| "No he jugado más de tres veces, pero me gusta mucho." |
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Para llegar a las aulas de la sede de Larrea hay que tomar un ascensor. Claro, cuatro pisos por escaleras un viernes a las seis y pico de la tarde, suelen costar un poco… Y uno de los tantos alumnos al que le tocó cursar y hacer ese recorrido fue a Richard Ortega, quien ni bien pisó el 4° piso agarró el palo de golf y probó suerte en el mini-campo que se había armado en la sala de recreo.
Mirada seria, concentración y una buena postura hicieron que este guatemalteco, embocara la pelota en el hoyo en el segundo intento y se llevara una remera como recompensa. Y, envalentonado por su logro, prometió inscribirse a las clases de golf, beneficio que tiene gracias a la UP.
-¿Te gusta el golf? -Sí, sí, me encanta. No he jugado más de tres veces, pero me gusta mucho. Y eso que antes pensaba que el golf era aburridísimo… Pero una vez fui a jugar con mi hermano con la idea que era mini-golf y al final eran hoyos par tres. La cuestión fue que jugamos y me encantó, así que ahora me gustaría aprender…
-¿Sabías que gracias a la UP tenés clases para que puedas arrancar ya mismo? -(Abre los ojos) No, ¿en serio? Ni idea tenía. Bueno, ahora que ustedes me lo comentan me voy a anotar sin dudarlo. Muchas gracias por la información entonces (risas).
-¿Y en la carrera venís tan bien como en el golf? -(Risas) Sí, sí, vengo bien. Es más, estoy a punto de entregar el 70% de la tesis, así que sólo me falta un 30% para ser licenciado en Hotelería. Vine desde mi país a estudiar así que estoy muy contento de estar tan cerca del final.
-¿En Guatemala qué deporte es el más popular? -El fútbol, pero el equipo es malísimo: ni siquiera hemos clasificado a un Mundial. Es una vergüenza.
-¿Y tienen algún deporte típico? -Que yo sepa, no hay ningún juego típico de Guatemala…Lo único que sí sé es que los Mayas fueron los que inventaron el primer juego con pelota de la historia.
-¿Nos podés contar como era? -Sí, claro. El objetivo era embocar la pelota, que era de caucho, en un aro que estaba ubicado como a cinco metros de altura. Lo particular es que la pelota debía ser impulsada con la cadera y al que perdía lo mataban. |