las fisuras. Las disparidades económicas generan esos quiebres. La villa 31 nace en la fisura de un territorio de infraestructura, por un lado, de jurisprudencias cruzadas -Nación y Ciudad- y en el medio aparece la oportunidad de instalarse. El origen de la villa 31 tiene que ver con la llegada inmediata: "llego a Buenos Aires, no sé dónde instalarme, me instalo acá". Es una fisura casi brutal

¿Hay algún contraejemplo de cómo crecer suturando esas fisuras?
Sí, hay un fenómeno urbano muy interesante que se está dando en las grandes ciudades, y también ahora en Buenos Aires, que es el de las universidades que descentralizan su actividad y empiezan a colonizar un área de la ciudad. Generan alrededor toda una industria que tiene que ver con el café, con la librería, con miles de pibes en la calle, desde las 8 de la mañana hasta las 12 de la noche. Eso da actividad, potencial económico, seguridad, porque empiezan a ser cuadras más iluminadas, con negocios abiertos. Cuando eso desaparece, cuando se va perdiendo esa circulación, la ciudad empieza a ser más insegura, a decaer patrimonialmente y la gente empieza a retirarse. El fenómeno es reversible. Buenos Aires está teniendo esa posibilidad, aunque nuestra economía de espasmos y la falta de criterios de planificación urbana que trasciendan a los cambios de gobierno no facilitan que perdure una orientación definida.
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