Los hijos en vacaciones

Eleonora Giusti, psicóloga, terapeuta familiar y profesora UP, habla sobre niñez y la gestión de las emociones.



Las rutinas y la gestión de las emociones son algo que los niños necesitan para sentirse seguros, tranquilos y felices, lo cual les facilitará su proceso de desarrollo evolutivo físico, intelectual y emocional. Las vacaciones son un buen tiempo disponible para desarrollarlas. Se acercan las vacaciones de invierno y con ellas el tan ansiado descanso. Es momento de aflojar el ritmo diario de las clases en los meses fríos del año. Para algunas familias, si el presupuesto lo permite, son momentos para planear un viaje, visitar abuelos y familiares que viven lejos, organizar programas y paseos, etc. Para otras en cambio, estas actividades se ven limitadas por la necesidad de continuar con las rutinas laborales de uno o ambos padres. En cualquiera de los casos, este recreo de mitad de año ofrece una oportunidad para pasar tiempo juntos, descansar y relajarse.

Sin embargo, tener a los niños de vacaciones algunas veces se convierte en una de las tareas más agotadoras. Establecer un balanceado equilibrio entre las expectativas y la sobre exigencia parecen ser la clave para poder disfrutar y evitar transformar las vacaciones en una fuente de tensión y estrés familiar. Este tiempo de relax suele ser para los padres un nuevo desafío. El de aprender a lidiar con lo que llamo el 'retorno de lo delegado''. Todo lo que estuvo contenido por la escuela, retorna. Algunos padres suelen hacer enormes esfuerzos para pasar 'tiempo especial'' con los chicos en vacaciones. La presión de sentir que una buena madre 'debería'' tener la necesidad de pasar el mayor tiempo con los chicos es aún mayor para las mujeres.

Estos condicionamientos culturales operan a modo de creencias subyacentes que conspiran contra el relax. Esta sobre exigencia se transforma en sobre adaptación, y esta a su vez en tensiones encubiertas que terminan convirtiéndose en un generador de estrés tanto para los padres como para el niño. En todo caso, el comienzo de las vacaciones es un buen momento para incorporar modos más auténticos y creativos de reorganizar el tiempo libre de vida familiar.

Dos cuestiones parecen centrales a la hora afrontar este desafío. El primero es ¿Cómo atravesar este periodo con la menor cantidad de conflictos; segundo ¿Cómo manejar la culpa que experimentan especialmente las madres, cuando secretamente cuentan los días para que comiencen las clases nuevamente?

1-Reducir la aparición de conflictos: Tenemos que ayudarlos a ir adaptándolos progresivamente para el relax. Es importante recordar que las rutinas diarias les daban tranquilidad y bienestar, por lo que el cambio no debe enfocarse como una nueva obligación a cumplir, sino que debemos hacer partícipe al niño del proceso, explicándole y adelantándole lo que va a suceder. Mantener ciertas actividades y rutinas simples, como mirar películas, organizar entretenimientos y programas diarios le permitirá mantener regulados los ritmos de sueño y apetito. Mantener las reglas a través del juego.

Es importante tener en cuenta que, si bien los horarios serán más flexibles, también será necesario crear el nuevo ritual tanto de irse a la cama como de comer. Si no, simplemente le iremos adelantando al niño los cambios que van a darse, explicándole el por qué e involucrándole como protagonista del proceso.

2- Gestionar las emociones: Expectativas y frustración. A la hora de manejar el tiempo libre pueden surgir inquietudes o miedos. ¿Con quién hacer programas?, ¿Qué puedo hacer si me aburro?, ¿Qué amigos aceptaran o rechazan la invitación? Prestar atención a la incertidumbre que esto genera y acompañar al niño en la gestión de sus emociones, ayudándolo a buscar caminos para resolver la situación sin caer en la sobreprotección. Guiarlos para adquirir modos de pensar optimistas y positivos respecto a las situaciones difíciles que vayan encontrando, transmitiéndoles seguridad y confianza en sus capacidades. Esto ayudará a desarrollar los estilos de afrontamiento que el niño va a utilizar de forma habitual a lo largo de su vida. Cuidar el tiempo personal Recordemos que los chicos aman las vacaciones. No porque los llevamos a Disney o a su lugar idealizado, sino por algo más enriquecedor. Usualmente, en vacaciones, los padres se encuentran más disponibles, divertidos y emocionalmente accesibles.

Para mantener este estado positivo de bienestar tenemos que ser realistas y aceptar que aun en vacaciones los padres necesitan tiempo y cuidado personal. Una agenda tiempo completo y una billetera inagotable no los hace más felices. Una actitud honesta con uno mismo y conciencia sobre aquello que nos permite mantenernos positivos, relajados y en calma, son el mejor regalo para los hijos en vacaciones.



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