Jens Wolter, Arquitecto UP, combina desde Alemania el ejercicio profesional con la docencia

“El espacio académico permite reflexionar, construir nuevos pensamientos, repensar e influir en la práctica profesional. La UP me brindó muchas experiencias interesantes en este sentido”. Jens Wolter, Arquitecto UP, combina desde Alemania el ejercicio profesional con la docencia

Jens Wolter es un arquitecto entre varios mundos. Nacido en Hannover, Alemania, emigró a Latinoamérica en su juventud y se quedó a vivir en Buenos Aires, donde finalizó sus estudios de Arquitectura en la Universidad de Palermo, fue profesor y desarrolló una exitosa carrera profesional. Luego de 17 años en la Argentina, retornó hace unos meses a su Alemania natal. Hoy, con su estudio JW Arquitecture basado en Berlín, mantiene su vínculo con nuestro país a través del intercambio académico, como docente universitario a distancia, mientras participa de diversos proyectos arquitectónicos.“La Universidad de Palermo me aportó una visión distinta sobre la Arquitectura. Al venir de otro contexto académico, disfruté mucho la amplitud y libertad en la enseñanza. Uno hace la carrera”, cuenta el egresado UP.

¿Cómo surgió la posibilidad de venir a Latinoamérica?

Mi interés comenzó cuando cursaba mis estudios en Hannover, Alemania, a través de un curso de Español de la universidad. Me llamó la atención la posibilidad de hacer un viaje de estudios a Quito, Ecuador. Fue así como me contacté con Latinoamérica. Fue realmente un descubrimiento el continente, con una cultura totalmente distinta a la mía. Después de cuatro meses, decidí quedarme más tiempo y me inscribí en una universidad de Quito como oyente, donde conocí una nueva forma de estudiar, que me gustó mucho. Me despertó mucha curiosidad, lo que me llevó a viajar por Latinoamérica. Habité en Ecuador, Argentina, Chile y Brasil.

¿Por qué decidiste continuar tu formación en Argentina?

En ese momento hice un viaje a Buenos Aires y,aunque solo estuve una semana, me encantó la ciudad. Creó un impacto en mí, una mezcla de sensaciones entre algo muy conocido y algo extraño, entre Europa y Latinoamérica; y me planteé estudiar ahí. Fue un impulso intuitivo de encontrarse en un inmenso espacio lleno de vida, una atmósfera urbana que condensa la mezcla entre lo terminado y lo inconcluso. Me inspiraba muchas ideas para continuar pensando la ciudad, y no moverme solamente en un entorno construido, muy acabado y controlado en cuanto a lo que se puede y lo que no se puede. Fui descubriendo nuevos lugares y así me quede a vivir y continuar estudiando en Argentina. Insertarse en un nuevo contexto cultural y educativo es algo sumamente enriquecedor. El encuentro con esta otra forma de estudiar fue complementario y muy rico para mí. Vivir en el extranjero te brinda esa posibilidad de alejarte, tener una visión más clara y objetiva, tomar distancia y ponerse en el papel de observador. Entonces la lectura que uno hace de la realidad tiene otra frescura.

¿Qué particularidades encontrás en la arquitectura de Argentina?

Es algo que empecé a entender a lo largo del tiempo, una síntesis en la que reconocí los rasgos de las arquitecturas europeas junto a algo nuevo, distinto. Después de muchos años, trabajando en Argentina, me di cuenta de que realmente es un lugar donde existe una arquitectura europea que no existe en la misma Europa, porque no hay un lugar europeo, sino que es una unión de países. Cada uno aporta su propio estilo y se mezcla en una sola ciudad: Buenos Aires. Esa es la particularidad que percibí. No es una ciudad construida con un mismo patrón, concluida: contiene edificios típicos franceses, otros estilo inglés, casas de la época colonial y otras inspiradas en arquitecturas provenientes del norte de Europa. Me parece algo muy atractivo, porque manifiesta una complejidad que da una calidad urbana que es muy rica, muy interesante.

¿Qué experiencias laborales destacarías a lo largo de tu carrera profesional?

Creo que todas las escalas fueron importantes en su momento. Tuve la posibilidad de trabajar en el estudio de Gustavo Robinsohn, quien fue profesor mío. También de participar en un concurso con Claudio Ferrari junto a Machado Silvetti. Esas experiencias fueron importantes durante mis estudios. Después, en el 2007, casi en el momento de recibirme, trabajé en el estudio Sauerbruch & Hutton, en Berlín, uno de cuyos socios es argentino: Juan Lucas Yang. Esa oportunidad surgió de un proyecto de la materia Práctica Profesional, con Hugo Celayeta, y fue una experiencia de trabajo muy intensa. Otra práctica interesante fue volver a Buenos Aires para fundar una sede del estudio alemán Peter W. Schmidt Architekten. A partir de ese trabajo, en el 2010abrí mi propio espacio dedicado a la arquitectura. Considero que toda actividad y búsqueda personal donde uno se compromete, se involucra decididamente, permite crear experiencias importantes, no solamente en el ámbito laboral. Y todas en conjunto construyen un saber que se interrelaciona. No podría destacar una sola experiencia, porque solo fueron posibles por todas las anteriores.
“Considero que toda actividad y búsqueda personal donde uno se compromete, permite crear experiencias importantes”.

¿Cómo trabajás en tu estudio JW Arquitecture?

Desde siempre sentí una necesidad de cierta independencia en mi andar. Luego de participar de la cofundación del estudio alemán PWS Arquitectos en Buenos Aires, surgieron posibilidades de realizar proyectos por parte propia. No fundé un estudio clásico, sino que prefiero trabajar en red, en sociedadescon otros colegas o profesionales de otras disciplinas, lo que encuentro bastante enriquecedor. Hemos trabajado en equipos de hasta tres personas, en obras de pequeña escala junto a dibujantes o proyectos más grandes asociado a equipos. Esta forma de trabajar me permitió apoyarme en un entorno de profesionales más experimentados, para enriquecer mi propia actividad.

¿Cómo complementás la práctica con la docencia?

Considero en la misma escala de relevancia a mis trabajos académicos, realmente los aprecio tanto como la actividad en la oficia. Son lugares donde uno puede reflexionar y trabajar con los estudiantes en construir nuevos pensamientos y cuestionar las certezas. Hay que considerar siempre a las aulas como un laboratorio para repensar e influir en la práctica profesional.Tuve muchas experiencias interesantes en ese sentido dentro de la Universidad de Palermo, que me permitió hacer mi propio camino como docente. Disfruto mucho de promover el intercambio de ideas.
“Hay que considerar siempre a las aulas como un laboratorio para repensar e influir en la práctica profesional”.

¿Cómo evoluciona la Arquitectura como disciplina y qué desafíos enfrenta?

Me parece interesante pensar a la docencia como un diálogo con los alumnos, no tanto como un catedrático que se para ante ellos para decir la verdad. Claramente, existen niveles de conocimiento que hay que transmitir desde los primeros años hasta los más avanzados,  pero siempre es importante partir de la posibilidad de que se puede construir un pensamiento y caminos de investigación propios. La idea es apoyar al grupo, y que cada alumno y alumna tenga sus intereses, acompañar el proceso. Estamos en un momento de tal cambio constante. Tenemos que ser hábiles en abrir el debate, fomentar lugares de reflexión, de escucha, generar propuestas y ser críticos. Hay que evaluar constantemente cuál de las certezas siguen vigentes, cuáles hay que cuestionar y volver a reflexionar sobre ellas. Es una postura fundamental en toda la práctica profesional y también en la docencia: pensar y trabajar como equipo.

¿Qué te aportó la Universidad de Palermo a tu carrera?

Algo que me gustó mucho fue la amplitud en la enseñanza que recibí al cursar en la Universidad de Palermo, la proximidad con los profesores. Uno realmente tiene la posibilidad de hacer de su carrera lo que desee, con mucha libertad, lo que pienso que es fundamental. Lo disfruté mucho. Fue muy interesante y me amplió bastante el panorama. Personalmente, me sirvió mucho, lo disfruté y me permitió crecer.
“Me gustó mucho la amplitud en la enseñanza que recibí al cursar en la Universidad de Palermo”.

¿Qué consejo les darías a los estudiantes y futuros arquitectos?

Sé que no es fácil, pero como trato de transmitir siempre en mis clases, lo que necesitamos es compromiso, trabajo serio y profesional. Eso requiere tiempo y dedicación, con mucha obsesión a la perfección y al detalle. No suelten nunca, apunten siempre más alto de lo que piensan que pueden dar. Cada uno tiene su momento, y a veces cuando es joven uno todavía no descubrió lo que quiere en la vida. Idealmente uno se tiene que apasionar con lo que hace, disfrutarlo mucho y tratar de explorarlo al máximo. Lo que necesitamos son personas que puedan pensar libremente por sus propios medios, capaces de formar una postura, una opinión en el mundo. Comprométanse realmente con las ideas, con los conceptos; sean capaces de expresarlos, alimentarlos, defenderlos, y con eso marcar su posición en el ámbito y escala en que se encuentren. Estén atentos a sus propias curiosidades, sean exploradores, busquen el camino para incorporar al cuerpo docente como ayuda, guía, tutores a los que consultar.


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