Retos y condicionantes para mejorar la investigación en las universidades argentinas

Retos y condicionantes para mejorar la investigación en las universidades argentinas

Ana García de Fanelli presentó "La importancia de la investigación en las universidades nacionales de la Argentina: situación actual y retos a futuro", trabajo que forma parte del libro de la Colección de Educación Superior de la Universidad de Palermo: La Agenda Universitaria IV, Viejos y Nuevos Desafíos en la Educación Superior Argentina. La presentación contó con los comentarios de Elida Hermida, doctora en Ciencias Físicas (UBA) y de Lucas Luchilo, subsecretario de Evaluación Institucional de Ciencia y Tecnología.

En su artículo, Fanelli aborda la cuestión de la investigación en las universidades y la importancia que las agencias de evaluación y las propias instituciones otorgan a la función I+D en comparación con la docencia.

La autora parte de la discusión que se está dando a nivel internacional en la emergencia de lo que se llama “universidades de clase mundial”, es decir, universidades concentradas en actividades de investigación y señala que “hay países como China o Rusia que están invirtiendo mucho en desarrollar este tipo de universidades”. “En el ámbito internacional cada vez más es pensada la universidad de investigación como un ideal a alcanzar”, aseguró Fanelli.

En ese sentido planteó el interrogante acerca de si es absolutamente necesario que las universidades desarrollaren investigación y que lo haga cada uno de los miembros del equipo docente.

En su trabajo, la investigadora rastrea en la literatura y busca datos que efectivamente den cuenta de la importancia de la complementariedad entre enseñanza e investigación. Trabaja tres dimensiones: recursos humanos, financiamiento y productos académicos, para conocer en qué medida en Argentina se pueden encontrar ciertos aspectos de estas universidades que dieran alguna pista de su capacidad de desarrollar a futuro y fortalecer la función de investigación.

En su presentación Fanelli explicó que “cada vez más los indicadores de medición de calidad pasan por los resultados que se obtienen en el campo de la investigación. Esto se ve reflejado en los rankings y en las evaluaciones de agencias como CONEAU” y aseguró que “esto converge en que la investigación pasa a ser el criterio más importante para obtener mecanismos de promoción y contratación favorables de los docentes universitarios”. Además que esto ocurre en un contexto de creciente masificación de la educación superior y surge una necesidad de diferenciación que presiona en algunas universidades el desarrollo de la función de investigación.

Pese a las limitaciones de los estudios empíricos, la autora encuentra argumentos a favor de la complementariedad entre actividades de investigación y docencia, así como el hecho de que la enseñanza sea conocimiento de frontera y que es muy importante adquirir un cierto método de aprendizaje que puede mejorar no solo el aprendizaje en sí mismo, sino lograr una mayor retención. A su vez, los estudiantes valoran la no repetición de conocimiento provenientes de los manuales y también es relevante para los docentes poder transmitir los resultados de las investigaciones que están llevando a cabo ya que eso les permite ver brechas e inconsistencias en sus desarrollos teóricos y empíricos. Pero también hay argumentos sobre que ambas actividades son sustitutas, como la dedicación de tiempo, los diferentes criterios de valorización y las diferentes personalidades de docentes e investigadores.

Como lo expresa en su artículo: “La literatura internacional no da cuenta de la sinergia necesariamente positiva entre enseñanza e investigación, aun cuando deja entrever que la realización de ambas actividades dentro del contexto de una institución, y no necesariamente por los mismos individuos, puede mejorar la calidad general de la enseñanza y la retención al potenciar la integración social y académica de los alumnos”.

En el caso de Argentina, Fanelli subrayó que hay una fuerte heterogeneidad de marcos regulatorios que rigen la relación entre enseñanza e investigación y una desigual formación de los docentes para desarrollar actividad de investigación, y a su vez una variedad de situaciones, distintos criterios de promoción, de ingreso, etc.

También aseguró que, en nuestro país respecto de otros como Brasil, por ejemplo, “tenemos una muy baja proporción de docentes con título doctoral”. A esta situación compleja en relación con los recursos humanos se suma la cuestión del financiamiento donde en los últimos años se registra una reducción del presupuesto asignado a Ciencia y Tecnología dentro de universidades nacionales. La autora expresó que “si queremos desarrollar universidades de clase mundial tenemos problemas, y uno de ellos es el financiero”.

Para Fanelli uno de los retos es elevar la formación académica a nivel doctoral a través de políticas propias de las universidades, aumentar los cargos de dedicación exclusiva hasta alcanzar una masa crítica necesaria e incrementar los fondos propios destinados a la actividad de investigación por parte de las universidades. Además considera que puede ser conveniente generar criterios diferentes de evaluación para evaluar la actividad de investigación original realizada por los docentes investigadores y la investigación de cátedra que llevan a cabo los docentes, la cual es muy loable que se promueva e incentive, pero que no obedece a los mismos criterios que la investigación original.

Comentarios de Elida Hermida y Lucas Luchilo

Por su parte, Elida Hermida hizo hincapié en la necesidad de “bregar por la complementariedad”. Poniendo el caso de las carreras de ingeniería que han definido la importancia de las competencias que adquieren los graduados aseguró que “investigar para aprender es una secuencia que tiene que venir involucrada en los planes de estudio para lo que tiene que haber más financiamiento”.

Planteó que hay un “desafío de convertir al sector tecnológico científico en un sistema y para eso todos los engranajes tienen que estar articulados y ahí nos debemos bastante trabajo”.

“Desde el sector científico y desde las universidades que hacemos investigación demandamos políticas claras univocas en cuanto a instituciones que trabajamos en el sector nacional”, expresó la profesora de la Universidad Nacional de San Martín.

Por otro lado, aseguró que “en la relación entre investigación y docencia esas políticas también redundarían en beneficios para nuestros estudiantes. Ellos están muy interesados en conocer qué hacen sus profesores, qué investigan, en qué trabajan”. Entonces se preguntó “cuánto se amplificarían esas políticas nacionales si pudiéramos contarles que estamos trabajando para mejorar la calidad de vida de los habitantes del territorio de donde ellos mismos vienen”, dijo Hermida.

“Lo que más destaco en esta relación de la universidad con la investigación son los jóvenes que están ávidos de tener ambientes donde poder desarrollarse, hacerlo en el país y con la mayor creatividad posible. En ese caso también desde las universidades nos están faltando indicadores que evalúen esto más allá de la tasa de graduación”, concluyó.

En sus comentarios Lucas Luchilo retomó y profundizó la cuestión de la doble dependencia de investigadores que pertenecen al CONICET y a universidades que expuso Fanelli. Estableciendo cierta crítica al modelo de asignación de becas, a la creación de institutos y al grado de endogamia debido a la estructura de la carrera de investigación.

Por otra parte expuso datos que muestran que “en Argentina llama la atención una baja participación de investigadores en el sector privado y un peso mayor de investigadores en el sector gobierno que en el sector de educación superior contrastando con lo que es la tendencia en otros países latinoamericanos”.

Para concluir, el subsecretario de Evaluación Institucional de Ciencia y Tecnología dejó abiertas algunas preguntas como ¿Pueden las universidades recuperar protagonismo en el sistema científico argentino? ¿Cómo están representados los intereses hacia el fortalecimiento de la investigación en los gobiernos de las universidades? Al igual que el trabajo de Fanelli, invitan a seguir reflexionando sobre la situación de la investigación en el sistema universitario y los desafíos a futuro.

El libro La Agenda Universitaria IV, Viejos y Nuevos Desafíos en la Educación Superior Argentina, que compilo y editó Carlos Marquis es producto de un proceso de trabajo que se desarrolló en la Universidad de Palermo durante 2018 en el que se generaron análisis críticos y propuestas de políticas tendientes al mejoramiento de la Educación Superior.

Forma parte de la Colección de Educación Superior de la UP, cuyo objetivo es colaborar con el desarrollo de los líderes y protagonistas del mundo académico, facilitando el acceso a obras de autores locales e internacionales en la materia, a fin de promover el análisis de la universidad moderna, sus funciones y los desafíos a los que se enfrenta.

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