Una muestra para conocer la obra de Harry Seidler

El curador Vladimir Belogolovsky explica quién fue este austríaco discípulo de Gropius, que trabajó toda su vida en Australia, en el marco de la exposición sobre su obra en la Universidad de Palermo.



El austríaco Harry Seidler fue un arquitecto inusual, no porque alguna vez haya tratado de ser original. Todo lo contrario: su carrera y su trabajo en Australia desde los 50 y por más de 40 años pueden considerarse únicos por la manera en que contribuyó a la arquitectura moderna, dejando una huella fácilmente reconocible. Para Vladimir Belogolovsky, quien brindará una conferencia sobre Seidler el próximo jueves 4 a las 18.30 en la Universidad de Palermo (Jean Juarés 932), la obra del vienés despierta sorpresa y alegría a cualquier persona que la experimenta. “Sus formas no son ilógicas, sin embargo, siempre son notables y hermosa, tanto más cuanto que se logran a través de la economía de medios. Casas y torres de este arquitecto muestran sus fuentes de inspiración y, sin embargo, son sin lugar a dudas propias. Por encima de todo, la arquitectura de Seidler se ha convertido en una parte integral de la identidad australiana”, dice Belogolovsky, consultado por ARQ. La conferencia es parte de la apertura de la muestra sobre la obra de Seidler se durará hasta fin de mes en la UP. El curador Belogolovsky accedió a una entrevista sobre los aspectos más salientes de este autor. 

-¿Cuáles fueron las referencias de Seidler? 

-Al principio de su trabajo, se basó principalmente en los principios y el lenguaje visual de sus profesores de Harvard: Walter Gropius y Marcel Breuer, que fueron amigos cercanos y, por un tiempo, trabajó con ellos. 

-¿Por qué la gente dice que la visión de Seidler fue única? 

-Era única, precisamente porque se basó en muchas fuentes: el arte, la geometría y la historia. Probablemente no haya otro arquitecto moderno que tuviera tantas inspiraciones. Esa es tal vez la razón del porqué, si nos fijamos en muchos libros de arquitectura del siglo XX, no encontraremos su nombre. Muchos críticos no encontraron su trabajo suficientemente original como para ser incluido en sus antologías. 

- ¿Por qué recién ahora se redescubre la figura de Seidler? 

- Creo que la primera obra de un arquitecto es su manifiesto. Esa es la génesis, y todo el trabajo posterior se basa en ella. Si nos fijamos en la primera obra de Seidler podemos ver que no es suya por completo. Su primer trabajo independiente fue la casa para su madre en Sydney y, en vez de ser su manifiesto personal, fue una elaboración de la obra de Marcel Breuer, cuya mano Seidler conocía mejor que nadie, ya que trabajó en una muy pequeña práctica de Breuer en Manhattan durante dos años. 

- ¿Qué lo llevó a trabajar con el lenguaje visual de sus maestros? 

- Creo que no estaba preparado para su manifiesto. Muchos de sus proyectos posteriores se basaron en las ideas de sus maestros. No fue hasta 15 años después de su primer obra, cuando construyó su propia casa, la que se convirtió en su manifiesto,una forma de expresar como la arquitectura moderna debía afrontar el clima local y las condiciones de sol. Pero, de nuevo, su obra seguiría transformándose de los años 60 en el camino de sus nuevos descubrimientos en geometría, arte, y estructura. 

- ¿Fue un poeta del hormigón? 

- El hormigón fue una gran parte de la obra de Seidler. La mayoría de sus proyectos, grandes y pequeños, normalmente expresan sus formas en el concreto. Era su material favorito. Cuando trabajó en su primer rascacielos, la Australia Square, de 50 pisos, le pidió al desarrollador contratar al virtuoso ingeniero italiano Pier Luigi Nervi, que era famoso por sus revolucionarias estructuras y cúpulas. No era sólo la belleza expresiva de cada elemento lo que le interesaba a Seidler, era el siempre fiel manejo de las fuerzas estructurales. 

- ¿Qué es lo particular de la muestra de Seidler que se exhibe en Buenos Aires? 

- Creo que esta exposición hace dos cosas. Cuenta la historia de la obra de Harry Seidler, y sus colaboraciones con muchos grandes artistas. Pero también cuenta la historia del siglo XX: la historia, el arte, la arquitectura. Cuenta su vida que fue intensa, atractiva e internacional. Creció en Austria, se vio obligado a emigrar a Inglaterra cuando Hitler anexó Austria, fue internado en Inglaterra y Canadá, donde conoció a muchos artistas y arquitectos. Estudió en Canadá, en los EE.UU. en la Universidad de Harvard, estuvo también a Brasil. Llegó finalmente a Australia, donde sus padres emigraron después de la guerra, a construirles una casa. El vino solamente por eso, y se quedó después de que su primera casa atrajo tanto atención que inmediatamente se convirtió en alguien increíblemente ocupado, y la figura más comentada de la arquitectura en el país. Este es un proyecto muy educativo para mí. También estoy aprendiendo de él para formar asociaciones, participar en debates, organizar conferencias, exposiciones, escribir libros, etc. Yo nunca lo conocí, pero me siento inspirado por su energía increíble.



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