“Que sea un personaje interesante, que sea un desafío”
Daniel Hendler en DC UP el 21 de abril 2008
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Nació en Montevideo, Uruguay. el 3 de enero de 1976, donde pasaría su niñez y juventud. De su infancia recuerda que todos sus juegos sucedían sobre una alfombra. Entre sus juguetes recuerda a los clásicos Lego y Playmóvil. Pero el vínculo más directo con lo que terminaría siendo su carrera era el disfrazarse, entrar en personajes de superhéroes (Spiderman). Ya en la escuela los juegos no salían fuera de lo común, disfrutaba mucho de las figuritas y jugar a las bolitas. Daniel se auto define como un líder a lo largo de la primaria, lo cual estaba directamente relacionado con que en esa etapa era el que más estatura tenía. Liderazgo que se vio amenazado a lo largo de la secundaria cuando empezó a quedarse más petiso y no era de los más dotados para jugar al fútbol. Durante esas épocas el actor admite que era muy mentiroso, le gustaba mucho inventar historias. Pero esto terminó teniendo repercusiones a lo hora de la maduración, ya que disconforme con esta particularidad se tornó totalmente opuesto y comenzó a ser excesivamente preciso. Aun muy joven, a los 7 años, empezó a hacer mímica, daba una señal de para donde iría su vida, mas claro aún, cuando realizaba pequeñas actuaciones para la familia. A pesar de que a los 14 tomó un curso de psicodrama y a los 17 entró a la escuela de teatro, manifestaba lo siguiente: “No me animaba a ser actor, sobre todo viviendo en Montevideo donde no hay un referente”. Esto dio como consecuencia directa que ingrese a la Universidad en la carrera de Arquitectura, poniéndose éste como su plan A, lo cual dejaba a la actuación en un segundo plano.

Empezó su carrera dirigiendo y actuando en Crímenes y resfríos una obra que realizó con sus compañeros de teatro, en su ciudad natal. En ese entonces tomó conciencia que debía comenzar a limitar sus obsesiones, ya que se le tornaba contraproducente con los actores. A pesar de ubicarse la arquitectura como principal objetivo era inevitable el vínculo entre los dos caminos, ya que el era profesor adjunto, y cuando faltaba el titular, debía tomar las riendas de la clase, momento en el que recuerda que recurría un poco a la actuación. El actor viajaba mucho a Buenos Aires ya que la mayoría de las ofertas laborales como actor provenían de la Argentina. Sin embargo hay un cambio drástico en su vida cuando decide venir a vivir a Buenos Aires. A pesar de que disfrutaba de ese contraste que veía entre venir a trabajar a Buenos Aires y luego volver a Uruguay, por razones laborales lo más conveniente era instalarse en la capital argentina. Vivir en Buenos Aires lo hizo sentir como en una película de Francella, como un “uruguayo perdido en Buenos Aires”

Ya más maduro no disfrutaba el verse actuar, ya que sentía que estaba cometiendo uno de los peores errores para un actor: el de tratar de agradar a la gente cuando actúa.

Admira a Al Pacino, “es un actor muy poli funcional, te puede sacar muchas emociones”. Sus prioridades para elegir un trabajo se centran en la calidad de la persona, “que sea un personaje interesante, que sea un desafío”, pero también aclara: “depende de la necesidad de trabajo, y la necesidad económica en el momento de la propuesta”. Sin embargo, “no podría hacer una obra de teatro que no me guste (…) El director es importante en el sentido de que tiene que tener humor para trabajar, y no necesariamente para hacer una comedia”. Entre actor y director, elegiría lo primero, “disfruto mucho más de dirigir, pero me costaría mucho más dejar de actuar que dejar de dirigir”. En contra posición a sus comienzos, Daniel, llegó a la conclusión que: “No es el mejor director el que más dirige, sino el que sabe cuando intervenir, y cuando dejar que el actor tenga más libertades”. A la hora de los reconocimientos diferencia y destaca claramente dos premios. Por un lado el de Berlín, siente que a nivel ego fue el más disfrutado. Sin embargo, el que más deseó fue el premio por 25 watts, ya que fue realizada conjuntamente con sus amigos. Daniel recuerda mucho una escena en la que tenía que llorar. El actor nos contó que era la última escena de la película en ser filmada, con lo cual la toma se hacía el día después de la fiesta de conclusión del rodaje.

En un contexto de relajación, donde había poca concentración, debía llorar y conducir un taxi. A causa de la desconcentración y distracciones no lo lograba, en búsqueda de su objetivo pidió 10 minutos para hacer la toma, se fue a un costado y llamó a una novia colombiana con la cual había tenido una muy apegada historia y rápidamente consiguió las lágrimas, para entonces colgar el teléfono y salir corriendo a realizar la toma. Los personajes que el actor fue realizando siempre tienen un poco de él. Una reflexión que nos dejó el actor fue: “un problema serio, en Argentina, es que al argentino le cuesta ver `películas argentinas. En cambio el uruguayo va a ver con buena predispoción sus películas nacionales”. Por último nos contó como suelen venir a entrevistarlo esperando ver al personaje y se encuentran: “el chico humilde de Uruguay que toma mate”.
(Texto del alumno Francisco Cao).