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De qué tipo de guerra se está hablando
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Publicación: 26 de abril de 2011
» Leer nota  
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Autor: Mariano Aguas, Coordinador de la carrera de Ciencia Política de la Universidad de Palermo.

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Las características del conflicto y los desafíos para su comprensión

La resolución número 1973/2011 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha abierto una nueva fase de la dramática crisis en Libia. Pocas horas luego de su aprobación, partían los primeros ataques aéreos contra Trípoli, justificados por la voluntad de frenar la violencia que el régimen de Khadafi ejerce contra la población civil y las fuerzas opositoras, sobre todo en la zona este del país, más conocida como Cirenaica.

A partir de estos hechos y como en toda acción política donde estén en juego valores e intereses, se han desatado líneas de argumentación a favor y en contra que a modo de telescopios poderosos nos traen imágenes e interpretaciones no siempre "nítidas".

Apenas escribo esto me resuena en la cabeza una voz que me advierte en tono coloquial: "Mariano, no te hagas vos el Galileo...", y aclaro que aunque quisiera (que no es el caso) no podría... De todas formas me gustaría compartir con los lectores mis dudas y un somero análisis.

El primer interrogante que me formulo es: ¿qué tipo de guerra es esta?, ¿civil, tribal, humanitaria, punitiva, imperial? 1

Tal vez sea un poco de todas esas variantes, y aun así resulta difícil de encapsular en un concepto cerrado, exhaustivo... pido disculpas a los colegas internacionalistas y expertos en guerras y sistemas mundiales... El caso libio, como dice el tango, es una mezcla rara de Musetta y de Mimí tanto por factores internos como externos.

¿Explica eso en forma completa lo que pueda estar ocurriendo? Por supuesto que no. Existen otros actores que inciden en la contienda, lo cual nos lleva a otros interrogantes, por ejemplo: ¿qué es eso que se ha denominado "la coalición" o "los aliados"? y ¿qué características le imprimen los intereses diversos en juego en su seno a la intervención en el escenario libio?

Pasemos a los intentos por explicar.

Cuando analizamos la política en el mundo árabe, grosso modo podemos clasificar a sus regímenes entre repúblicas con fuertes componentes autocráticos como Egipto, Siria o Túnez; monarquías árabes como Arabia Saudita, Marruecos o Jordania y... el modelo libio...

Como las diferencias entre estos tipos de régimen ya fueron expuestas en otro número de Veintitrés Internacional2, voy a tratar de no aburrir al lector con redundancias y a concentrarme directamente en Libia.

Pidiendo disculpas por la falta de ingenio y volviendo al artículo citado podemos decir que "...comparada con otras naciones árabes Libia representa un modelo político particular. Si bien comparte con otros casos la existencia de un régimen de naturaleza autocrática, su arquitectura legal, ideológica y poblacional representa un caso especial.

Libia, oficialmente Gran Jamahiriya Árabe Popular Socialista, es en los papeles un modelo de república popular socialista islámica donde el pueblo ejercería el poder mediante la participación directa y protagónica en las tomas de decisiones, una especie de Estado de las masas, según el modelo implantado por el líder que derrocara a la monarquía senusita en los sucesos de 1969, el coronel Muamar Khadafi.

Siguiendo esta misma línea de razonamiento, Khadafi no tiene ningún cargo oficial de presidente o jefe de gobierno, sino el de ‘líder y guía de la revolución’, cargo muy sugerente que lo ubica en el rol de protector o dueño si se prefiere, del país.

El poder del líder está construido mediante una sutil ingeniería de reparto de beneficios y castigos entre las diferentes tribus que conforman la sociedad libia, a través de un fuerte estatalismo financiado con las cuantiosas regalías energéticas. Eso permitió a su vez la conformación de una verdadera burguesía de Estado de tono conservador, más allá de la retórica sobre la democracia directa que actuaba como soporte del régimen a través de los acuerdos tribales.

Por esa razón si queremos entender el proceso de protesta y práctica guerra civil, debemos comprender la naturaleza aún tribal de dicha sociedad, lo que implica que la revuelta fue producto de un quiebre en esos acuerdos preexistentes, ya que Libia en términos comparativos detenta uno de los mejores niveles de vida regionales.

Resumiendo, para que el régimen de Khadafi sucumba se deben dar cuatro condiciones fundamentales: que el acuerdo tribal colapse, que las fuerzas armadas se dividan en torno a esos clivajes y que la insurgencia pueda controlar la producción energética y finalmente tomar Trípoli..."

Creo que en este último párrafo podemos encontrar una buena guía para comprender parte de la problemática.

Desde el inicio del proceso de revuelta, el régimen khadafiano advirtió sobre dos posibles peligros usados como espectros para suscitar si no la adhesión, al menos la neutralidad de Occidente:

- La Fitna (sedición) o guerra civil relacionada directamente con la conformación tribal de los acuerdos y las coaliciones políticas y sociales como ya explicáramos.

- El islamismo combativo. Si bien Khadafi en los largos cuarenta años de manejo del gobierno libio buscó en la identidad islámica un factor político de unidad y legitimación, jamás permitió el desarrollo del islamismo político ni de los grupos más extremistas vinculados a lo que hoy se conoce como Al Qaeda, cuyos jefes han definido al propio dictador como un "enemigo de Alá".3

Parece que la evolución del conflicto va dando la razón a Khadafi y los suyos cuando advertían sobre el peligro de una guerra civil, pero ¿por qué?

La explicación reside en la propia estructura social y política libia, donde como dijéramos, las tribus desempeñan un rol central.

¿UN PAIS SIN SOCIEDAD CIVIL Y CON UN ESTADO SUI GENERIS? En Libia es muy difícil que podamos encontrar eso que en Occidente llamamos sociedad civil o eso que comúnmente entendemos como Estado. La tribu (qabila) es la única institución que desde hace siglos ha configurado, defendido y regulado la sociedad de las poblaciones árabes (y en parte berebere) que han habitado las regiones bautizadas por los italianos en su empresa colonial como Tripolitania, Cirenaica y Fezzan.

Desde los tiempos de la descolonización, a comienzo de los años ’50, la monarquía senusita a la hora de organizar políticamente el país, en vez de apoyarse en identidades sociales que tuviesen que ver con características ideológicas y competencias administrativas, eligió apoyarse en la antigua estructura clánica-tribal delegando autoridad a las poderosas familias que consolidaron de esa forma sus posiciones políticas y económicas con oportunas uniones y alianzas.

Si bien una de las metas de la revolución de septiembre de 1969 fue recortar dicho poder dejando a la tribu como un lugar de pertenencia social y haciendo de garante de los valores culturales y religiosos tradicionales, ya a partir del fin de la década del ’70 la influencia del tribalismo, aunque en forma subrepticia, comienza a difundirse en todo el aparato administrativo.

Fue así que a medida que los años pasaban el reparto tribal de las estructuras administrativas de gobierno fue consolidándose de una forma nítida.

Durante los noventa, caracterizados por un escenario interno muy complicado plagado de tentativas de golpe y delaciones, Khadafi intensifica las alianzas con los jefes tribales, convirtiéndose la tribu en un instrumento político esencial a la hora de deshacerse de enemigos y traidores al líder.

De hecho en esos años se crean los "comandos sociales populares", cuya tarea era frenar de alguna forma la estrepitosa corrupción, resolver controversias locales, desarrollar planes de desarrollo regionales, etc.

Dicha reforma político administrativa no es otra cosa que el reconocimiento disfrazado de la tribu como elemento esencial de la acción y organización política.

De esa forma el régimen logra contener como aliados a aquellas más importantes, garantizando por otro lado ingentes repartos de canonjías y demás privilegios, que permitían al "Líder" llevar a cabo juegos políticos del tipo "divide et impera".

A partir de dichos años y bajo el slogan de "el pueblo armado", Khadafi decide redimensionar el rol de las fuerzas armadas, y principalmente del ejército, de donde provenían las potenciales amenazas para la estabilidad del régimen. Por otro lado los puestos clave en la estructura de los servicios secretos son confiados a miembros de su propio clan, los Qadhadhifa, y a aquellos de la tribu de su camarada revolucionario Abdessalam Jallud, los Maqariha.

Estos grupos terminan monopolizando todos los sectores clave de la economía y rechazan de forma violenta todo tentativa de cambio o subversión de ese orden. De hecho la masacre en el penal de Abu Salim en 1996 puede ser interpretada como una forma extrema de ejemplo y escarmiento disciplinante.4

La paradoja es que la misma consolidación del sistema tribal, perseguido por el régimen como una forma de impedir el surgimiento de una sociedad civil basada en instituciones pluralistas y democráticas (política seguida bajo el slogan "poder a las masas"), comienza a provocar el repliegue del propio Khadafi sobre su tribu de pertenencia, hundiendo al país en niveles de corrupción a todo nivel jamás vistos.

La brutal paradoja es que siendo Libia un país con importantes medios económicos provenientes de su capacidad energética, y con una población bastante escasa que permitiría una política de desarrollo altamente sustentable en términos económicos, presenta un panorama social donde los sectores medios son estrangulados por la obscena apropiación discrecional de recursos en pocas manos sumada a las aventuras político militares del régimen y a su total carencia de pluralismo político.

Dicho orden de las cosas provocó daños de manera pronunciada en la región oriental (Cirenaica), cuya capital Bengasi fue dejada de lado de los planes de desarrollo y dotada con menos capacidades que aquellas ciudades pertenecientes a Tripolitania, lo cual ha generado no pocos rencores que hoy afloran de manera eruptiva.

Sin duda gran parte de la explicación de la Fitna, guerra civil, guerra tribal o como quiera llamársela, está vinculada a ese tribalismo provinciano y sanguinario corregido y aumentado por el régimen khadafiano durante las últimas décadas.

POSIBLES CONSECUENCIAS DEL CONFLICTO. Si bien resulta evidente que el régimen de Khadafi (o de los Khadafi) entró en un franco proceso de turbulencia y desgaste, no sabemos aún si colapsará definitivamente más allá de los augurios y pronósticos de algunos actores y observadores.

En todo caso lo que va quedando claro es que al ir debilitándose el régimen, el territorio libio se reconfigura en la contienda reproduciendo la vieja división de la era colonial. El territorio oriental o Cirenaica con capital en Bengasi, epicentro de la rebelión, y el territorio occidental o Tripolitania5 con Trípoli a la cabeza, donde el régimen resiste y desde donde todavía lanza contraataques.

Dicha capacidad militar se explica en parte por las reformas citadas. Si bien el ejército se dividió según fracturas tribales, las unidades mejor dotadas y las milicias profesionales rentadas obedecen a Khadafi y su familia, lo que explica la superioridad en poder de fuego sobre el terreno que tienen las tropas leales al régimen.

Hasta ahora lo que se observa desde el punto de vista bélico político es que tanto los rebeldes como los aliados frente a un "zorro del desierto" como Khadafi que juega muy bien sus pocas cartas, se han comportado demasiado tiempo como una "armata Brancaleone" donde cada uno pareció llevar a cabo "su" propia guerra.

También es imperioso reconocer que ningún país de la coalición, y sobre todo los Estados Unidos o los europeos, desean tener que "bajar" al terreno para consolidar lo que su superioridad tecnológica y de medios les aseguró en el espacio aéreo.

Estados Unidos porque no quiere abrir otro frente en un país que en última instancia no es prioridad en su esquema de seguridad e intereses.

Por su lado los europeos oscilan por un lado entre el "ardor" de Sarkozy, deseoso de congraciarse con el electorado francés simpatizante de Le Pen (y de esa forma ampliar sus tambaleantes posibilidades electorales) y de presentar "en sociedad" parte de su arsenal (como los aviones Rafale) 6, y por el otro la tradicional política exterior alla italiana demasiado ligada a Libia (y a Khadafi) por razones históricas, geográficas, sociales y en no menor grado económico financieras.

Por su lado en el Reino Unido el gobierno de Cameron, sumergido en un severo plan de ajuste de su economía, encuentra un alivio en el conflicto y en una nueva oportunidad para apostar a un crecimiento de su influencia en esa cuenca energética que es Libia...

¿Que había un mandato de la ONU para intervenir con fines humanitarios? Sin duda... pero ¿quién dijo que tras las mejores intenciones humanitarias no puedan encuadrarse objetivos particulares más específicos? De otra manera jamás entenderíamos la lógica de la acción política.

Más allá de ciertas suspicacias, y dado el enorme costo político de una intervención en el terreno, los aliados buscan como objetivo de mínima lograr el derrocamiento de Khadafi, si es posible a manos de su círculo7, ya que comienza a quedar claro que los rebeldes carecen de fuerza y capacidad para tomar Trípoli, coartando al mismo tiempo cualquier intento de grupos islamistas radicalizados por hacerse del poder y sentar las bases de un nuevo orden sin el consentimiento de Occidente.

Por otro lado y a modo de conclusión nos quedan tres interrogantes más:

- ¿Será posible la construcción de un Estado en la Libia post Khadafi?

- ¿Es posible que estemos asistiendo en el mundo árabe y en África en general a una lenta pero imperceptible reconfiguración regional de aquellas fronteras trazadas hace un siglo por las potencias occidentales y respetadas por los procesos de descolonización posteriores?

- ¿Son legítimas las intervenciones armadas por causas humanitarias o esconden una suerte de neo-imperialismo solapado tal como denuncian algunas voces?

Lamento terminar el artículo con tantas dudas, pero me consuela la convicción de que si intentamos formularnos las preguntas adecuadas tal vez podamos expandir nuestro conocimiento.

1 Basta ver diversos canales de noticias internacionales o leer diversos medios para entender la puja que existe por "contar" la guerra.

2 Aguas, M. ¿Una ola democratizadora u otro cuento de las mil y una noches? En Veintitrés Internacional Nº 62, Febrero 2011.

3 Según Peter Pham en su artículo de Veintitrés Internacional de febrero.

4 Cerca de 1.200 presos políticos fueron ametrallados en el patio del penal.

5 Según la vieja denominación colonial italiana.

6 A modo de acción publicitaria que termine redundando en mayores entradas para Francia y su sistema militar tecnológico.
7 Evitando repetir lo hecho con Saddam Hussein.

 
 
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