¿El precio contado es transparente?

Juan Manuel Lavignolle, coordinador de la carrera de Contador Público, explica cómo funciona el régimen de transparencia de precios.



Por Juan Manuel Lavignolle

Ni bien entró en vigencia, el régimen de transparencia de precios generó críticas de toda índole respecto a situaciones que podrían darse en su aplicación.

Hasta el 31 de enero pasado, comprar al contado o en cuotas suponía el mismo precio. Por supuesto que en un contexto de inflación y de baja del salario real la decisión casi obligada del consumidor era comprar en cuotas. ¿Pero cómo puede explicarse que no hubiera diferenciación de precios entre las opciones de pago? ¿Era real que no había diferencia de valores? ¿O sólo era una ilusión óptica y había un redituable negocio financiero? Claramente la respuesta es "sí": el negocio financiero existía pero no era tangible para los ojos de los consumidores.

¿Qué cambió con el plan Precios Transparentes? Se eliminaron las cuotas sin interés y los comercios deben discriminar (¿transparentar?) el precio de contado del precio de financiación.

¿Qué debemos entender por precio de contado? Es el valor de compra que se realiza en efectivo, con tarjeta de débito o con tarjeta de crédito en un único pago. Vale la pena la aclaración, porque aunque desde el punto de vista del comercio los márgenes son diferentes, para el consumidor con cualquiera de estas tres opciones de pago el valor del bien o del servicio a comprar debería ser el mismo, aunque sabemos que en muchos negocios existía la opción "con efectivo te hago un diez de descuento".

En principio, podrá controlarse a los grandes comercios (es más complejo en pequeños, donde antes habría que resolver cuestiones de formalidad y cuyo manejo de precios es significativamente más limitado). De hecho, está previsto que las entidades bancarias, financieras y las tarjetas de crédito sean responsables del cumplimento de la exhibición de precios cuando realicen o participen en las acciones publicitarias de productos o servicios ofrecidos en cuotas.

Ahora, ¿cuál será el precio de base contado para empezar a controlar? Seguramente algunos empresarios, asumiendo la capacidad de anticipación digna de los mejores marcadores centrales de la historia del fútbol, ya han acomodado el precio contado para al menos mantener y, por qué no, incrementar los márgenes actuales.

Con medidas de este estilo es difícil que todos los actores involucrados resulten beneficiados. El principal argumento de su implementación es repuntar el consumo con un papel activo del Estado controlando la transparencia de precios y sancionando a quienes no lo respeten. Esto, en teoría, promoverá que haya competencia entre los comercios y así bajen los precios. Si es eficiente, el objetivo se puede llegar a conseguir, pero anticipamos que este partido el consumidor ya lo empieza perdiendo uno a cero, confiamos que en los 89 minutos que restan se pueda emparejar y termine en un digno empate.

Hasta ahora, los números relevados han demostrado que los precios de los productos de pago al contado han bajado en márgenes muy reducidos, lo cual llama la atención dado que el costo incorporado por la financiación era mayor. Con respecto al precio financiado en cuotas, si bien depende del tipo de producto, se han relevado subas del 15% promedio respecto al precio anterior a la medida. Desde este punto de vista, ni los grandes comerciantes ni el sector financiero resultarían perjudicados.

Parece apresurado pensar en una reactivación del consumo en el corto plazo frente a una medida de este estilo, que en sus primeros días de vigencia no ha demostrado una baja sustancial en los precios al contado y ha remarcado fuertemente el precio financiado en cuotas.

La implementación del plan Precios Transparentes es compleja en un país con altos niveles de inflación y de informalidad. Si bien hay que estar atentos respecto de lo que suceda con la medida, no debería ser el centro de análisis al menos en lo que a variación de los niveles de consumo se refiere. Debería tenerse en cuenta junto con otras medidas anunciadas con impacto en el consumo, como el aumento de tarifas de luz, nafta, peajes y prepagas, sin olvidarnos de que arrancó la temporada fuerte de paritarias.

Como siempre, la palabra final la tendrá el consumidor. ¿Estará atento al costo financiero? ¿O seguirá pagando en cuotas, adecuando el valor a su economía familiar sin importarle la diferencia de valores que puede haber entre el importe de contado y financiero? ¿El consumidor argentino de clase media sólo quiere el bien deseado y no le interesa pagar más por hacerlo en cuotas?



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