
Valentina Mamondez es egresada de la Tecnicatura en Marketing de Moda de la Universidad de Palermo. Su paso por la universidad fue parte de un camino de crecimiento académico y personal, acompañado por un programa de apoyo educativo desarrollado en conjunto con la Fundación Cimientos, que le permitió enfocarse en su formación y proyectar su futuro profesional.
Desde sus primeros pasos en la universidad, Valentina transitó un recorrido marcado por la constancia, la adaptación y el deseo de aprender. A lo largo de la carrera, contó con un acompañamiento sostenido que resultó fundamental en distintos momentos de su vida: cambios de orientación, nuevos desafíos personales, el contexto de la pandemia y la experiencia de combinar estudio y trabajo.
Hoy, Valentina desarrolla su propio estudio de moda, acompaña a emprendedores en procesos de diseño y producción de indumentaria, y proyecta iniciativas con impacto social en su comunidad. Su historia refleja cómo el acceso a la educación, cuando está acompañado, genera oportunidades reales y un impacto que trasciende lo individual.
¿Qué fue lo primero que sentiste cuando te confirmaron que ibas a poder estudiar en la Universidad de Palermo?
Al principio sentí mucha sorpresa y confusión. Venía de intentar ingresar a otra universidad, con viajes muy largos y una experiencia bastante desordenada. Cuando me enteré de la posibilidad de estudiar en la Universidad de Palermo me costó creerlo. Es una institución muy reconocida en el área de diseño, y era justo lo que yo quería estudiar. Después empecé a conocer cómo eran las clases, el nivel de acompañamiento, la estructura, y sentí que todo había cambiado de un día para el otro. Llegué con muchas expectativas y con muchas ganas de aprovechar la experiencia.
¿De qué manera sentís que este acompañamiento impactó en tu recorrido académico y personal?
Impactó en todos los aspectos. No fue solo poder estudiar, sino sentir que había una red de apoyo constante. Siempre hubo alguien pendiente de cómo estaba, de cómo venía con la cursada o si necesitaba algo.
En lo personal fue clave, porque hubo momentos de mucha duda. Saber que no estaba sola me dio motivación y también un fuerte compromiso con mi propio proceso de formación.
¿Cuáles fueron los principales desafíos que atravesaste durante la carrera?
Fueron varios. Desde aprender a moverme sola por la ciudad, organizar mis tiempos, hasta afrontar las exigencias propias de una carrera de diseño, que implica materiales, proyectos y mucha dedicación. Cada cuatrimestre traía un desafío nuevo, pero también un aprendizaje. Me enseñó a buscar soluciones, a adaptarme y a seguir adelante.
¿Qué aprendizajes te dejó todo este recorrido?
Aprendí muchísimo, tanto en lo técnico como en lo personal. Desde coser, usar programas, organizar proyectos, hasta resolver problemas de forma creativa. Pero, sobre todo, aprendí a confiar en mí, a respetar mis tiempos y a entender que equivocarse también es parte del aprendizaje.
¿Cómo es tu presente hoy y qué proyectos tenés a futuro?
Actualmente desarrollo mi propio estudio de moda. Trabajo acompañando a emprendedores en diseño y producción de indumentaria y sigo formándome constantemente.
A futuro, me gustaría generar proyectos con impacto social, especialmente en mi barrio, y poder acompañar a otras personas que estén transitando procesos similares. Siento que todo lo que viví me dio una base muy sólida para lo que viene.
¿Qué le dirías a quienes apoyan programas que promueven el acceso a la educación y la formación profesional?
Les diría que ese apoyo tiene un impacto enorme. No se trata solo de estudiar, sino de poder proyectar un futuro distinto. En mi caso, me permitió formarme, crecer y hoy trabajar de lo que me apasiona. Creo que ese impacto no queda en una sola persona, sino que se multiplica, porque después uno también quiere devolver lo recibido y generar oportunidades para otros.
Para cerrar, ¿cómo fue el impacto de tu graduación en tu familia?
Fue muy emocionante. Para mi familia significó muchísimo ver todo el recorrido, el esfuerzo y la constancia. La graduación fue una alegría compartida y un orgullo para todos. Sentí que no era solo un logro personal, sino el resultado de un camino acompañado.
La historia de Valentina nos recuerda la importancia de acompañar trayectorias educativas y generar oportunidades que permitan a las personas desarrollarse y proyectar su futuro. Su recorrido es el resultado del esfuerzo personal, la constancia y el compromiso institucional con la educación y la responsabilidad social.
Gracias, Valentina, por compartir tu experiencia e inspirarnos con tu recorrido. Te felicitamos por este logro y por todo lo que vendrá.



