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En el presente video se encuentran las declaraciones de: Osvaldo Gaona, Joaquim Redig, Mila Waldeck, Luis Jorge Soto Walls.

Embajadora Embajador Luis Soto Walls (México)

Estas reflexiones fueron vertidas en el marco del Plenario Fundacional del Comité de Embajadores del Diseño Latino, en Buenos Aires, julio de 2015.

El pasado mes de julio, tuvimos la oportunidad de coincidir en Buenos Aires, un grupo de académicos por convocatoria de la Universidad de Palermo en el marco del VI Congreso Latinoamericano de Enseñanza del Diseño, a quienes se nos otorgó por parte del Decano Oscar Echevarría la denominación de Embajadores del Diseño Latinoamericano, con objeto de sumar esfuerzos para generar iniciativas con base en una pregunta fundamental: ¿cómo hacer para avanzar aún más en la jerarquización del Diseño Latino en el Continente y en su proyección internacional para la próxima década?.

Las aportaciones de quienes formamos el grupo de profesionales y académicos del diseño, fueron diversas y se generaron propuestas en ese mismo tenor, lo cual permite el diálogo y la reflexión sobre el papel que podría tener este grupo y su campo de acción. En este supuesto, me permito enviar un planteamiento con objeto de abonar al debate y con el convencimiento de que los diseñadores a quienes nos une una serie de coincidencias y experiencias profesionales y que compartimos un contexto regional muy cercano en lo cultural, político, histórico, económico y social, tenemos mucho que decir ante nuestros países y al mundo entero.

La actividad profesional contemporánea no sólo se plantea como una respuesta al mercado laboral, ajena de los problemas que se dan en el desempeño de toda la actividad humana. En los años recientes se ha transitado a la formación de profesionales que tengan una visión integral, donde dominen competencias técnicas y de oficio pero tomando como referente la necesidad de abordar las soluciones de problemas complejos, tanto locales como globales.

Las problemáticas se manifiestan desde la generación, disponibilidad y uso racional de la energía, el control de las enfermedades y sus efectos epidemiológicos, así como el cuidado del medio ambiente, la producción y consumo de alimentos, los movimientos geográficos de la población mundial, el aumento en la expectativa de vida y el envejecimiento de la población mundial, entre otros.

El futuro de América Latina se encuentra ligado al futuro mundial, pero tienen sus propias particularidades. Sin embargo no basta analizar los problemas con una perspectiva nacional o regional y se requiere tener referentes a más largo plazo que orienten los esfuerzos de todas las disciplinas para que apoyen el desarrollo de nuestra sociedad. Los problemas mundiales a resolver son de tal magnitud y complejidad, que no podemos abordarlos disciplinariament de manera aislada, sino que habrá que considerar la habilitación de los futuros profesionales del diseño para el trabajo interdisciplinario y transdisciplinario.

Esquematizar las macrotendencias mundiales, permite profundizar en algunas de las problemáticas que serán parte de los retos que tendrá que solventar los países latinoamericanos en los próximos años dentro del panorama mundial. En este sentido, en el estudio publicado en el 2014 por la CEPAL, “Las tendencias mundiales y el futuro de América Latina”, se plantean seis macrotendencias, que se basan en más de 600 estudios mundiales y sectoriales con perspectiva a largo plazo publicados en fechas recientes.

El estudio divide las tendencias en seis grandes campos para su análisis, en el entendido de que no pueden establecerse fronteras rígidas entre cada uno de ellos, ya que actúan dentro de un sistema complejo. Estos son:

  1. Las tecnologías disrruptivas
  2. Los recursos naturales
  3. Las transformaciones demográficas
  4. La expansión de las ciudades
  5. El cambio climático
  6. La gobernabilidad democrática

 

 

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Cuadro de texto: Figura 3: Macrotendencias según estudio de CEPAL

 

 

  1. Tecnologías disruptivas, son aquellas tecnologías que están en gestación y cuya difusión transformará  sustancialmente la producción, el empleo, el bienestar, la gobernabilidad y las relaciones humanas.

De acuerdo con esta tendencia, los expertos hablan de que habrá una aceleración tecnológica con un mayor dinamismo que la experimentada en el campo de la computación, por lo que los gobiernos y las empresas aportan más recursos para mantenerse a la vanguardia o al menos, actualizados.

Se crean observatorios tecnológicos cuyo método de búsqueda consiste en consultar a diversos medios de comunicación líderes en la divulgación de información sobre novedades tecnológicas, analizan el potencial del desarrollo de las mismas y estiman cuándo podrían entrar en aplicación, a través de consultas a expertos. Para lo anterior se analiza el ciclo de vida de cada tecnología y su período probable de maduración comercial, estimándose impacto. Como ejemplo se puede observar en la reciente creación de la “Universidad de la Singularidad” (singularityu.org), que es una institución que se dedica a la exploración sistemática de tecnologías disruptivas y a la formación de líderes jóvenes, científicos, empresarios y académicos relacionados con el diseño de proyectos de alto impacto.

La Oficina de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado de los Estados Unidos (2012), agrupa las tecnologías disruptivas en cinco esferas:

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Cuadro de texto: Figura 4: Esferas de tecnologías disrruptivas según la OII

  1. En salud, trascender las limitaciones físicas, lo que comprende los principales procesos y productos que influirán en la salud, así como en la extensión y calidad de la vida. Abarca los avances en materia de diagnóstico avanzado, con nanoestructuras, control de funciones y estructuras biológicas, así como análisis genéticos para detectar enfermedades antes de su manifestación clínica.
  2. Concerniente a la energía. Abarca campos como las redes de “energía inteligente”, que reciben y distribuyen la electricidad según el consumo de los participantes, mejorando así la eficiencia y la seguridad.
  3. Nuevos materiales y procesos industriales que combinan las tecnologías de impresión tridimensional o fabricación aditiva con nanomateriales y tecnologías de la información. Muchos expertos y economistas depositan altas expectativas en la fabricación aditiva, que permitiría reducir o eliminar líneas de montaje y obtener una infinita variedad de diseños y altos niveles de especialización.
  4. Tecnologías que refuerzan la interconexión humana. El impacto de Internet en los próximos 15 años, por ejemplo, superaría los efectos transformadores que tuvo la Revolución Industrial. Las tecnologías de computación, redes y sensores podrían permitir a cualquier persona conectarse con cualquier objeto en cualquier lugar. Esto añadiría una nueva dimensión a la Internet actual, pues surgirían redes y grupos virtuales fuera de toda forma de control, lo que entrañaría nuevos desafíos desde el punto de vista de la gobernabilidad.
  5. La robótica, que se fortalecería con el apoyo de la biorrobótica, nanotecnologías, sensores y tecnologías de almacenamiento de energía. Se multiplicarían los vehículos no tripulados y los aparatos miniaturizados, invisibles al ojo humano, cuyas funciones irían desde el mencionado aumento de las capacidades humanas hasta el traslado de productos peligrosos, e incluso de armas biológicas capaces de desatar cadenas virales.

 

  1. Recursos naturales. El crecimiento demográfico y económico hará que en las próximas décadas se expanda velozmente la demanda de energía, agua, minerales y alimentos.

En los países de menores ingresos, el aumento del consumo tiene un alto componente de bienes materiales, a diferencia de los países avanzados, donde es más alto el componente de servicios. De ahí que en América Latina se elevará el consumo de alimentos y proteínas, bienes duraderos, electricidad y transporte. La demanda de recursos naturales en los países en desarrollo se disparará. La demanda de acero, electricidad y transporte se elevará en un 100% y el número de automóviles crecerá sustancialmente.

La FAO en sus estudios, anticipa que habrá fuertes presiones sobre el agua y la tierra. La tierra cultivable adicional escaseará y se calcula que solo cubriría el 20% de la futura demanda de alimentos. El 80% restante deberá provenir de mejores tecnologías y un mayor rendimiento, eficiencia y ahorro.

La oferta de alimentos también dependerá del cambio climático. La mayoría de las prospecciones avizoran alteraciones pluviométricas que afectarán las cosechas. Igualmente compleja es la situación de los acuíferos, cuya sobreexplotación ocasionaría bajas importantes de la producción.

Después de la agricultura, la demanda principal de agua proviene de la manufactura, la minería y la generación eléctrica, además de que existe una estrecha relación entre la generación eléctrica y el consumo de agua. Se estima que la demanda de agua para producir energía crecería dos veces más rápido que la demanda de energía.

El consumo humano representa cerca del 10% del agua fresca utilizada. Sin embargo, existen enormes diferencias entre naciones y grupos socioeconómicos. Mientras que en los Estados Unidos el consumo por persona supera los 300 litros por día, Alemania utiliza menos de 100. En América Latina se consumen más de 100 litros, pero allí los grupos de ingresos altos utilizan aproximadamente 400 litros al día, mientras los más pobres no llegan a 40.

Todos los escenarios revelan que la demanda mundial de energía para transporte y electricidad se expandirá rápidamente en las próximas dos décadas, principalmente en los países emergentes.

  1. Transformaciones demográficas, desplazamiento del poder, nuevos mercados, clases medias en ascenso, migraciones.

En el pasado, el aumento poblacional se consideraba un obstáculo al desarrollo y causante de pobreza, desempleo e inestabilidad. Hoy, por el contrario, si lo gestionan bien, los países con población abundante y mejor educada contarían con una fuerza de trabajo joven y preparada y una mayor demanda de bienes y servicios, lo que representa una doble ventaja que se conoce como “dividendo demográfico”.

Los cambios demográficos modificarán el poder económico de los países y el equilibrio mundial de fuerzas e influirán en la demanda de bienes y servicios y los movimientos migratorios. El envejecimiento de la población podría contraer el ahorro y afectar la productividad, ya que menor número de personas con edad productiva tendrían que mantener a una mayor población improductiva, lo que generaría una creciente necesidad de recursos para financiar la previsión y la salud (Howe y Jackson, 2011).

En todos los escenarios, la población de los países desarrollados permanecerá prácticamente constante en alrededor de 1.200 millones de habitantes. La gran expansión se produciría principalmente en las regiones en desarrollo (Eberstadt, 2011). La población mundial de más de 60 años aumentaría de 780 millones a 2.000 millones para 2050. La edad media avanzaría de 29 a 38 años y la esperanza de vida mundial pasaría de 68 a 76 años y en los países desarrollados subiría a 83.

La tendencia al aumento de la cobertura educacional, ha permitido ampliar el número de familias que salen de la pobreza y alcanzan ingresos dignos y ésta tendera a aumentar fuertemente en los próximos años.

La globalización va acompañada de movimientos migratorios, lo cual tenderá a crecer y los países y organismos internacionales deberán estar preparados. Las diferencias de crecimiento económico y poblacional al interior de los países y entre países, así como el avance tecnológico exponencial ampliarán las brechas de ingreso y estimularán ese movimiento. Habrá además una mayor facilidad de desplazamiento, menores costos de transporte y una mejor acogida gracias a las comunidades de inmigrantes radicadas en los países receptores. El dominio de idiomas y la posibilidad de tener más de una nacionalidad, así como el uso de Internet y las comunicaciones, facilitarán el movimiento y disminuirán la incertidumbre.

También habrá migración por efectos del cambio climático y los desastres naturales, habrá un aumento en el desplazamiento de poblaciones en áreas riesgosas, especialmente zonas costeras bajas, áridas y montañosas.

  1. Urbanización y expansión de las ciudades, concentración de la población, demanda de infraestructura y servicios básicos, calidad de vida, competitividad de las ciudades.

Hacia 2030, más de un 80% de la población mundial viviría en ciudades. Ese año, la población urbana de América Latina superaría el 90%, lo que la convertiría en la región de mayor concentración urbana del planeta y encararía un importante desafío. Una evaluación de las diez mayores ciudades de la región, a partir de 100 indicadores en cuatro ámbitos (desarrollo económico, desarrollo social, sostenibilidad de los recursos y gobernabilidad) muestra deficiencias como la congestión vehicular, el desaprovechamiento de las economías de escala, el déficit habitacional y la ineficiencia de algunos servicios (Cadena y otros, 2011).

La planificación urbana a largo plazo será prioritaria debido a la contracción, al tamaño de la familia, el crecimiento de las ciudades no declinará a pesar de la disminución del crecimiento poblacional. Aumentará el número de hogares para la misma población y cada uno demandará mayor superficie por habitante a medida que aumenta su ingreso.

  1. El cambio climático. Las alzas de temperatura, variaciones pluviométricas, elevación del nivel de las aguas en zonas costeras, inundaciones y tornados son algunas de las consecuencias previsibles del cambio climático.

Hay una gran preocupación por los efectos de las emisiones de CO2 por la actividad, humana en el calentamiento global, al que se añade mayor incertidumbre si se considera la posibilidad de que ocurran discontinuidades abruptas que rompan la gradualidad de dicho proceso.

Los principales peligros estarían relacionados con la falta de agua, que incidiría en la salud y la seguridad alimentaria, el daño en materia de biodiversidad, especies, comunidades y ecosistemas, los cuales continuarían degradándose por la deforestación, la desviación de cauces y la disminución del volumen de agua en los ríos, la contaminación de aguas frescas y la acidificación de los océanos. La desaparición de la capa de hielo en el Ártico o la posible explotación de partes importantes de la Amazonia acelerarían este proceso, con lo que la temperatura del planeta se elevaría (Leadly y otros, 2010)

  1. Gobernabilidad democrática, ciudadanos globales interconectados, impacto de nuevas tecnologías en las relaciones sociales, transparencia, seguridad, violencia y crimen organizado, ciberataques.

La conciencia ciudadana también se acrecentaría exponencialmente. Esto se debería a que el analfabetismo ha bajado, se están igualando los niveles educativos entre hombres y mujeres y se prevé un marcado aumento de la demanda de educación superior. El uso de Internet ha registrado un crecimiento exponencial, por lo que se calcula que en 2012, aunque con amplias diferencias según la región, tenían acceso a la red 2.400 millones de personas que equivale al 34% de la población mundial. La gigantesca capacidad computacional, las tecnologías inalámbricas, las diversas plataformas, la movilidad y la disminución de los precios permitirán reducir aceleradamente la brecha digital entre países y dentro de ellos.

La defensa y promoción de los derechos políticos será más patente, la mujer asumirá mayor presencia y liderazgo y los pueblos indígenas exigirán igualdad y dignidad. Las instituciones democráticas deberán adaptarse a estos nuevos retos.

Las nuevas generaciones tendrán mayor conciencia de sus derechos y mayor capacidad de exigir su cumplimiento. Habrá una mayor demanda de bienes públicos en lo que respecta a medio ambiente, educación, salud de calidad, ciudades amables y equilibrio entre regiones. La libertad y la democracia serán las aspiraciones dominantes de las próximas décadas.

A manera de conclusión, el trabajo profesional del diseño y la producción del conocimiento y su divulgación, así como el impacto en la actividad docente, ya no son actividades independientes y que se llevan a cabo un relativo aislamiento del trabajo individual, sino que ahora se requiere estar capacitados para el trabajo en equipos interdisciplinarios y la universidad debe albergar el trabajo transdisciplinario de sus académicos para poder dar respuesta a los problemas complejos que nos plantea la sociedad.

Las prácticas que siguen las industrias y otros productores de bienes y servicios y las universidades latinoamericanas se están acercando cada vez más y el problema se plantea en el cómo aprovechar y potencializar los recursos de los diferentes actores para dar respuestas eficientes y generar una mayor calidad de vida.

Las universidades tendrán que ajustar sus planes y programas de estudio para poder fomentar la creatividad grupal y descartar la parcialización de la visión individualista que provoca la visión disciplinaria. Deberán establecer distintos tipos de vinculación con la sociedad que las sustenta y vincular a sus alumnos cada vez más diversos a la sociedad del conocimiento.

El presente escrito lo envío como parte de la reflexión sobre lo que podría orientar los esfuerzos del grupo de Embajadores del Diseño Latinoamericano por hacer manifiesto el impacto de los profesionales del Diseño en las realidades a las que se enfrentarán las sociedades que conforman la región Iberoamericana.

Luis Soto Walls

Septiembre de 2015

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