María Celeste Braga Beatove, abogada UP, trabaja en el Ministerio de Justicia de la Nación e investiga en CIPPEC

"El Derecho es una herramienta creativa que nos permite coordinar nuestra vida en comunidad", señala la abogada, fundadora de la ONG Innocence Project Argentina.
María Celeste Braga Beatove, abogada UP, trabaja en el Ministerio de Justicia de la Nación e investiga en CIPPEC

María Celeste Braga Beatove es abogada egresada de la Facultad de Derecho de la Universidad de Palermo. Actualmente se desempeña como asesora en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación y como investigadora asociada dentro del CIPPEC; además de colaborar en Red Alas (Red Latinoamericana de Académicas/os del Derecho). Aunque su labor por combatir desde distintas organizaciones jurídicas las injusticias en nuestro país, comienza desde mucho antes: creó y dirigió Innocence Project Argentina, fundación que aborda la problemática de condenas erradas con ayuda de especialistas en Justicia y Seguridad. “Mi paso como estudiante de la UP contribuyó con esta mirada innovadora de la profesión", sostiene la abogada Braga Beatove, cuando recuerda sus años de formación.

¿Qué trabajo realizás dentro del Ministerio de Justicia de la Nación?

Soy asesora de la Dirección Nacional de Relaciones con la Comunidad Académica y las Organizaciones de la Sociedad Civil del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. En general, me dedico a asesorar en el armado de agendas de trabajo con una perspectiva estratégica de largo, mediano y corto plazo. En la Dirección Nacional la agenda concreta es la de promover ciertas reformas en la enseñanza del Derecho, poniendo el foco en las destrezas de la abogacía. Esto es, en una enseñanza más enfocada a la práctica. Mi paso como estudiante de la UP contribuyó con esta mirada innovadora de la profesión, pues la Facultad de Derecho de la UP, con el liderazgo de Martín Böhmer y Roberto Saba, con quienes tuve el enorme privilegio de poder colaborar, siempre fue pionera en la capacitación.

¿Qué otras tareas vinculadas al Derecho desarrollás en la actualidad?

En el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) me desempeño como investigadora asociada. Allí desarrollé muy recientemente una investigación sobre la performance de la justicia penal en su capacidad para perseguir y sancionar la corrupción. Se trata del capítulo argentino de una investigación que incluye otros países de la región y el resultado se publicará en unos meses. También hago consultorías en comunicación legal estratégica, soy profesora universitaria y colaboro en la coordinación de la Red Alas (Red Latinoamericana de Académicas/os del Derecho). Finalmente, junto a otro estudiante de la UP, aunque de posgrado, Leopoldo Pérez Obregón, creamos un podcast. El show se llama Nada Está De Más, y allí dialogamos con distintas personalidades del mundo de la cultura, la política y las ideas sobre las cosas que saben y lo que más les gusta hacer en la vida, mientras nosotros seguimos aprendiendo. Lo pueden encontrar en Apple Podcast y Spotify.

¿Por qué decidiste fundar la ONG Innocence Project Argentina?

Innocence Project Argentina surge como idea a partir de las repercusiones del caso de Fernando Carrera, en la película Rati Horror Show, dirigida por Enrique Piñeyro. Mi aporte fue darle forma y ponerla en marcha. El proyecto original nace en los Estados Unidos a partir del surgimiento e implementación de la prueba de ADN a los procesos judiciales. Esa técnica permitía, en los casos en que se había resguardado la evidencia de un delito grave como un homicidio o un delito contra la integridad sexual, testear si el material genético coincidía o no con la persona que había sido condenada. De esta forma, de la mano de la ciencia, la comunidad jurídica empezó a darse cuenta que los sistemas de justicia cometen errores.

¿Cómo fuiste organizando el trabajo en Innocence Project Argentina?

Armé un programa de enseñanza clínica en el que los casos eran investigados por abogados junto con estudiantes de abogacía y estudiantes de posgrado de distintas universidades, incluida la Universidad de Palermo. La investigación de los casos es un poco como en las series: mirábamos todo el expediente judicial y analizábamos la prueba. Sólo podíamos tomar el caso si teníamos evidencia de la inocencia de la persona condenada. Este es un punto importante desde la perspectiva de la enseñanza del Derecho, diría que tiene una relevancia central para el ejercicio de la abogacía.

¿Qué otras experiencias laborales colaboraron en tu crecimiento profesional?

Durante la carrera en la UP, formé parte de la Clínica Jurídica donde se litigaban casos de interés público y fue una fuente espectacular de aprendizaje sobre la práctica del Derecho. También trabajé en algunas ONGs mientras era estudiante. Luego me fui por 4 años a estudiar afuera: viví en España y en Estados Unidos, con pasos por la Universidad de Girona y la Escuela de Derecho de la Universidad de Yale. Al regresar trabajé en la UP, pues es lindo regresar a casa. Roberto Saba, decano en aquel entonces de la Facultad de Derecho UP, me convocó para coordinar los diferentes programas de posgrado, maestría y doctorado en Derecho. Al año asumí la responsabilidad de coordinar académicamente la carrera de Abogacía. Y, finalmente, me convertí en Secretaria Académica de la Facultad de Derecho. Luego surgió Innocence Project, mi puesto en el Ministerio de Justicia y todo lo demás.

¿Qué enseñanzas destacarías de tu formación en la UP?

En la UP adquirí todo lo que hoy aplico en mi profesión. Aprendí fundamentalmente que el Derecho es una herramienta creativa que nos permite coordinar nuestra vida en comunidad y hacer realidad los objetivos individuales y/o colectivos; y, ocasionalmente, nos también la satisfacción de resolver problemas y reparar situaciones injustas. Pero no sólo aprendí a leer el Derecho, a pensarlo y a practicarlo de múltiples formas. Aprendí algo mucho más importante: que la ética profesional es la condición de posibilidad para que la profesión sirva al propósito de construir un país cada vez más democrático y más justo. En eso fueron clave mis modelos de rol, mis maestras y maestros.

¿Qué es lo más relevante que debe tener en cuenta en la práctica profesional un futuro graduado?

Estas nuevas formas de entrenamiento, en las que se vincula el conocimiento teórico con la experiencia práctica, resultan claves en miras a la implementación de la oralidad en los procesos judiciales. Es lo que los profesionales del Derecho deben incorporar para la abogacía que ya está empezando a requerirse en el mercado. Ahora, durante la pandemia por COVID-19, la interacción con otras personas en el ámbito laboral es más acotada, pero en general, en mi posición interactúo con mucha gente del sector público, de las organizaciones de la sociedad civil, de la academia jurídica y otros ámbitos.

¿Qué mensaje te gustaría compartir con los estudiantes de UP?

Les diría que el Derecho es una gran práctica colectiva se desarrolla en el tiempo, incluye las generaciones pasadas y las que vendrán. El Congreso de la Nación nos entregó en monopolio cuidar esa práctica con el fin de preservarla y aprovechar cada oportunidad creativamente para mejorarla. Esa es la confianza que la ciudadanía le entrega a nuestra profesión. Honrarla en cada interacción es el camino para seguir consolidando el ideal de la democracia y los derechos en Argentina.

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