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Publicación: Viernes 11 de febrero de 2011 Página: 4 / Sección: Legales |
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| Entrevista a: Aída Kemelmajer de Carlucci, Directora de la Maestría en Derecho con orientación en Derecho Civil Constitucionalizado de la UP. |
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| "El poder ejecutivo no entiende que la justicia forma parte del estado": |
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Entre los abogados, Aída Kemelmajer de Carlucci no necesita presentación. Para los que no lo son, y en un párrafo, es Doctora en Derecho por la Universidad de Mendoza; miembro de las Academias Nacionales de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires y de Córdoba, miembro honorario de la de Madrid, en España, y directora de la Maestría y Posgrado en Derecho Civil Constitucionalizado de la Universidad de Palermo. Sin embargo, quizá sea más reconocida como ex Ministro de una Suprema Corte de Justicia de la Argentina, cargo que en su provincia de Mendoza ocupó por más de 25 años.
¿Cómo conviven los derechos en la Argentina de hoy?
Hay muchos que se entrecruzan entre los valores de la pura legalidad y los fundamentales; pero no todos los temas son derecho fundamental. Por eso hemos planificado una maestría que aborda las cuestiones del derecho privado en general con un enfoque constitucional: desde privilegios en los concursos (preventivos) a temas de familia, tipicidad societaria y autonomía de la voluntad.
¿En qué cambia que una cuestión sea constitucionalizada?
En un sistema como el argentino, con control difuso de constitucionalidad, puede significar que un juez, frente a un problema concreto, declare la inconstitucionalidad de la norma. Cosas que hasta ahora se miraban bajo la óptica de la ley, suben un escalón. Temas vinculados con daños y perjuicios, daño moral, seguros, concursos. Son muchas las cuestiones que se ven alcanzadas por esta visión.
¿La puja entre la libertad de comerciar y asociarse con la participación de los empleados en las ganancias?
Por supuesto. Ése es un problema constitucional. Cuando hay dos principios constitucionales enfrentados tengo que tratar de que ambos permanezcan vigentes. Acá entra a jugar la proporcionalidad que lleva a conciliar ambos derechos. El problema es que los argentinos no estamos acostumbrados a pesar razones. Tenemos el gran defecto de que hablamos a la manera de (Eugène) Ionesco: yo digo A y el otro no contesta a mi argumentación A, sino que sale con otro argumento, que no tiene nada que ver. Lo difícil es que la proporcionalidad supone que estoy pesando argumentos de un lado y del otro, que se van correlacionando. Eso, a nosotros, nos cuesta mucho.
¿Sobran abogados?
El problema es la proliferación de malos abogados. ¡Ojalá tuviésemos muchos buenos abogados! Mario Augusto Morello, un gran demócrata, era defensor de sistemas como el que tienen los europeos: cuando se quiere litigar ante los tribunales superiores hay que rendir examen. Nosotros tenemos casos de chicos recién recibidos que, al día siguiente, están firmando recursos ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Los colegios de abogados deberían tener un rol muy protagónico en estas cuestiones. Uno de los problemas es que, salvo excepciones, no se sancionan las faltas éticas y es parte de la ética no meterse en cosas que uno no sabe.
¿Qué lugar ocupa hoy el Poder Judicial?
El Poder Ejecutivo no entiende que la Justicia forma parte del Estado. Ya no hablemos de cuando mandan a incumplir una sentencia, como ocurre en el caso Sosa. Hay muchas situaciones que muestran la existencia de cortocircuitos. ¿Quién puede dudar de que todas las cárceles del país están superpobladas? Sin embargo, la gente dice que los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra. Si esto fuese así, las cárceles estarían vacías. Digamos, entonces, que faltan cárceles. ¿Quién tiene que hacer las cárceles? El Ejecutivo. Tenemos que entender que esto es un sistema y que hay muchos problemas que no se solucionan sólo desde el Poder Judicial.
Durante el siglo y medio pasado, la Argentina fue un gran generador de pensamiento jurídico para toda la región. ¿Eso sigue siendo así?
No. Ya no. Hoy no existe esa diferencia con el resto de los países. Los demás han subido y nosotros nos hemos estancado. La Argentina tiene un exceso de publicaciones y hay muchas que no tienen mucho valor. Antes, un libro argentino se vendía seguro. Hoy se lo mira mucho antes. En ese sentido, creo que la Universidad debe ser para los mejores. Si no la puedo pagar y soy bueno, el Estado tiene que poner la plata. La Universidad es para sacar buenos médicos, buenos abogados. No médicos mediocres. No abogados mediocres. La gente necesita abogados, pero buenos abogados. |
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