| “La primera vez que pise una cancha tras el trasplante, fue un mes después apenas. Fue algo único..." |
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Único hijo. “Un poco mal criado – comenta entre risas pícaras– pero buen alumno. Pude ser revoltoso pero por un tema de estatura estuve confinado a permanecer en los bancos de adelante, pero era inteligente. Un poco vago, distraído, inquieto pero estudioso”.
Nacido un 9 de Junio de 1976, en las intercesiones de Juan B. Justo y Aguirre, en pleno barrio de Villa Crespo, Ariel Baragiola, deja por entendido de manera implícita cual es el deporte que lo apasiona, sin ninguna indicación toma una raqueta, la mueve ligera en su mano y ayuda a elegir el ángulo para las fotos “acerquémonos a la red” acota y allí se quedará, comentará, recordará matices de su existir, de su historia, de los momentos, de los vaivenes de una vida que vale la pena repasar.
Es interesante conocer como quiso el hado que un niño argentino no tenga una numero cinco como regalo sino mas bien una raqueta de tenis. Como es que éste deporte se cruzó en su camino. “Fue un poco por decisión de mis padres. Vivía en una zona de plena avenida y con mucha concentración de tráfico. No podía salir a jugar a la calle sólo y entonces ellos decidieron, acertadamente, que tenia que crecer en un club. Era un lugar seguro donde podía desarrollar las actividades de manera tranquila” Fue entonces el ya extinto Club YPF el que cobijó los primeros años de Ariel, luego (hasta la actualidad) compartiría sus momentos en las instalaciones del Club Comercio.
En primeras instancias paso como todo niño por varias disciplinas, desde básquet, natación, pasando por hockey y claro esta, tenis. Estos últimos fueron los que más se acoplaron con su ser. Practicó en forma paralela ambos y cuando ya era adolescente tuvo que decidirse y la raqueta ganó la pulseada.
Fue en esos años, donde la vida parecía encauzarse, donde el camino insinuaba un norte fijo, cuando Baragiola tuvo que pegar un “timonazo” imprevisto. Un problema de salud sorprendió su juventud y algunas cosas debieron cambiar. Pero como reza el proverbio chino esa crisis fue enseguida sinónimo de oportunidad y llegaron momentos que jamás intuyó. De los buenos y de los malos.
“Era joven, entrenaba ya en Club Comercio. Venia haciendo la vida de un chico de 13/14 años, normal, común. Entonces se me presenta un virus en mi cuerpo, termina afectando los riñones con consecuencias de problemas renales en ambos. A partir de entonces todo cambio, tuve que comenzar a visitar regularmente médicos, modificar mi alimentación, suprimir la sal, cuidarme con algunas comidas, todo un tema para un joven de quince años que apenas esta “saliendo del cascarón” digamos” Ariel sobrellevó con éxito ese primer escollo. Con vida sana salió adelante, volvió cuando promediaba los veinte a pisar una cancha de tenis. Pero a veces el destino se encapricha y no le vasta propinarnos un tropezón sino que va por más. La función renal había quedado deteriorada no alcanzó las mejorías deseadas y los médicos empezaron a manejar la hipótesis de un trasplante.
“Si bien era una instancia que tratamos de evitar, quizás de manera inconsciente me fui haciendo durante ese año la idea del trasplante. Tal vez por ello si bien fue un impacto duro de vivir, otro más, supe como manejarlo en cierta forma” Arrancó entonces el proceso de diálisis (NR es un proceso por medio del cual se produce un filtrado artificial de la sangre. En éste, se retiran los elementos tóxicos del torrente sanguíneo cuando los riñones han perdido su capacidad). Complementariamente los padres se sometieron a estudios para establecer la compatibilidad y ambos salieron positivos. Por motivos de salud y por posibles complicaciones quedó excluido el papá y fue su mamá la que donó el riñón para que Ariel continuara su vida un 16 de Marzo de 1995.
“Yo siempre digo que mi mamá me dio la vida dos veces – afirma y los ojos brillan al tiempo que la sonrisa se dibuja instantánea en su rostro- el trasplante fue como volver a vivir”
Perpetúo una serie de controles con la mente siempre puesta en volver a pegarla a la bocha amarilla. Entonces si, aquel que maneja las aventuras y desventuras de nuestro pasar en la vida, le dio la derecha y tras años de momentos complejos, donde la tristeza, la angustia y los nervios fueron actores principales, la energía positiva recorrió cada rincón de su entorno y el sol apareció tras las nubes grises.
“La primera vez que pise una cancha tras el trasplante, fue un mes después apenas. Fue algo único, nadie podía creer que estaba pegando otra vez con la raqueta. Fue en Comercio, estaban amigos y mi viejo recuerdo, fue un momento especial, muy emocionante. Lo más importante creo que fue el mensaje tácito que uno deja, eso de como una persona puede pasar por un momento tan limite, como fue el trasplante, y seguir su vida normal”.
Momento claro esta que no seria el único, porque todavía había más curvas en este laberinto interesante. Una tarde cualquiera, de control rutinario, un cartel en una pared fue el punto de partida de una etapa nueva. Diferente. Estaba en el umbral de la gloria.
“Hacia ya un año de la operación, y en ese control leí que se realizarían en el CERNARD (NR Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo) los primeros Juegos Argentinos para Trasplantados. Ahí nomás inicie las consultas, como hacer, como inscribirme y fue una de las experiencias más lindas de mi vida”
Fue así que en Diciembre de 1996 Ariel Baragiola participo de Tenis y Tenis de Mesa. Medalla de oro en Singles. Primera medalla de muchas que estarían por venir.
Ganar esos Juegos implicó ser parte de una lista de espera para participar en los Juegos Mundiales de la especialidad. Con becas limitadas las esperanzas pululaban por el éter. Dos días antes de la navidad el regalo tomó forma de impulso eléctrico, recorrió los cables telefónicos se hizo resonar el timbre del teléfono. Presencia asegurada, Sídney, Australia, era el destino siguiente. Casi dos decenas de deportistas y otros tantos en categoría de acompañante. Agosto de 1997. Los colores de la Argentina flameando en lo alto. Entre ellos Ariel, que no entendía aún lo que estaba viviendo “De repente estaba desfilando con la Bandera de mi país, en una Olimpiada, en el Opera House de Australia (NR Es uno de los edificios más famosos y distintivos del siglo XX. Declarado en 2007 Patrimonio de la Humanidad, fue diseñado por el arquitecto danés Jørn Utzon en 1957 e inaugurado el 20 de octubre de 1973, con presencia de la reina Isabel II del Reino Unido) la verdad que no entendía donde estaba parado” Esos flashes que en la Ceremonia de Apertura eran para todos luego se focalizarían en él y su compañero de Dobles. Primeras medallas para la Argentina. Primera Medalla Dorada para Ariel.
“La verdad que son recuerdos imborrables. Es cierto que luego llegaron otras medallas, pero esa de Sidney fue especial. Además estar en el podio por primera vez, las cosas que a uno le pasaron por la mente. Amigos, la familia, las cosas que viviste. El donde estas ahora. En lo que sufrimos todos. Es una situación hermosa, única”.
Y no solo la gloria es personal. Bien lo deja en claro en su relato, los objetivos de este juego trasciende lo individual y apuntan a lo colectivo, lo social “Uno puede competir pero ahí no hay banderas, todos terminan abrazados, amigos, porque la intencionalidad es causa común, estamos en ese lugar consecuencias todos de un mismo pesar. La idea es poder mostrar al mundo que se puede, que si hay ganas se pueden hacer muchas cosas, es lo principal. La idea es contagiar en la sociedad esas ganas, generar conciencia colectiva es la meta principal al estar allí”
Sirve, ayuda y mucho, escuchar al profe en su relato. Porque como todo en la vida hay temas importantes que pasan desapercibidos hasta que uno no choca de frente con ellos. En todos los ámbitos, en todas las clases sociales, en todas las partes del mundo. Por ello es interesante conocerlo, saber de su historia, la de muchos, la de cientos. Atrás del hombre, de sus logros, de sus anécdotas, esta la premisa de empapar de sabiduría al resto. Sobre todo en lo que respecta a la donación de órganos. “La realidad es que yo antes de mi problema de salud, o mi familia y amigos, no sabíamos nada de lo que significaba un trasplante, estar en una lista de espera. Luego cuando te pasa, recién entonces, uno se interioriza, comienza a estudiar como es el tema de la donación, se contagia tu entorno de la problemática y trata de ayudar al resto. Te haces donante voluntario y esas cosas, te das cuenta de lo importante que es para ayudar al resto”
Pero no todo había terminado en Australia, los logros seguirían llegando y además de Tenis (en ambas especialidades) habría espacio para Tenis de Mesa e incluso Squash.
“Lo de Ping – Pong era más por gusto. Es un juego donde utilizas mucho las muñecas, lo practique de siempre, paralelo al tenis. Me anoté y tuve la suerte de ganar la medalla de Bronce. Un regalo más de la vida. Sobre todo porque enfrente había chicos profesionales, personas con sponsors. Fue interesante. Luego lo de Squash ya si fue más que impensado. A instancias de un amigo que también jugaba, que insistió para que lo haga, argumentado que podía jugar porque tenia la base del tenis y paddle, entendía que yo podía hacerlo y le hice caso. Participamos en 2009 en los Juegos de Queensland (Australia) y ganamos también la de Bronce. Pero fue debut y despedida porque implica un desgaste físico impresionante, muy de contacto, súper agresivo y terminas muy agotado”.
El amor por el tenis no sólo lo plasma desde lo individual, desde las competencias sino también como Profesor. Entiende que la satisfacción no solo llega desde el podio, en ocasiones se halla en el sabor que deja el saber que uno trasciende a si mismo. El legado de dejar su sabiduría en otra persona implica un goce que experimentó desde hace un tiempo. Enseñar a jugar le concede esa gracia de sentirse útil, de poder aportar su granito de arena en la vida de otra persona.
“Empecé porque me gusta el contacto con la gente, dejar una enseñanza. Arranque de joven dando clases en escuelitas para chicos. También entrenaba en Club Comercio, en un nivel más competitivo. Y de repente, a través de contactos en la UP, se dio la oportunidad de dar clases y acá estamos. Me encontré con un grupo de chicos divinos. Cada uno con su particularidad. No es mucho tiempo el que llevo a cargo de la cátedra, pero te puedo decir que es una experiencia muy positiva”.
Un profesor interesante, que sabe, que entiende a la perfección el deporte y la docencia. Se dedica de lleno al alumno. “Un poco obsesivo –según se autocalifica- pero también muy paciente” Insiste en que su premisa a la hora de enseñar es que puedan aprender y no arengar con simpleza “Por eso les marco, una y otra vez, los puntos a corregir. Paro el juego, les muestro el movimiento. Repito: sé que parezco un tanto obsesivo en ese aspecto, pero es, a mi entender, la mejor forma de ensañar. No me interesa tirarle las pelotas y que peguen por pegar. Les marco las jugadas, trato de que se lleven lo que viene a buscar: su mejora en el juego”
Es momento entonces de que el profesor se meta en su roll y analice el juego, los puntos positivos, los negativos, lo bueno y lo malo de Ariel Baragiola como jugador: “Su fuerte es el juego de red, es un jugador agresivo, sobre todo porque pega con las dos manos, entonces de fondo se le complica porque pierde muchísimo alcance. Es un jugador más de doble, pero cuando lo hace en single la idea es que juegue puntos cortos y enseguida subir a la red. Su mejor característica es la volea. Respecto a lo que debería mejorar seria sin duda el juego de fondo y tener mas paciencia (risas)”.
Por ultimo nos cuenta sobre su futuro inmediato. Se ilusiona para participar de los Juegos del 2013 en Sudáfrica, pero entiende que depende de los recursos económicos “Como siempre las becas son limitadas, dependemos de los fondos de la Nación y de los sponsors que podamos conseguir, esta complicado pero veremos que sucede”. De todas formas antes estarán otra vez los Juegos Argentinos “se realizaran a fines de este año en el CENARD y estaremos participando si Dios quiere, como en los últimos años”.
Y si de ilusiones se trata, no esta mal soñar con unas Olimpiadas acá en el país. Nos cuenta que existe un “proyecto, pero esta bastante verde. Es cuestión de tiempo”. Apoyado en su experiencia nos da su perspectiva “Entiendo que tenemos infraestructura. Creo que una buena sede seria Mar del Plata. Sobre todo porque estas competencias necesitan de la atención del público, un lugar como Capital no seria tan alentador, por las diferentes opciones que existen. Una ciudad del interior, al contrario, atraería una mayor cantidad de personas. Como pasa en la Copa Argentina de Fútbol, que es mas federal y los estadios están casi siempre llenos”.
La noche estaba en su esplendor. La luna aún permanecía imponente, como olvidada de su función natural y compenetrada en la charla. Era turno de dejar espacio a los alumnos. La hora de Tenis Nivel Inicial se había aproximado y las pelotas comenzarían su juego aleatorio por los cielos de Club de Amigos.
Ariel se confunde con ellos, se mimetiza con la raqueta aun en sus manos y comienza a distribuir la buena energía que reina siempre en sus clases. Esta en su ámbito, en su hábitat cuasi natural. Se siente a gusto haciendo lo que mas le gusta: jugar y enseñar tenis. El hombre, sus sueños, sus cualidades, todos aglomerados tras un mismo objeto: la pelotita amarilla. |