| "...el Ciclo de Juegos por las Sedes volvió a hacer de las suyas: repartió diversión, alegría y premios..." |
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El green, de casi tres metros de extensión, que se ubicó en la sede de Mario Bravo 1050 se pareció muchísimo a cualquiera del circuito profesional de golf. Primero, por la gran cantidad de gente que convocó. Y segundo, claro, por la puntería y calidad que demostraron cada uno de los que se prendieron a jugar.
Así, como no podía ser de otra manera, los que ganaron, más allá de embocar o no la pelotita en el hoyo, fueron los alumnos, quienes se divirtieron a lo grande e hicieron de una nueva jornada del Ciclo de Juegos por la Sede un éxito total. Sí, sin dudas, fue hoyo en uno para el golf, una de los juegos propuestos por el Departamento de Deportes y Actividades Sociales.
Uno de los golfistas de turno fue Alejandro Salé, estudiante de APM (agente de propaganda médica), que en su primer intentó metió la pelota en el hoyo y obtuvo su premio instantáneo: un libro. Enseguida, reveló su secreto: “El golf me gusta mucho y quise probar ya que, cada tanto, soy de ir a jugar”. Pero ese no es el único deporte practicado por Alejandro… “Frecuentemente hago natación. Es un relax, como mi cable a tierra”, explicó. Eso sí, antes de irse dejó su opinión del Ciclo de Juegos por la Sedes: “Está muy bueno para motivar y darle un enfoque diferente a los alumnos”.
Quedó demostrado que muchos de los que cursan en la sede de Diseño y Comunicación de Mario Bravo comparten ese pensamiento, porque la concurrencia a cada una de las actividades (también hubo dardos y yenga) fue impresionante. El que no estaba jugando o esperando su turno, hacía las veces de hinchada. Así, el salón de recreo y/o descanso se transformó en un parque de diversiones, donde el golf fue la estrella de lujo. ¡Si hasta se armó un torneo entre varios participantes!
Si, era tanta la demanda que tenía la canchita de golf que los que estaban esperando su turno decidieron armar una competencia, en donde el primero que la embocara sería el ganador. Y tras tres rondas de intentos fallidos, uno de los participantes pudo meter la bola en el hoyo y así consagrarse como el campeón de la jornada. Así, se llevó los aplausos de todos los demás.
Igual, a esa altura, poco importaba quién era vencedor o vencido. El objetivo, que era pasar un momento divertido y diferente, ya se había cumplido. De esta manera, el Ciclo de Juegos por las Sedes volvió a hacer de las suyas: repartió diversión, alegría y premios para todos los que estuvieron presentes. |