De la Educación Popular

El proyecto educativo argentino, apuntes para la construcción de una nación
  • Descripción del libro
  • Sobre el autor
  • Presentación en la UP

Este libro de Domingo Faustino Sarmiento, escrito en 1848, es, según su autor, un texto con tinte político que reúne recuerdos y memorias de su juventud, de su gestión en San Juan y que otorga un gran espacio a la transcripción de normativas, regulaciones escolares e innovaciones pedagógicas siguiendo el modelo de las escuelas de Estados Unidos y Europa.

Domingo Faustino Sarmiento escribió el libro “De la educación popular” en el año 1848 al regresar de un viaje por Estados Unidos y Europa que había realizado por encargo del gobierno chileno –en particular del ministro de Educación Pública de ese país–, entonces interesado en obtener información sobre la educación escolar, financiamiento y métodos pedagógicos en uso en aquellos países antes de encarar la legislación correspondiente en Chile. Este texto posee un tinte político, recuerdos y memorias de su juventud, de su gestión en San Juan y un gran espacio destinado a la transcripción de normativas y regulaciones escolares, pero también a las innovaciones pedagógicas de alcance mundial en aquel entonces. Sarmiento constituye un sistema completo de educación popular comenzando por las llamadas cunas, las salas de asilos y la escuela primaria. Se trata de un sistema que ofrece formación tanto en materia de conocimientos como de moral y ciudadanía. Este libro contiene el espíritu de nuestro sistema educativo. Sarmiento considera que la instrucción debe cumplir con cuatro características para impartir una buena enseñanza: el espacio físico –remite a precisiones tales como cuánto debe medir un aula, cuál es la superficie que tiene que tener y cómo debe ventilarse–, el material completo, la formación de los docentes y un sistema general de enseñanza y métodos particulares para cada área.

Domingo Faustino Sarmiento
Presidente de la Nación Argentina 1868 - 1874

Fue un político, pedagogo, escritor, docente y periodista argentino. Gobernó la Provincia de San Juan entre 1862 y 1864, fue Senador Nacional por la misma provincia entre 1874 y 1879 y Presidente de la Nación Argentina entre 1868 y 1874. Se destacó por su labor en defensa de la educación pública y por su contribución en el progreso científico y cultural del país. En 1947 la Conferencia Interamericana de Educación estableció el 11 de septiembre como el Día Panamericano del Maestro en homenaje a su fallecimiento.

Fabio Wasserman y Gustavo Iaies disertaron en la presentación de la nueva edición del libro “De la educación popular”, de Domingo Faustino Sarmiento. En un recorrido por la vida y obra del autor, los expositores destacaron nociones tales como proyecto educativo, idea de sociedad y progreso, proyección a futuro y pasión en la construcción de una nación.

Fabio Wasserman:
En relación a este texto, es posible tomar tres ejes: las circunstancias en las que publicó el libro (1849), su consideración como una de las obras más importantes que ha escrito y el sentido que tenían sus ideas sobre educación, es decir, de qué estaba hablando Domingo F. Sarmiento al referirse a la “educación popular”. En el año 1845, el ministro de Educación Pública de Chile, Manuel Montt, solicitó a Sarmiento que llevara a cabo un viaje por Estados Unidos y Europa para conocer de primera mano sus sistemas educativos. Ese viaje, que también incluyó el norte de África, Montevideo y Brasil, provocó un gran impacto en su producción y en sus ideas. El autor pudo entrar en contacto con numerosas experiencias que conocía sólo a través de las lecturas y eso provocó innovaciones muy fuertes en su pensamiento. En este libro Sarmiento desarrolla cuál debe ser el rol de la educación popular en esos modelos que encuentra deseables, como es el caso de los Estados Unidos. La educación, para Sarmiento, no es un fin en sí mismo. Su preocupación por la educación es genuina y esto puede leerse en sus obras. Hay en él una concepción general de ciudadanía y la educación forma parte de un conjunto más amplio en el marco de esta idea integral. Por eso era necesario que la instrucción formal tuviera objetivos precisos en tres órdenes. Desde un punto de vista cívico-político, debía formar ciudadanos para la república democrática, “ciudadanos letrados” frente a gobiernos que ya no eran monarquías ni de minorías aristocráticas, sino democráticos, que requerían una educación formal al tener en sus manos el destino de la sociedad. Desde una perspectiva económica, debía formar sujetos aptos para el mercado de trabajo y para el consumo, como en el modelo estadounidense, una nación joven y pujante, con sujetos en condiciones de adaptarse a un mercado “capitalista”, con innovaciones técnicas constantes, no ligados a elementos fijos y que fueran capaces de elegir. Por último, objetivos cívico-morales, que era forjar hábitos civilizados. Este entramado debe tener un agente detrás y considera que el Estado debe constituirse en defensor obligado de una educación como derecho y obligación. Para Sarmiento, la educación es el ámbito privilegiado de esa intervención estatal que debe construir nuevos lazos sociales.

Gustavo Iaies:
Considero que este libro es bueno para inspirarse de cara a un proyecto educativo para la Argentina, pero no replicando el modelo propuesto por el autor, sino recuperando su espíritu, la conexión entre educación, desarrollo, progreso, futuro y pasión, algo que este sistema educativo ha perdido. Cuando uno visita las escuelas secundarias, la sensación es que está muerto el deseo de los chicos por aprender y de los profesores por enseñar. No se trata de la idea de Estado del autor, ni del sistema vertical, ni del modelo educativo pedagógico que propone; sino de un sistema educativo que debe tener la frecuencia y ajustar la sintonía con la actual idea de progreso, futuro, desarrollo y ciudadanía. Probablemente sean otras las ideas de Estado y de progreso, pero tiene que ser alguna de ellas y lo que resulta interesante de este libro es cómo se evalúa cuál es el desafío. Nosotros necesitamos construir escuelas creativas e innovadoras y por eso este libro permite recordar que tuvimos un proyecto y pensar que podemos tenerlo nuevamente, que en algún momento tendremos que despegar de la cotidianeidad del presente y del pasado y proyectar hacia un futuro, construir una elite formada, educada y con esta capacidad de proyectar. Tengo la sensación de que este ha pasado a ser un libro más de la biblioteca, y recuperar un proyecto educativo es sacarlo de ese lugar y comprender cuán bueno puede ser tenerlo al alcance, en la mesa de luz o en el escritorio.

¿Qué avances logró concretar Domingo F. Sarmiento durante su presidencia?

Fabio Wasserman:
Desde que asume la presidencia en 1868 –en plena Guerra del Paraguay con la Triple Alianza, con un Estado absolutamente volcado, en lo militar y lo económico, a los recursos destinados a la guerra y con muchas disidencias internas por este motivo– y hasta 1874, su gobierno es muy conflictivo, ya que cuenta con pocos recursos y existen otras prioridades. Al finalizar la guerra hay un brote de cólera, luego la fiebre amarilla en Buenos Aires y, además, una gran deuda. Sin embargo, él logró triplicar la tasa de chicos escolarizados e implementó la intervención del Estado Nacional creando escuelas normales, institutos de nivel superior, el Observatorio en Córdoba, estudios formales en lo militar, la Escuela Naval y la Escuela de Guerra. De esta manera, procura brindar una formalización a todo lo que tenga que ver con la instrucción y avanza mucho, pero con ciertos límites. Resulta apropiado tener en cuenta que estos proyectos llevan muchos años y que algunas medidas que suelen asociarse a Sarmiento fueron posteriores como, por ejemplo, la promulgación de la Ley 1420 que todos creen que él llevó adelante y, en realidad, se hizo bajo la presidencia de Roca. Además, hay un espíritu de época y una dirigencia que tenía una serie de ideas compartidas, lo que dificulta centrarse sólo en la presidencia sarmientina. Hay allí un punto de arranque, ya que impuso como ministro de Educación a quien lo sucedió, Nicolás Avellaneda, alguien también interesado y preocupado por la educación.

¿Eran resistidas las ideas de Sarmiento en cuanto a educación?

Fabio Wasserman:
Basta con imaginar la Sociedad de Beneficencia de 1848, a las señoras de la alta sociedad ocupándose de las niñas pobres y las ideas de Domingo F. Sarmiento frente a eso. También hablamos de fricciones que remiten al control político y a la necesidad de gestión que implican todas esas ideas. Por otra parte, el financiamiento también era un tema complejo, ya que en su programa, quienes deben solventar estas medidas son los que cuentan con mayores ingresos mediante impuestos progresivos que debe manejar la municipalidad en el ámbito local. Todos estos elementos generan fricciones y Domingo Sarmiento podía pelearse con Bartolomé Mitre o con cualquier maestro de escuela sin inconvenientes. Su personalidad era determinante, sus propuestas podían ser interpretadas como provenientes de un loco.

La formación de los docentes era una preocupación central en el autor y está reflejada en este libro. ¿Qué hay de esa impronta sarmientina hoy?

Gustavo Iaies:
La idea de crear un “ejército civil” en educación es muy fuerte, cierta mística docente, del apostolado, pero además, era un movimiento social que iba a ocupar el territorio para civilizarlo. Lo más potente era el relato, un “cuento” de lo que desarrollaría este sistema educativo en el marco del cual él había constituido un cuerpo de “oficiales civilizatorios”. Entonces, esa mística de los maestros normales produjo una impronta enorme que se mantuvo a lo largo del tiempo, cuando llegaron a las poblaciones los señores que venían a traer la civilización a través del progreso. Si bien en la actualidad esta idea puede no ser tan fuerte como en aquel entonces, persiste en el imaginario argentino lo que significa ser un buen maestro: alguien que constituye la civilización y esto emparentado con la construcción de la nación, algo mucho más “grande” que un mero saber técnico. En cuanto al rol del Estado frente a la educación, defenderlo en aquellos años era una pelea política que implicaba correr a la Iglesia de su lugar de principal actor educativo. Domingo Sarmiento era muy polémico. Armó un ejército de mujeres que avanzaban por el territorio instalando esta idea de Estado, de escuela laica, de vinculación con lo científico.



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