Admisiones universitarias en el Siglo XXI

  • Descripción del libro
  • Sobre el autor
  • Presentación en la UP

El libro analiza en detalle el sistema de admisión de las universidades norteamericanas con una mirada crítica sobre las modalidades que se utilizan para dicha admisión, haciendo especial énfasis en los tests estandarizados. Según el autor, estos tests son incompletos porque miden solamente las capacidades analíticas o de memoria, elementos insuficientes para definir el éxito en una carrera universitaria. Como contrapartida, expone su teoría de la inteligencia exitosa que propone que hay que medir tres tipos de capacidades: las analíticas, las prácticas y las creativas.

Robert Sternberg
Ex Presidente de la American Psychological Association.

Psicólogo especialista en el estudio de la inteligencia. Estudió y fue profesor en Yale y presidió la Asociación Psicológica de Estados Unidos. Fue decano de la School of Arts and Sciences en Tufts University, donde aplicó varios de los proyectos sobre admisión en las universidades. Actualmente es jefe de estudios, vicepresidente y profesor de psicología en la Universidad Estatal de Oklahoma.

En el marco del ciclo de presentaciones de la Colección de Educación Superior que edita la UP, dos especialistas locales, Silvia Bernatené (UNSAM) y Mónica Varela (ITBA), participaron de la presentación del libro Admisiones Universitarias en el siglo XXI de Robert Sternberg. Con la coordinación de Raquel San Martín, las invitadas debatieron sobre el sistema de admisiones universitarias en Argentina y su vinculación con el desempeño académico y la formación profesional de los jóvenes que ingresan a la universidad.

¿Qué opinan de la propuesta del autor y cuáles serían sus resonancias en la escena local?

Mónica Varela:
Los departamentos de admisiones de las universidades, en general, no buscan conocer a los jóvenes más allá del examen de ingreso. Desde mi tarea, al frente del departamento de ingreso del ITBA, trato de buscar las potencialidades de estos chicos, para que sean algo más que un número o el resultado de un examen.

Silvia Bernatené:
Hay dos problemas latentes, a mi juicio, que son un punto de comparación entre el sistema universitario estadounidense y el argentino. El primero es el de la inversión de problemas: cuestiones de tipo social, institucional o pedagógico se invierten y se traducen en una lógica de examen, como si los problemas de admisión tuvieran que resolverse con cuestiones técnicas o pruebas mejor aplicadas. Además hay un anhelo en común que es el de la articulación y el de la integralidad de las propuestas de admisión. Tal vez lo que tenemos que empezar a cuestionarnos es la rigidez de las estructuras que pensamos articular y, a partir de allí, poner en tensión los sistemas de admisión.

¿Cómo describirían el sistema de admisión en cada una de las instituciones: la Universidad Nacional de San Martín y el ITBA?

Silvia Bernatené:
La Universidad Nacional de San Martín tiene un curso de preparación universitaria (CPU) que es obligatorio para todo aquél que aspire a ingresar a una carrera y dura entre seis semanas y un cuatrimestre, dependiendo de la unidad académica y la carrera. Para poder ingresar a la facultad es necesario aprobar este curso. Pero al margen de la aprobación, su finalidad es alcanzar una inmersión en la vida universitaria. Tiene un dispositivo -en planteo de horas y materias- acorde a cada una de las carreras y está descentralizado, es decir, cada unidad académica tiene a su cargo la gestión del ingreso.

Mónica Varela:
Los alumnos pueden optar por rendir exámenes libres, pero la mayoría prefiere ir a lo seguro y tomar algunos de nuestros cursos de ingreso. Hay cursos de un mes, de un cuatrimestre y un año, en función de la formación previa del ingresante. Para decidir qué curso tomará, el alumno tiene que pasar por una entrevista de admisión en la que se analiza el colegio de origen, su formación en ciencias básicas, si ha rendido exámenes internacionales. Esta entrevista es vital para asesorar al alumno y ayudarlo a tomar la mejor decisión y porque si después ocurren cosas que no esperaba, es importante que sepa que no tiene nada que ver con sus capacidades. Actualmente no existe un cupo; los que aprueban, entran a la universidad.

¿Hasta qué punto creen que se puede anticipar el desempeño académico que va a tener un estudiante en su carrera en el momento de la admisión?

Silvia Bernatené:
Es parcial porque es a través de evaluaciones. Se debe evaluar no sólo al estudiante sino también al desarrollo de la propuesta. Si se pone la mirada sólo en el alumno, se obtiene una visión limitada. Es todo un desafío porque hay que enfrentar el tema de la deserción, de la demora en la culminación de los estudios, que es una problemática asociada al ingreso.

Mónica Varela:
En general, tener cursos de ingreso extensos nos permite tener un conocimiento del alumno más allá de la nota formal de un examen de ingreso. Existe una alta correlación entre el futuro desempeño de grado de un alumno que obtuvo muy buenos resultados en sus exámenes de ingreso, pero no es determinante ni es garantía de que habrá éxito profesional. Por lo tanto, sólo el resultado de un examen de ingreso, no determina nada.

El autor postula en el libro que los procesos habituales de admisión en las universidades norteamericanas miden algunas habilidades importantes para el desempeño en la vida universitaria, pero no para la vida laboral. ¿Eso pasa, también, en las universidades argentinas?

Silvia Bernatené:
Hay que ver cuál es la propuesta formativa de cada universidad. Aún en iguales carreras en distintas universidades las propuestas ofrecen trayectos formativos diferentes y competencias para el futuro también distintas. Desde pasantías a posibilidades de integrar tempranamente equipos de investigación generan una iniciación al futuro profesional que va más allá de lo que se pueda pensar en un sistema de admisión.

Mónica Varela:
El sistema de ingreso de nuestra universidad no se preocupa por la futura inserción laboral de los jóvenes. La universidad garantiza, eso sí, que la formación de grado va a lograr este enlace entre la academia y el mundo laboral. Además, tratamos desde nuestro departamento de desarrollo profesional de formar en ellos la conciencia de hombres y mujeres que buscan trabajar por el bien común de la sociedad en la que viven. El día en que nuestros profesionales egresan sabemos que estamos entregando a la sociedad profesionales que están preparados para insertarse.

Otro de los argumentos centrales en la edición es que las habilidades que se valoraron en el ingreso después no se retoman en la enseñanza universitaria ¿Cómo hacen sus universidades para tratar de acercar el área de admisión al área de grado en el aula?

Silvia Bernatené:
La UNSAM tiene el ingreso descentralizado, cada unidad académica organiza su ingreso, y esto constituye en sí una fortaleza. Porque en ese ingreso trabajan los mismos profesores que luego los van a recibir en los años posteriores. Hay una búsqueda permanente de articulación y coherencia entre la admisión y la enseñanza. Además, cuanto más cerca están universidad y escuela secundaria pareciera que es mejor el diálogo y mejor se capitalizan los resultados. En la UNSAM se realizan experiencias de vinculación con escuelas secundarias, sobre todo experiencias de trabajo con los contenidos.

Mónica Varela:
En el caso del ITBA, los profesores que dictan las materias de ingreso son los mismos del grado y, en muchos casos, del posgrado. Lo que nos preocupa es la escuela secundaria. Desde el departamento de ingreso hacemos, tanto en Buenos Aires como en el interior del país, clínicas de actualización docente, que apuntan a compartir experiencias en el aula. Se trata de aportar nuestro granito de arena para intentar compensar ese quiebre que se produce entre la finalización de la escuela secundaria y el ingreso a la universidad.

¿Qué influencias creen que tiene el entorno socioeconómico y familiar de un estudiante en su ingreso y en su desempeño posterior?

Mónica Varela:
Tienen un impacto claro y congruente, no solamente en los estudiantes universitarios sino sobre cualquier chico escolarizado. Si uno ve la escuela hoy, se observa un mensaje muy contradictorio. Por un lado se declama la búsqueda de la excelencia y la valoración de la educación como el puente hacia mejores posibilidades y por otro lado se ha instalado un sistema sumamente facilista que parece decir todo lo contrario. Las familias tienen un peso muy fuerte para poder acompañar a sus hijos desde este mensaje. Y las posibilidades económicas, por supuesto, abren otras oportunidades. Lamentablemente, desde las diferentes posibilidades socioeconómicas la brecha es cada vez más grande.

Silvia Bernatené:
Son condicionantes, pero no determinantes. Claramente la constitución del capital cultural y la trayectoria educativa de los sujetos tienen influencia sobre el recorrido que puede hacer un alumno en una universidad. Pero no son determinantes, en tanto todo sujeto puede aprender no sólo desde la mirada individual sino desde la mirada social. Si fuesen determinantes no habría posibilidad de pensar en la movilidad social.

¿Hay un seguimiento especial desde lo académico para estos chicos?

Silvia Bernatené:
Hay sistemas de tutorías en las unidades académicas, está el programa nacional de becas y las que provienen del sistema universitario. Pero no hay una discriminación, todas las unidades académicas tienen sistemas de acompañamiento y todos los alumnos tienen un seguimiento del rendimiento académico en general.

¿Cuáles son las expectativas de salida laboral post universitaria?

Mónica Varela:
Siempre les digo a los jóvenes que tienen que poder pensarse y visualizarse como futuros profesionales. En nuestro país hay situaciones complejas de marginalidad y de pobreza extrema. Trabajamos con empresas que, afortunadamente, ven en la educación un lugar dónde canalizar sus esfuerzos y nos acompañan con programas de becas. Hay situaciones en las que los chicos pueden obtener una beca de la universidad o de una empresa, pero las familias no tienen posibilidades de mandar a ese chico a estudiar a Buenos Aires y en esos casos trabajamos con mucha pasión y dedicación.

Silvia Bernatené:
Actualmente, la Universidad de San Martín participa activamente de la vida social de las comunidades, en escuelas y organizaciones sociales que trabajan en los barrios, en función de las necesidades que detectamos. La UNSAM está instalada en la zona de Reconquista, dónde está el CEAMSE. La gente allí vive sobre la basura y la presencia de la universidad genera en los jóvenes expectativas de que un futuro es posible. Pero esto no se logra contándoles cómo es la oferta académica, sino resolviendo otro tipo de situaciones: ofreciendo becas, teniendo diálogo con la escuela y pensando que la posibilidad de la universidad pública es una responsabilidad de las universidades.



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