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Estudio sobre el consumo de Psicofármacos
 
  Una encuesta realizada por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Palermo y publicada por el diario Clarín el 17 de junio del 2006, reveló que el 15,5 % de los porteños consume psicofármacos. A simple vista no parece un índice preocupante, pero una comparación con otras ciudades del mundo —sin ir más lejos, San Pablo (10%)— denotan que es alto y que, además, estaría en aumento.
 
 

Por el Dr. Eduardo Leiderman

"Sin dudas es un porcentaje elevado y tiene varias explicaciones. Es posible que los porteños, por la propia influencia sociocultural, recurran rápidamente a ellos ante un síntoma de trastorno mental o signo de angustia. A su vez, dada la aceptabilidad social que tiene ese consumo, no les da vergüenza reconocerlo, como fue nuestro caso al preguntárselo a 1.777 transeúntes de la Ciudad de Buenos Aires", comentó Eduardo Leiderman, psiquiatra que condujo el estudio.

La comparación con otros países es inevitable para saber en qué marco, según una proyección estimativa, una de cada seis personas en la ciudad consumen ese tipo de fármacos. Así se ve que en Canadá no supera el 7% y que en Francia llega al 9,1% o que los Estados Unidos sobrepasa apenas el 5%. Otros datos del estudio permiten observar más indicadores llamativos:

-El 84,3% de quienes los consumen, toma tranquilizantes.
-El 80% sólo toma un psicofármaco, el 19%, 2 y el 1% tres o más por día.
-El 78% dijo que recurría a ellos porque les resultaba indispensable para sentirse bien.
-Las mujeres los consumieron o consumen más que los hombres: 32,4% contra un 25,7%.
-Aquellos que tienen formación universitaria o terciaria tienden a tomarlos más.
-El 41,8% reconoció que los usa para poder dormir; el 33,6 para disminuir su ansiedad y el 17,5 para tratar su depresión. El resto por estos motivos: tratamiento de trastorno bipolar, trastorno de déficit de atención, trastorno obsesivo-compulsivo y asociados o "diversión", entre otros.
-Al 69,4% se los prescribió un médico. Al 30,6 restante, un profesional no médico, un farmacéutico, un familiar o un conocido. Se automedica.
-Los médicos que los recomendaron eran psiquiatras (50%), clínicos (36%), neurólogos (5,3%) y cardiólogos, 2,8%.
-El 59 por ciento dijo que no podía dejar de tomarlos.

Con este panorama, las explicaciones para entender el fenómeno apuntan en direcciones distintas. "Cualquier persona que realice un análisis o una encuesta en un centro de atención ambulatoria en nuestro país podrá identificar personas que utilizan ansiolíticos en forma crónica y que van pidiendo una y otra vez las recetas y que los puede llegar a usar por más de 15 años para solucionar conflictos de la vida o para patear sus problemas para adelante", comenta Mabel Valsecia, profesora de Farmacología y quien preside actualmente el Grupo Argentino para el Uso Racional de Medicamentos (Gapurmed), una ONG que desde hace 15 años estudia el tema.

Claro que no siempre que uno esté tomando un psicofármaco estará haciendo un uso indebido o abuso. Los psicofármacos existen para tratar determinados trastornos, pero en todos los casos su prescripción debe estar a cargo de un médico. Lo perjudicial es tomarlos sin prescripción médica o pensar que pueden servir para otras cosas más que para un simple tratamiento. El abuso podría desencadenar, entre otros problemas, trastornos de atención y en la comprensión intelectual.
"Desde hace unos años existe una especie de reconceptualización de algunos trastornos afectivos y según esas nuevas indicaciones, la timidez —por ejemplo— pasó a convertirse en una fobia. Algunas personas tienen la idea equivocada de que con algún psicofármaco podrían vencer la timidez o solucionar su disconfort o descontento", agregó Valsecia.
"El abuso de psicofármacos es un fenómeno mundial y está en aumento. Se relaciona con la incidencia de la depresión y la ansiedad, que también crecen", reflexionó Facundo Manes, director del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro y de INECO. Un colega suyo, Marcelo Cetkovich-Bakmas, jefe de Psiquiatría de INECO, comulga con ese pensamiento: "Es cierto que existe una tendencia al abuso de los psicofármacos, especialmente de los tranquilizantes o benzodiazepinas. También es real que los ritmos de la sociedad moderna exigen respuestas rápidas y eso puede generar un aumento en la prescripción", dijo.

Pero hay más explicaciones. "El hombre, para soportar la tensión, necesita echar mano de recursos de alivio que lo ayuden a dormir mejor, tolerar esfuerzos y frustraciones", sentenció Oscar Carrión, presidente del Fobia Club. Parece que de la necesidad al abuso hay un paso. Uno muy corto.
 
     
     
 
 
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