| “Estas movidas están muy buenas ya que cortan con la rutina y te sirven para descontracturar un poco." |
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A las seis y media de la tarde, la sede de Larrea ya era un ir y venir constante de profesores y alumnos. La sala de recreo, revolucionada por la llegada del Ciclo de Juegos, lucía más repleta de lo normal y ninguno quería privarse de jugar a alguna de las actividades propuestas por el Departamento de Deportes y Actividades Sociales.
Así fue como uno de los alumnos, obnubilado por el mini golf, agarró el palo e intentó un sinfín de veces embocar la pelotita en el hoyo. Pero se ve que la suerte, y la puntería claro, no estaban de su lado. Para peor, un compañero suyo (con el cual debían dar un examen oral minutos después) lo chicaneó: “Dejame tirar que te enseño”. Y, como no podía ser de otra manera, la pelotita entró en el hoyo, mansa y tranquila.
Con una sed de revancha evidente, el duelo en el Yenga entre ambos no se hizo esperar. Lo que sí se hizo esperar fue el final de la partida, porque tal como graficó Gastón, uno de los protagonistas, la “torre casi llegó hasta el techo”. Mientras, decenas de estudiantes y profesores formaban una ronda, para ser espectadores de lujo de un duelo que parecía no tener fin.
“Dale, tirala que tenemos que ir a rendir”, pidió uno. Pero no, en esta partida, tal como en todas la que se disputaron esa tarde en Larrea, no dejaría ni un ápice de compasión. “No, no, no saques esa, que no te conviene”, exclamaba uno de los espectadores desde afuera. “Ojo, que con las dos manos, no vale”, avisaba otro, que se había calzado la ropa de referí.
Y mientras el partido de Yenga entraba en su punto más candente, otros alumnos probaban suerte en el básquet y en el mini-golf, con la posibilidad de llevarse un libro o una remera de la Universidad como premio. Pero de repente, cuando la diversión era la gran protagonista de la tarde, las agujas marcaron las siete de la tarde y la hora de entrar a cursar había llegado.
Entonces Miguel, en una jugada muy polémica que aún sigue despertando controversia, sacó una ficha de la base y produjo lo inevitable: la caída de la torre. “Ojo, que lo dejé ganar”, avisó. “Es un chamullero, la hubiera tirado antes si quería perder”, le devolvió Gastón, en medio del murmullo que generaban los espectadores, quienes analizaban la jugada fatídica…
Eso sí: antes de irse a rendir el oral que lo tenía tan preocupado, Gastón dejó una frase que pareció abarcar el pensamiento de todos los alumnos: “Estas movidas están muy buenas ya que cortan con la rutina y te sirven para descontracturar un poco. Ojalá que se repita pronto”. Así será. |