Seguridad Jurídica y progreso

Opinión de Diego Hernán Armesto, profesor de Derechos Humanos en la Facultad de Derecho UP.



La Argentina está en un proceso de cambio, pero para que se cristalice es necesario dar certeza a los capitales externos e internos, dependiendo todo de las reglas claras que permitan mejorar al conjunto de la sociedad, donde exista un marco normativo en el que el hombre pueda desarrollar toda su capacidad creativa, con un sólo fundamento: la libertad, condición fundamental para el desarrollo y el crecimiento individual y colectivo.

Después de muchos años de políticas erráticas y desacertadas, debemos poner todo el empeño en construir un Estado que fije las políticas básicas, cree el marco legal y establezca estímulos para que la iniciativa privada promueva emprendimientos que satisfagan las necesidades sociales, esto es, trabajo y progreso genuino para todos los argentinos. Para ello, es fundamental garantizar la seguridad jurídica, porque la seguridad jurídica no debe ser una palabra al azar o un concepto descartable, por el contrario, es el motor del progreso material y humano. Los países más avanzados lo son porque se desenvuelven al amparo de la ley. No se trata de garantizarle a nadie una ganancia, sino de fijar reglas claras, que no serán modificadas constantemente por caprichos circunstanciales.

La cumbre sobre inversiones llevada a cabo en Buenos Aires fue un escenario ideal para entender que las inversiones pueden y deben transformarse en la infraestructura que el país necesita: más rutas, mejores puertos, mayor fluidez del comercio marítimo, terrestre y aéreo, ferrocarriles modernos, caminos seguros, más fábricas, más escuelas, hospitales y mayor despliegue tecnológico, que serán las herramientas de progreso de la república y que permitirán una mejor y mayor calidad de vida a su habitantes.

Juan B. Alberdi decía: "Bajo cualquiera de estas formas o transformaciones que se consideren los capitales en la Confederación Argentina, ellos constituyen la vida, el progreso y la civilización material de ese país". El prócer tucumano reafirmaba así el ideal de que la Constitución tiene un papel fundamental en el ordenamiento de la economía argentina.

Nuestra Carta Fundamental, dentro de las facultades del Congreso, en el artículo 75, incisos 18 y 19, establece: "Proveer lo conducente a la prosperidad del país, al adelanto y bienestar de todas las provincias, y al progreso de la ilustración, dictando planes de instrucción general y universitaria, y promoviendo la industria, la inmigración, la construcción de ferrocarriles y canales navegables, la colonización de tierras de propiedad nacional, la introducción y el establecimiento de nuevas industrias, la importación de capitales extranjeros y la exploración de los ríos interiores, por leyes protectoras de estos fines y por concesiones temporales de privilegios y recompensas de estímulo. […] Proveer lo conducente al desarrollo humano, al progreso económico con justicia social, a la productividad de la economía nacional, a la generación de empleo, a la formación profesional de los trabajadores, a la defensa del valor de la moneda, a la investigación y al desarrollo científico y tecnológico, su difusión y aprovechamiento".  

La Constitución es nuestra carta de navegación como sociedad, por lo tanto, resulta lamentable y contradictorio que a lo largo de tantos años todavía hoy estemos discutiendo sobre la seguridad jurídica, por cuanto la libertad, la seguridad, la igualdad están asegurados en nuestro texto fundacional. Todos deberían saber que las inversiones tienen las libertades aseguradas; para la propiedad privada resulta fundamental su protección, es por ello que este cambio necesita ser una política de Estado, que está definida en nuestra ley fundamental.

El desarrollo económico y humano, el trabajo, la educación, la igualdad de oportunidades, la participación y el progreso, son los valores que debemos impulsar para volver a ser una nación con dignidad y prosperidad. Pero ninguno de esos valores se alcanzará fuera del respeto estricto de la Constitución.

Estoy convencido de que hay un mañana mejor, para nosotros y nuestros hijos, si volvemos a la cultura del trabajo y de la ley, si el Estado hace su parte y los particulares pueden desarrollar su creatividad sin temor. Sostener lo contrario, esto es, una sociedad pobre, sin progreso ni educación, es tal vez el objetivo de algunos, y a ese objetivo debemos responderle con las palabras dichas en la sesión de clausura del Congreso General Constituyente, en 1854: "Los hombres se dignifican postrándose ante la ley, porque así se libran de arrodillarse ante los tiranos". 

Por Diego Hernán Armesto (@diegoarmesto)
Abogado. Docente de grado y posgrado en Derecho Constitucional (UBA) y Derechos Humanos (UP).



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