Romina Churba, egresada de Relaciones públicas UP, creó la fundación solidaria Casa Grande

Romina Churba egresó de la Licenciatura en Relaciones Públicas en la Universidad de Palermo y actualmente es directora de Casa Grande, una organización sin fines de lucro que desde el 2012 brinda ayuda a más de 150 instituciones de todo el país. Sin embargo, ya desde sus comienzos profesionales, que se remontan a la universidad donde trabajó varios años liderando iniciativas en el Departamento de Desarrollo Profesional y en el área de Voluntariado, empezó a vincularse con distintas acciones solidarias: “Me acuerdo que armamos un grupo de voluntarios UP para llevar donaciones a los hospitales”, señala. Hoy ese grupo continúa con sus actividades sociales al igual que Romina, quien ya desde su propia fundación brinda ayuda día a día a quienes más lo necesitan.

¿Cómo surge la idea de ayudar y crear una Fundación?

Viene de hace mucho tiempo, yo estaba pensando en ayudar a la gente que más lo necesita y no sabía cómo. Gracias a la generosidad de mi marido y mi familia quienes me prestaron un depósito para que arranque a ayudar, pude comenzar con un proyecto solidario en julio de 2012. El día en que conocí el espacio de este Proyecto Solidario Casa Grande, como se llamó en un principio, recuerdo que cerré la puerta y dije: ´bueno llegó el momento de empezar a hacer algo´. Y surgieron miedos y dudas de cómo y con quien hacerlo, a quienes ayudar. Al poco tiempo me encontré con mucha gente que tenía ganas de ayudar y empezamos a recibir muchísimas donaciones. Con los años nos fuimos profesionalizando, sumando voluntarios y articulando nuestra tarea con instituciones.

¿Cómo trabajan desde Casa Grande?

Hoy somos más de 100 voluntarios trabajando en la Fundación, tenemos abogados, especialistas en marketing, comunicación, gente que hace traslados, que dedica su tiempo a clasificar donaciones, entre otros. Cada uno aporta desde su lugar como puede y siente. También, hacemos campañas durante el año como por ejemplo `regalo para todos´, que consta en que cada persona -a la cual nosotros ayudamos dentro de las 150 instituciones- reciba un obsequio personalizado, es decir envuelto y con su nombre. Nuestro trabajo no es donar por donar, nosotros todo lo que damos lo hacemos pensando en esa persona y por eso nos asociamos con diferentes instituciones. Además, damos charlas en las escuelas y clubes.

¿Qué opinás sobre las nuevas generaciones?

Las veo muy involucradas, aunque sea las que rodean a la Fundación. Los hijos de los voluntarios vienen una o dos veces por semana, destinan su tiempo libre a ayudar. Las nuevas generaciones son el futuro de nuestro país y es importante inculcarles a ellos la importancia del esfuerzo, el mirar al otro, el empatizar con el otro. Si logramos que entiendan la importancia de trabajar en equipo, escuchar al otro y ser socialmente responsables no cabe duda que Argentina estará cada vez mejor.

¿Cuáles considerás que hayan sido tus mayores logros y desafíos con este proyecto?

Hace cuatro años llegamos a los Wichis de Pluma de Pato, en Salta, y calzamos por primera vez a toda la comunidad. Ese creo que fue el mayor logro que conseguimos. También es el reconocimiento. Hace poco recibimos un premio en la Legislatura Porteña y fue muy emotivo cuando nombran a la Fundación, saber que estamos haciendo las cosas bien. En cuanto a los desafíos, hace un año y medio, nosotros alquilábamos en un lugar y la empresa, que era la dueña del edificio, nos dejó sin pagar el alquiler durante años, hasta que un día nos informaron que desalojemos. Pero cuando se hacen las cosas bien el camino se va abriendo solo. Por eso, al otro día me reunía con un rabino, a quien le conté la situación. Después de una serie de reuniones, esa misma tarde me dijo que tenía un nuevo lugar. Hoy estamos ahí, contamos con distintas familias aportantes y con ese dinero podemos pagar el alquiler y los gastos que implican mantener la fundación.

¿Qué herramientas te brindó la UP para este trabajo?

Siendo graduada de Relaciones Públicas pude desarrollar en esta fundación un montón de estrategias que me permitieron y permiten vincularme con personas e instituciones para entre todos logremos ayudar. En general, todo lo que aprendí, los distintos trabajos de campo que realicé en la universidad me permitieron adquirir mayor experiencia, la misma que hoy aplico para ejercer la profesión con mayor seguridad al frente de la fundación. Además, cuando trabajaba en la Universidad de Palermo armé junto a la gente de Recursos Humanos un grupo de voluntarios con los que juntábamos donaciones e íbamos a los hospitales a repartirlas.

¿Qué les dirías a los alumnos de la universidad que buscan emprender con algún proyecto similar?

Que se animen, que encuentren qué es eso que los moviliza y den ese primer paso. Argentina está llena de personas que tienen ganas de ayudar y bancar proyectos como Casa Grande y tantos otros. También, les diría que pidan ayuda, opinión, que averigüen y, especialmente, que se formen.

Para más información sobre Casa Grande www.fundacioncasagrande.com.ar