| "...la propuesta de batirse a duelo en el Yenga pudo más que cualquier trabajo práctico." |
|
Computadoras, hojas desparramadas arriba de la mesa y varios libros dando vueltas… Pablo Puglia y Oscar Falqui eran dos de las pocas personas que, cerca de las seis de la tarde, poblaban la sala de descanso del cuarto piso de Larrea. Pero enseguida, el momento del estudio tocó su fin. Claro, la propuesta de batirse a duelo en el Yenga pudo más que cualquier trabajo práctico. Sí, el Yenga (o Jenga, según más le guste), ese juego que popularizó Gerardo Sofovich en la Noche del Domingo, tuvo su debut en la UP un viernes por la tarde.
Así, Pablo y Oscar fueron los primeros en jugar al nuevo entretenimiento que ofrece en Departamento de Deportes y Actividades Sociales dentro del marco de Ciclo de Juegos por las Sedes junto al básquet y al mini golf. Y, obvio, las ganas de jugar y los chistes aparecieron instantáneamente… Así como la gente, que de a poco fue llegando a Larrea y armó una tribuna improvisada para disfrutar de una partida por demás entretenida…
Sí, se notaba que entre ellos había buena onda: si bien Pablo está cursando la Licenciatura en Management y Oscar la carrera de Contador Público, comparten una materia en la cual se ha forjado esta amistad. Amistad que quedó de lado a la hora del yenga. “Guarda con sacar ese, que se cae todo”, avisaba uno. “Uh, la tenés complicada ahora”, respondía el otro.
Pero más allá del espíritu competitivo, los dos coincidieron en algo: “Este tipo de eventos vienen muy bien para cortar la rutina”. Y se notaba, porque las risas aparecían tras cada movimiento. “La verdad que lo armaron muy bien. Es impresionante. Sólo faltaron las secretarias que tenía Sofovich”, soltó entre risas Pablo. Y agregó: “Me gustan mucho los juegos de mesa. El TEG, por ejemplo, me encanta, pero es muy largo. Creo que todavía estoy jugando una partida que arranqué cuando tenía 12 años (risas)”. “Yo soy medio reacio a esos juegos, pero esta iniciativa está muy buena”, se sumó Oscar.
Lo cierto que es las agujas seguían corriendo y la torre de fichas era cada vez más alta. E inestable. Así fue como Pablo, en una jugada desafortunada, derrumbó la pila de fichas, que ya parecía eterna. Y el derrumbe, claro, trajo sus consecuencias… “Pensé que iba a tener más resistencia, pero resultó más fácil de lo que esperaba”, chicaneó Oscar, quien además del orgullo de haber ganado se llevó un lindo premio. Pero eso fue lo de menos. Los dos ya habían ganado… |