Pasantías: una oportunidad de resolver el primer empleo de miles de jóvenes universitarios

Juan Manuel Lavignolle, coordinador de la carrera de Contador Público, analiza el debate acerca de la modalidad de contratación de las pasantías.



Por Juan Manuel Lavignolle

En la discusión sobre la reforma tributaria y, en particular, sobre la cuestión de costos laborales, comenzó un interesante debate entre las partes interesadas (sindicatos, empresas, gobierno) que en los últimos días volvió a instalar sobre la mesa la palabra "pasantía", modalidad de contratación que en sí misma no debería alterar la susceptibilidad de ninguna de la partes, pero que, dados sus antecedentes, encendió un debate que vale la pena seguir.

Sin dudas, el régimen de pasantías tiene como argumento positivo el de la generación de nuevos empleos para los jóvenes universitarios, que les permite dar el primer paso en su experiencia laboral aplicando los conocimientos que se adquieren durante la carrera universitaria.

Al discutir las pasantías se podrá leer o escuchar frases aisladas y contextualizadas con miles de argumentos en pro o en contra. Cada sector opinará desde su vereda y así seguirá el debate eternamente, pero si el objetivo es buscar soluciones, debemos pulir las ideas y encontrar puntos en común que permitan definir acciones tangibles que mejoren las posibilidades de empleo de millones de jóvenes que hoy no logran salir de un estado de incertidumbre sobre su desarrollo laboral.

¿Las pasantías son sinónimo de trabajos no registrados como algunos jugadores quieren instalar? De nuestra parte opinamos que es una herramienta muy eficaz y eficiente que permite complementar el estudio universitario de miles de jóvenes que quieren experimentar su primera relación laboral.

Si bien en el pasado las pasantías se utilizaron sin control eficiente y de un modo precario y hasta abusivo, claramente no es la solución de fondo para mejorar la empleabilidad de la población laboral activa, pero sí es una herramienta que, pensando en los errores cometidos, se debería perfeccionar para dar un paso inicial en el desarrollo de los jóvenes universitarios (Se manifestó que se busca "sumar 300 mil trabajadores por año al sistema formal, en el que el Estado se haría cargo de abonar parte de los aportes patronales de quienes sean regularizados").

Para ello, es necesario reglamentar y fiscalizar el proceso para evitar abusos por el lado del empresario y generar mecanismos para que ese primer paso o escalón que da la pasantía se transforme en un proceso formativo-laboral y una futura relación laboral en condiciones superadoras para el aplicante.

Cada jugador es clave en el proceso: el Gobierno, definiendo reglas claras y fiscalizando; los empresarios, respetando el mecanismo que sin duda les va a generar un abaratamiento en sus costos laborales y no abusando del modelo (no se puede volver a repetir el esquema de la pasantía permanente); los gremios, apoyando en la fiscalización y el proceso formativo del joven estudiante; y los aplicantes, tomando esa primera experiencia laboral como parte de su proceso educativo y formativo. Es clave la responsabilidad de cada una de las partes involucradas para que el modelo de pasantías cumpla su cometido y sea exitoso. Puede haber normas y disposiciones que las regulen, pero estará en cada uno, desde donde le corresponda, ejecutarlas para que sean una herramienta eficaz y eficiente.

Por último, desde el punto de vista educativo y focalizando en las prácticas profesionales de los estudiantes universitarios, es vital y prudente incentivar un modelo de prácticas-pasantías, ya que desde organismos de contralor o de gestión educativa se exige en muchas carreras el desarrollo de estas, lo que en el contexto actual genera problemas de implementación al no haber un marco regulatorio.



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