“Ninguna herramienta puede reemplazar la empatía y el lado humano”
Con 26 años y después de haber atravesado un cambio muy importante en mi vida universitaria, hoy puedo decir que estudiar Contador Público significa mucho más que aprender impuestos, balances o normas contables. Significó encontrar una profesión que realmente conecta conmigo: con mi interés por los números, con mi forma de resolver problemas y también con mi vocación de acompañar y ayudar a las personas.
Hace seis años trabajo en un estudio contable, donde comencé en plena pandemia, sin experiencia, pero con muchísimas ganas de aprender. Desde entonces, crecí profesionalmente en el área impositiva trabajando con clientes pequeños, medianos y grandes, realizando liquidaciones mensuales y anuales, conciliaciones bancarias, control de vencimientos y atención personalizada. Pero más allá de lo técnico, fue en el vínculo con los clientes donde realmente entendí el valor de nuestra profesión.
Muchas veces, detrás de una consulta impositiva, hay preocupaciones, incertidumbre y personas que necesitan sentirse acompañadas. Ahí comprendí que el rol del contador no pasa solamente por “liquidar impuestos”, sino también por brindar tranquilidad, orientación y confianza.
Durante mucho tiempo pase frustraciones personales relacionadas al estudio y a la sensación de no avanzar. Por eso, tomar la decisión de cambiarme de universidad fue uno de los desafíos más importantes de mi vida. Elegir la Universidad de Palermo, principalmente por su modalidad online y la posibilidad de equilibrar estudio y trabajo, terminó transformándose en muchísimo más que una cuestión de comodidad. Encontré acompañamiento, organización, empatía y profesores comprometidos que realmente motivan al alumno a seguir creciendo.
Recuerdo especialmente materias como Marketing y Contabilidad II, donde además del contenido académico, encontré docentes con una enorme calidad humana. En un momento personal difícil relacionado con mi salud, sentí un acompañamiento y una comprensión que me marcaron muchísimo y me hicieron sentir que detrás de cada clase también había personas interesadas en el bienestar de sus estudiantes.
Creo que hoy la profesión contable está atravesando una transformación enorme. La inteligencia artificial, la automatización y las herramientas digitales cambiaron la manera de trabajar y seguirán haciéndolo. A veces aparece el miedo de pensar si una computadora podrá reemplazar nuestro trabajo, pero con el tiempo entendí que la tecnología puede agilizar procesos, aunque nunca va a reemplazar completamente la empatía, el criterio profesional, la capacidad de interpretar situaciones complejas ni el acompañamiento humano que brindamos a cada cliente.
Pienso que el contador del futuro necesitará mucho más que conocimientos técnicos. Va a necesitar adaptabilidad, pensamiento analítico, rapidez para resolver problemas, capacidad de comunicación y, sobre todo, humanidad. Porque detrás de cada número siempre hay personas, proyectos, empresas y decisiones importantes.
También aprendí que estudiar y trabajar al mismo tiempo requiere esfuerzo, organización y muchos sacrificios. Hubo momentos de cansancio, frustración y duda, pero también hubo personas fundamentales que acompañaron mi recorrido. Mi pareja, por ejemplo, vivió conmigo cada etapa: desde las dudas y los miedos del cambio de universidad hasta la alegría de volver a disfrutar estudiar. Su apoyo constante fue una parte muy importante de este proceso.
Hoy, estando cada vez más cerca de recibirme, disfruto muchísimo el camino recorrido. Aprendí a valorar mis tiempos, a no vivir la carrera como una competencia y a entender que crecer profesionalmente también implica crecer como persona.
Si tuviera que dejarle un mensaje a alguien que recién empieza esta carrera, le diría que no baje los brazos. Que incluso en los momentos de frustración, siempre puede aparecer un nuevo comienzo. Que disfrute el proceso, que se permita aprender, equivocarse y crecer. Y que nunca pierda de vista que detrás del esfuerzo, siempre llega la satisfacción de ver todo lo que uno fue capaz de construir.
Porque muchas veces, el mayor logro no es solamente recibirse, sino volver a creer en uno mismo en el camino.
Agostina Monsalvo
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