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Revista del Instituto de Defensa Legal
Nota Principal
Autor: Eduardo Bertoni, docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Palermo.
Una sentencia parteaguas
Siempre se dijo que la sentencia sobre Fujimori marcaría un antes y un después. El autor plantea varias de las principales razones que justifican este parteaguas.

El año pasado asistí como observador internacional a algunas audiencias del juicio contra el ex presidente Alberto Fujimori. Al igual que otros colegas, tuve la oportunidad de conocer a los integrantes de la sala penal que lo juzgaba, quienes se mostraron muy abiertos a explicar o aclarar cuestiones vinculadas al proceso.

Como concluimos en un breve informe que publicamos en DPLF al término de nuestra misión de observación, el juicio respetaba principios y estándares internacionales sobre transparencia como una garantía básica del debido proceso. Lo prueba el hecho de que la sala facilitó el acceso del público y miembros de la prensa a las audiencias, y que el proceso fuera transmitido directamente por televisión e Internet.

Hace pocos días tuve el privilegio y el honor de estar presente en la sala auxiliar, en el lugar donde se había celebrado todo el juicio, para escuchar la lectura de la sentencia. Fue de esos momentos que uno puede calificar de históricos: por primera vez en América Latina, un ex Presidente extraditado por otro país de la región, elegido democráticamente, comparecía en un juicio sentado en el banquillo de los acusados esperando oír la sentencia por violaciones de los derechos humanos. Estaban también en la sala familiares del imputado, hoy condenado, así como familiares de las víctimas que habían mantenido durante tantos años encendida la llama en su búsqueda de justicia. Cuando se leyó la sentencia, como es natural, las reacciones de ambos lados fueran distintas, pero no hubo incidentes ni provocaciones. Se respetó la majestad de la justicia.

A partir de ese momento comenzamos a tejer y construir argumentos sobre las primeras reacciones ante una sentencia que aún no había sido leída en su totalidad. Me pregunté entonces, como muchos, sobre el porqué de la importancia del juicio y del veredicto al que se había llegado como conclusión del análisis de las pruebas presentadas por uno y otro lado. Me permito al menos cinco respuestas, en una apresurada reflexión que seguramente será ampliada en el futuro.

El juicio y la sentencia son importantes porque demuestran que en América Latina tenemos jueces y fiscales capaces de estar a la altura de las circunstancias. Este juicio fue llevado a cabo, primero, gracias a que jueces chilenos concedieron la extradición luego de un proceso largo y complicado. Después, como todos sabemos, fueron jueces peruanos quienes diseñaron, de acuerdo con la ley vigente en la materia, un juicio digno de ser destacado. En definitiva, los jueces se mantuvieron ajenos a cualquier tipo de presión, lo que me lleva a afirmar que estuvieron a la altura de las circunstancias.

El juicio y la sentencia son importantes porque, siendo esta última una decisión adoptada por un tribunal peruano, le otorga un amplio margen de legitimidad. Desde las atrocidades perpetradas durante la Segunda Guerra Mundial hasta el presente se han llevado a cabo juicios y se han dictado sentencias por graves violaciones de los derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario. La creación de la Corte Penal Internacional mediante el Estatuto de Roma de 1998 fue sin duda un paso histórico, porque era la primera vez que se instituía un tribunal internacional para juzgar hechos ocurridos después de su establecimiento. Hasta ese momento, además, los tribunales habían sido creados por fuerzas vencedoras (como ocurrió en los juicios de Núremberg y Tokio) o por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (casos de tribunales ad-hoc para juzgar las violaciones en la ex Yugoslavia y Ruanda). Aplicando criterios de jurisdicción universal, tribunales nacionales han llevado adelante procesos relevantes para enjuiciar a extranjeros. Es preciso recordar todos estos antecedentes, porque marcan un importante avance en la búsqueda de justicia.

Pero la legitimidad de las decisiones de los tribunales no solo se deriva de su pulcritud e imparcialidad, sino también de la apreciación del colectivo social acerca de que quienes han juzgado y sentenciado son miembros de ese colectivo que conocen la historia de lo ocurrido y que la han vivido en carne propia. Es el caso del juicio a Fujimori: el ex Presidente fue juzgado y condenado por jueces peruanos, no por jueces extranjeros.

El juicio y la sentencia son importantes porque la condena se ha fundado en el Derecho peruano vigente. Los delitos que se imputan a mandatarios o jefes de tropa revisten, en general, problemas de dogmática penal que deben ser analizados y explicados cuidadosamente a la luz del Derecho vigente. Por supuesto, entiendo por Derecho vigente también el Derecho Internacional, que contribuye muchas veces en la interpretación de las normas nacionales. El juicio que condenó a los integrantes de las juntas militares argentinas por las atrocidades cometidas durante sus gobiernos ha sido largamente comentado. Y aunque no es objeto de esta nota hacerlo nuevamente, sí me interesa remarcar un aspecto: los jueces se encontraron ante un caso en el que los jefes militares argentinos no habían “estado presentes” cuando se cometieron los hechos que se tuvieron por probados. Por eso, debieron justificar la responsabilidad penal de los sometidos a juicio, cosa que hicieron interpretando los conceptos de autoría y participación que derivaban de la legislación imperante en el momento en que se perpetraron los hechos. Los jueces de la sala penal que condenó a Fujimori han actuado de manera similar, de modo que el ex Presidente ha sido sentenciado de acuerdo con la normativa peruana vigente.

El juicio y la sentencia son importantes porque demuestran que las víctimas pueden alcanzar la justicia en sus propios países. Sea para juzgar a individuos, sea para someter a juicio a estados, el recurso a los tribunales internacionales debe ser una última herramienta. Aunque su utilización ha demostrado ser útil para hacer justicia en casos de violaciones de derechos humanos, obedece más bien a una lógica de complementariedad: los tribunales internacionales deben actuar allí donde las jurisdicciones locales no funcionan. Sería muy problemático tener por regla acudir a ellos y dejar como excepción el juzgamiento en los tribunales locales. Debemos ser custodios de una estrategia y una lógica inversas, porque de lo contrario los tribunales internacionales colapsarían irremediablemente. Por ello, el juicio y la sentencia a Fujimori son un ejemplo de cómo quienes han impulsado el proceso confiaron en sus propios tribunales en todo momento, y el resultado está a la vista: es posible condenar a un ex Presidente otrora todopoderoso en juicios celebrados en la jurisdicción donde ocurrieron los hechos.

El juicio y la sentencia son importantes, finalmente, porque representan un llamado de atención para quienes ejercen el poder, sea en el Perú o en otros países. Fujimori tuvo durante su presidencia un enorme poder. Incluso, sería obtuso negarlo, sus políticas lograron —y logran aún— alguna aceptación por parte de la sociedad peruana. Sin embargo, ni su poder ni la aceptación de sus políticas fueron gravitantes a la hora de analizar hechos criminales por los que se lo consideraba responsable. El juicio no fue a sus políticas; no fue un juicio político, como algunos ahora tratan de presentarlo. La sala penal juzgó a un ex Presidente por delitos perpetrados contra las personas, y de la máxima gravedad. Quienes tienen hoy el poder en nuestra región saben, a partir de la condena a Fujimori, que podrían ser sentenciados con penas de la máxima gravedad si violan la ley. Y saben que las víctimas y sus familiares no cesarán en su búsqueda de justicia en el marco del Estado de Derecho, como ha quedado demostrado con esta condena.

En definitiva, parafraseando a la secretaria de la sala que de manera brillante leyó gran parte de la sentencia: ¿Está hoy probado que, tarde o temprano, los todopoderosos pueden ser juzgados con las máximas garantías por los propios tribunales que otrora manipularon? SÍ, LO ESTÁ.

 

 

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