Guillermina Noe, egresó de Diseño de Moda UP y cofundó Besha, las carteras que irrumpieron en el mercado

Guillermina Noe junto a su socia, Bárbara Levinas, son las mentes maestras detrás de Besha, la marca de carteras más colorida, versátil y original del mercado de marroquinería argentina. Con 20 años de experiencia en el rubro, Guillermina, egresada de Diseño de Moda UP, reconoce que el secreto de su éxito está en los productos totalmente atemporales, anti-clásicos, para todas las edades y de gran calidad; así como también en el ojo supervisor de las dos diseñadoras a cada paso del proceso de producción. Como emprendedora, recomienda a quienes quieren iniciar un negocio “estar muy encima de los números, que son la clave”. Además, sobre su formación en la UP, destaca: “La universidad me dio las herramientas para poder organizar una estructura mental de trabajo”.

¿Cómo surgió Besha?

Cerca del 2001 ya me encontraba trabajando con cuero, fabricando cinturones en forma totalmente artesanal desde mi departamento. En ese momento la demanda empezó a crecer y se usaba mucho el dejar en consignación los productos. Había una gran ola de diseñadores independientes, de ferias. En ese contexto conocí a mi socia, Bárbara Levinas, por medio de otra amiga. Ella también es diseñadora de indumentaria, y surgió la posibilidad de hacerle producto terminado a Ona Saez. Decidimos fusionarnos y ofrecerle a la marca algo más completo e ir con la parte de marroquinería, de carteras. Ahí fue cuando arrancamos juntas con el producto terminado. A diferencia de otros negocios, la explosión de Besha se fue dando sobre pasos firmes y pensados. Cada local que se abrió fue totalmente evaluado en cuanto a los números y beneficios.

¿Cómo fue el camino para posicionar la marca?

Después de esa experiencia inicial con Ona Saez se fueron sumando otras marcas, como Sibyl Vayne, que nos permitía actuar con libertad en cuanto a propuestas. Dos años después, cuando empezó el boom de Palermo Soho, alquilamos nuestro primer local en Armenia y El Salvador. Era el garaje de una casa, que actualmente seguimos teniendo. Al año siguiente pusimos el segundo local en Rodríguez Peña y Arenales, una zona que en su momento también era fuerte a nivel comercial. Luego, abrimos en Alto Palermo, y a los meses surgieron Patio Bullrich, Paseo Alcorta, Dot, Galerías Pacífico y Solar. Llegamos a tener siete puntos propios de venta y 35 empleados. Hoy nos quedamos con los locales de Palermo Viejo, Solar, Alcorta y Alto Palermo.

¿Qué desafíos tuvieron que enfrentar y qué aprendizaje les dejaron?

Hay momentos decisivos en los que se necesita tener la mente en frío aunque cueste, por ejemplo, cerrar un local. Hoy contamos con 19 empleados entre los cuatro locales y planta de la empresa, donde se recibe la producción. Al momento de ponernos de acuerdo con mi socia, nos miramos y decimos ‘esto sí, esto no’, no estamos dudando. Ante cimbronazos en el país, que fueron varios (porque todo afecta, ya que es una cadena de producción); venir haciendo las cosas con la cabeza te permite seguir y salir adelante. No hay que dormirse pensando que la marca ya está impuesta.

¿Por qué pensás que tuvieron tanto impacto en el mercado de la marroquinería?

Fue clave que, en el momento que nació Besha, vimos que el segmento ofrecía algo muy puntual en invierno (suela y negro) y en verano (blanco). Nosotras decidimos salir con un producto atemporal: fue el boom de lo metalizado, en lo que fuimos pioneras; en los tamaños de carteras según su funcionalidad, las mini bandoleras, tachas y combinaciones de colores; en que la clienta se anime a ponerse algo metalizado con zapatillas, y que la cartera ya no tenía que combinar con el calzado. Fue todo un desafío pero realmente explotó: había artículos que se agotaban y se agotaban, fabricábamos de a cientos. De hecho después empezamos a ver el reflejo de lo que nosotras habíamos empezado como novedad en otras marcas. Nos permitimos hacer un producto que queda bien en cualquier momento del año.

¿En qué se inspiran y cómo es el proceso para diseñar una colección?

Tanto mi socia como yo viajamos mucho, la inspiración puede aparecer en cualquier lugar. Sin embargo, para nosotras la inspiración más importante es la que nos surge acá mismo, en nuestro país: la opinión de la clienta es clave. Cada temporada es una renovación. Fabricamos a medida que la demanda lo requiere, lo que es mucho más trabajoso, pero también nos permite ajustarnos a las circunstancias y que nuestros productos siempre estén actualizados. De repente, si vemos que funcionó un artículo lo rediseñamos y priorizamos, estamos muy atentas a lo que la clienta quiere, opina y necesita. También a que los precios no se disparen. Algo a lo que siempre nos mantuvimos fieles es a nuestra materia prima: el cuero. Lo que sí hicimos fue ampliar nuestra línea para ofrecer un producto diferente en tela, con diseño y estampas exclusivas, pero siempre cien por ciento argentino.

¿De qué manera complementan el trabajo con Bárbara?

Ambas somos diseñadoras y estamos detrás de todos los diseños. La clave de llegar a donde estamos hoy es que vigilamos cada detalle del proceso. Por supuesto que uno delega y confía en el equipo, pero nuestro ojo tiene que estar atrás para que todo funcione. En particular, Bárbara está más atenta a los detalles producción y diseño, y yo estoy siempre muy encima de los números. Es clave el manejo del crecimiento, así como las decisiones y cantidades. Nosotras, aparte de los locales, vendemos por mayor, que también es un gran desarrollo para la marca.

¿Qué te llevó a dedicarte al Diseño?

Siempre me gustó mucho el Diseño en sí, en todos sus aspectos: decoración, detalles, no sólo lo que es moda e indumentaria. Yo buscaba algo más dinámico, creativo. Después me fui dando cuenta que, dentro de lo que es Diseño, me gusta mucho la parte de los números. Nunca trabajé en una empresa, sino que fui haciendo mi propio camino. Lo fundamental es saber que no es fácil, que te podes caer una y mil veces pero si tenés confianza en vos mismo y medianamente claro tu objetivo, se puede lograr. Hay que tener fuerza y seguir. En algún momento, con constancia y perseverancia, se llega a armar lo que uno tenía en mente.

¿Qué te aportó la Universidad de Palermo en ese camino?

La UP siempre fue muy práctica, en cuanto a los trabajos, charlas, y hasta las clases teóricas. Pienso que la universidad te da herramientas para poder organizar tu estructura mental de trabajo, después el resto se aprende cuando salís a enfrentarte con la realidad. Año a año cambian mucho las cosas, desde cómo diseñar, hasta cómo vender un producto. Con la pandemia, por ejemplo, se aceleró la compra online. Entonces uno tiene que adaptarse. Uno va aprendiendo cómo acomodarse, y a estar atento para saber hacia dónde hay que hacer el cambio, en todo sentido.

¿Qué consejo o recomendación les darías a estudiantes que buscan emprender?

El mismo que le doy a mis hijos: hagan algo que les guste, que les entusiasme, porque eso es una cuota muy importante en los momentos difíciles que se presentan siempre en el camino profesional. Los primeros años de emprender son de inversión. Y las sociedades con otra persona también son difíciles. Hasta llegar a lo que es Besha hoy, junto a mi socia, hubo varios intentos que fueron de mucho aprendizaje. No los tomé como fracasos, sino que son parte del camino. Para aquellos que tienen un proyecto, no tengan miedo de empezar, siempre se puede, de a poquito, estando muy encima de los números, que son la clave.