Poderes de la mente

La reinvención de la educación liberal en Estados Unidos
  • Descripción del libro
  • Sobre el autor
  • Presentación en la UP

Editado por primera vez en Estados Unidos en 2006, el volumen representa una síntesis histórica y pedagógica de la educación liberal en Estados Unidos. Surge ante la aparente decadencia de la visión del aprendizaje liberal como central en la formación de ciudadanos. Pero también nace del impulso de dar cuenta del recorrido de discusión e innovación pedagógica que se le llevó a cabo en la Universidad de Chicago, institución a la que pertenece el autor. Finalmente, la propuesta de Levine confluye en el diseño de un detallado plan de estudios para desarrollar y evaluar capacidades nuevas.

En Poderes de la mente, Donald N. Levine, ex decano de la Universidad de Chicago, considera la educación liberal que ofrecen nuestras universidades y encuentra que carece de signicado.

Propone maneras innovadoras y vigorizantes de pensar su problemática, que en nuestros tiempos, es escandalosamente pasada por alto.

Levine procede a analizar seis transformaciones críticas en el mundo moderno, y los desafíos curriculares que presentan. En respuesta, privilegia el principio educacional de “poderes de la mente” – disciplinas menos entendidas como campos de estudio denidos por su contenido que por las capacidades intelectuales que abarcan.

Para ilustrar, Levine se basa en su propia experiencia en la enseñanza y como líder universitario, mientras provee un resumen maravilloso de las ideas de pensadores ejemplares de la educación de la Universidad de Chicago y que aún hoy continúan inspirando. De esta vital tradición, Poderes de la mente construye un paradigma para las artes liberales de hoy, inclusivo de todas las perspectivas y aplicable a todos los ámbitos del mundo moderno.

Donald N. Levine
Sociólogo especializado en la educación de grado, la teoría social y los estudios sobre Etiopía.

Donald Levine es sociólogo especializado en la educación de grado, la teoría social y los estudios sobre Etiopía. Su carrera está íntimamente ligada a la historia de la Universidad de Chicago, donde cursó sus estudios de grado, obtuvo su doctorado y se desempeñó en distintas funciones de gestión, como decano, profesor e investigador. Levine es heredero del movimiento Escuela de Chicago de principios del siglo XX, proceso que da inicio a la sociología contemporánea institucionalizada y profesional en los EEUU.

La presentación de “Poderes de la mente: la reinvención de la educación liberal” se llevó a cabo en la Universidad de Palermo, y contó con la presencia de los intelectuales y especialistas en Educación Juan Carlos Tedesco y Guillermo Jaim Etcheverry.

Juan Carlos Tedesco: El libro describe la evolución de la Universidad de Chicago y tiene, por lo tanto, un fuerte contenido contextual difícilmente transferible a nuestra realidad, plantea una serie de cuestiones que son muy importantes. Lo que más impresiona es advertir la densidad intelectual del debate educativo, especialmente de la primera mitad del siglo XX, las reflexiones de John Dewey sobre un plan de estudios, y la importancia que tenía la educación en la agenda, tanto de la política como de la vida académica de las instituciones. En ese sentido, es difícil evitar la sensación de contraste con la última parte del libro, después de haber oído a Dewey suena extraño apelar al yoga y al aikido para pasar por propuestas curriculares.

Creo que en la agenda de discusión que tiene hoy la enseñanza superior, es notable ver la ausencia de la educación y de la pedagogía. En educación superior se discute el gobierno de la institución, el financiamiento, la organización administrativa, la investigación a veces también ocupa algún lugar en la agenda, pero la enseñanza no aparece como tema de preocupación profunda de una institución que se supone que es una institución de enseñanza. De esta manera, me parece que el libro provoca reflexiones y debates. La primera reflexión es que es muy importante en esta lectura tener en cuenta la enorme diversificación de la enseñanza superior producida en las últimas décadas.

El libro se refiere a un tipo de institución universitaria dentro de un esquema muy diverso de instituciones de educación superior y de universidades. Entonces muchos de los planteos, de las exigencias, de los estándares y de los criterios que se discuten no son generalizables al conjunto de las instituciones. Creo que esa diversidad obliga a tener categorías de análisis que no pueden ser homogéneas, no podemos analizar todas las instituciones con un mismo patrón. Por eso hay que ubicar al libro y su análisis, tanto desde el punto de vista americano como desde el punto de vista de lo que el autor considera una universidad, que hoy en día es un tipo de institución que forma parte de un universo muy diverso.

El tema central del libro es el que se refiere a la formación ciudadana. En el fondo lo que Levine está discutiendo al plantear esta idea de la educación liberal tiene que ver con cómo se forma la ciudadanía. En el caso de la Universidad de Chicago, en particular, está preocupado por cómo se forma la elite dirigente. Incluso creo que en el fondo hay un planteo un poco elitista en su postura y su inquietud. Su drama es cómo formamos una elite dirigente responsable socialmente, en un contexto que ha cambiado. En la última parte del libro aparece esta idea y preocupación de que la ciudadanía está sometida a debates de temas de enorme complejidad, en un contexto cultural muy superficial y liviano. Esto plantea la idea de la enorme reflexión que exige hoy el desempeño ciudadano. Pero desde el punto de vista ético también la exigencia es mucho mayor. En nuestros días ser solidario es muy exigente porque ya no alcanza con la solidaridad orgánica de la sociedad industrial donde todos éramos necesarios y por lo tanto había que tener niveles básicos de solidaridad, que permitían la reproducción del sistema.

Guillermo Jaim Etcheverry: Como lo señaló Juan Carlos Tedesco, los problemas que plantea la enseñanza están alejados de la discusión universitaria. He afirmado en muchas oportunidades que la universidad está relacionada con la educación lo que, paradojalmente, parecería no ser un tema relevante. Establecer la vinculación de la universidad con la educación es una tarea aún pendiente ya que las mismas universidades que valoran la investigación, la asistencia social y la extensión universitaria se ocupan bastante poco de la formación intelectual de sus alumnos.

La formación de las personas que pueblan sus aulas y sus laboratorios es la influencia más perdurable e importante que puede desarrollar una universidad. Esas personas constituyen los agentes de cambio social más importantes. Por eso, tal vez, más que contribuir a la construcción de un puente - que lo pueden hacer sus graduados - tendría que ocuparse de la construcción del interior de las personas que frecuentan sus aulas.

Creo que este libro de Donald Levine tiene la enorme virtud de poner en discusión el tema de la formación de los jóvenes durante un periodo especial de sus vidas que son los años inmediatamente posteriores a la escuela media. En ese sentido, es muy importante tener en cuenta el contexto de la educación en los Estados Unidos porque en ese país, al concluir la escuela media los estudiantes enfrentan un período formativo de cuatro años, que se lleva a cabo en el college, al cabo del cual eligen una orientación profesional: el derecho, la medicina, la ingeniería. Estas son actividades de posgrado, consecutivas a esos cuatro años de formación inicial en los que se modela la persona y se adquieren las herramientas intelectuales que permiten enfrentar la realidad del mundo.

Ese debate, que es muy importante, no es frecuente en nuestra sociedad y por eso es muy útil recorrer esta experiencia original de Chicago.

Es cierto que en la época actual es importante adquirir nuevas capacidades y todo aquello de lo que nos han convencido, pero no nos olvidemos de que tenemos la obligación de poner en posesión de los jóvenes una herencia riquísima que nos muestra cómo el ser humano, a lo largo de la historia, ha enfrentado problemas muy diversos, conocimiento que les da las herramientas para saber cómo encarar problemas similares. Esa adquisición no es una tarea que se hace en abstracto sino frecuentando las grandes obras. Obviamente se debate muchísimo sobre qué y cuál es esa tradición, pero al menos se admite que hay una tradición. El mundo no nace con cada una de las nuevas generaciones, viene desde antes y seguirá después. Si se pierde esa visión histórica, se pierde el sentido de la propia vida, porque si uno no comprende que proviene de un pasado rico en problemas y realizaciones, tampoco entiende que hoy está construyendo lo que será pasado de un futuro por venir. Eso es lo que le da la trascendencia a la vida, por eso es tan importante comunicar esa dimensión del pasado. Esa es una experiencia que actualmente le negamos a nuestros estudiantes universitarios que son educados, en el mejor de los casos, como buenos profesionales, pero poco educados en cuanto a esa dimensión de su formación personal.

La idea de la importancia de la formación de la persona que subyace en estos diseños curriculares constituye una idea central que no deberíamos abandonar – esto en el supuesto de que alguna vez la hubiésemos tenido – más bien deberíamos hacer un esfuerzo por adquirirla, cuestión que hoy no nos preocupa.

Como señaló muy bien Tedesco, la discusión universitaria se centra esencialmente en el presupuesto, en los problemas políticos, en las influencias personales, sobre todo, en el reparto de cargos y dinero. Se carece de la visión de que los distintos actores del gobierno universitario pertenecen a un proyecto de formación común que se beneficia del hecho de que ellos tengan distintos criterios y provengan de distintas disciplinas. Esa comunidad de objetivos no existe ya que cada actor político trata de no interferir en el campo del otro con el objetivo de no ser interferidos en su esfera de acción. En esa cuestión reside, en mi opinión, la virtud principal que tiene la lectura de este libro que sería muy importante para quienes tienen responsabilidades universitarias: advertir la seriedad con que se discuten estos problemas que, entre nosotros, no despiertan ningún interés. Si bien el comentado no es un libro sencillo de leer, contiene muchas de estas ideas que son centrales para la experiencia universitaria.

¿Qué debería dejar a una persona su paso por la universidad? Para responder a ese interrogante, recurro a un párrafo del cardenalJohn Henry Newman, quien decía en “The idea of a university”: “Una universidad consiste y siempre ha consistido en la demanda y la oferta de algo que sólo ella puede satisfacer. La comunicación del conocimiento, pero por sobre todo el establecimiento de relaciones y lazos entre el maestro y quien aprende. Su principio constitutivo es esa atracción moral entre una y otra clase de personas.” Es de especial interés esa idea de la atracción moral y de la vinculación entre personas. Universidad supone vínculo entre personas. Esa idea del diálogo está también muy bien planteada en el libro de Levine.

Raquel San Martín: Han señalado el sesgo profesionalista y, además de la diversificación de instituciones que mencionaba Tedesco, la diversificación de disciplinas y de carreras. ¿Hay condiciones que puedan hacer posible algún tipo de enseñanza general como la que tendría un college en los Estados Unidos en la Argentina?

GJE: Por supuesto que es posible ya que contamos con personas capaces de hacerlo aunque no sé si habría alumnos interesados en explorar esa dimensión. Posiblemente el problema resida en el hecho de que ya estamos construidos de acuerdo a una estructura que pretende que todo sea rápido, útil. Por eso, muchos de los estudiantes que llegan a las universidades tienen las graves dificultades que señala Tedesco que se deben al hecho de que nadie se ha preocupado mucho por enseñarles algo.

Considero que habría espacio para una universidad que intentara proporcionar esa formación general. Una persona que entiende lo que lee, que puede argumentar su posición, que puede discutir con otro, que tiene cierta capacidad de abstracción, es capaz de hacer cualquier cosa. Me parece que esas son las cualidades básicas esenciales que la educación debiera dar y que no está dando. Hoy pretende dar demasiadas cosas, pero no ese desarrollo de las capacidades básicas esenciales. Este tipo de experiencias, con éxito diverso, del estilo del college americano que hemos comentado y al que el libro de Levine hace referencia, intentan formar ciudadanos con esas capacidades para acceder a problemas cada vez más complejos.

JCT: Si algo es socialmente necesario tiene que haber posibilidades de hacerlo porque sino estaríamos haciendo ciencia ficción. El punto es definir qué es eso que llamamos formación básica. ¿En qué consiste? ¿Son esas cualidades que señalaba Jaim Etcheverry? Es decir, alguien que sepa leer y escribir bien. En el fondo, es estar alfabetizado, no en un sentido peyorativo de la palabra alfabetización, sino el dominio básico de un código cultural necesario para el desempeño en la sociedad.

Tenemos hoy un gran aporte que es la obligatoriedad de la escuela secundaria. El hecho de que sea obligatoria no es de problema administrativo. Si es obligatoria tiene que ser universal y común. Es decir, no vamos a poder hacer el college americano, pero tenemos una secundaria obligatoria.

Por eso me parece que no es una utopía, pero tenemos que empezar, es urgente. La educación prefigura y anticipa el futuro. Si hoy tenemos una educación de mala calidad ya estamos anticipando una sociedad con esas características. Hay que empezar a discutir. Es cierto que no tenemos una fuerte demanda social en este sentido, pero me da la impresión de que ésta es la función de los sectores dirigentes, crear esa demanda. Porque si uno solo satisface las manifiestas, deja al otro donde está, donde su capacidad de demanda le permite estar. Además de satisfacer demandas hay que satisfacer necesidades. Y esa es la función de los sectores dirigentes.



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