La Ilustración, contra el Coronavirus

15/04/2020

La Ilustración, contra el Coronavirus

El Dr. Roberto Saba, director de Posgrado de la Facultad de Derecho UP, analiza la situación de la epidemia COVID19 a nivel global.

Desde hace un poco más de 250 años se libra en el planeta Tierra una lucha permanente entre los ideales de la modernidad – la razón, la ciencia y el humanismo – y las creencias de la pre-modernidad – como el dogmatismo, la superstición y el tribalismo-. La pandemia llevó esta lucha a cada rincón del globo, a los titulares de los diarios, a los palacios de gobierno de 200 naciones, y a cada hogar.

Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, enfrentamos una amenaza global que pone en riesgo nuestras vidas y al mundo tal como lo conocemos. Un monstruo infinitamente pequeño y a la vez terriblemente destructivo nos desafía desde el interior de nuestras propias entrañas.

En cuestión de días debimos adaptarnos a situaciones que jamás imaginamos que experimentaríamos, algunas de un grado de dramatismo indescriptible. La economía mundial se deshace con el correr de las horas y experimentamos una total incertidumbre sobre el futuro. Los ideales de la Ilustración, aquel movimiento de ideas nacido de las mentes de filósofos europeos del siglo VIII y que inspiraron la Revolución Francesa de 1789, la norteamericana de 1776 y las independentistas de América Latina, ofrecen el arsenal necesario para luchar contra la pandemia.

Steven Pinker, profesor de psicología de la Universidad de Harvard, en su libro La Ilustración Hoy (2018), hace una defensa minuciosa de lo que identifica como los tres ideales de ese movimiento del que las democracias liberales son herederas directas. Primero, la centralidad de la razón como opuesta al dogmatismo y la superstición. Segundo, la ciencia como paradigma para alcanzar un conocimiento confiable, con sus métodos, sus estándares y su necesaria cooperación global. Finalmente, el humanismo, que supone que todos los seres humanos tenemos una misma condición, que cada persona es valiosa en sí misma y que, por eso, ningún colectivo, como la tribu o la nación, será jamás más importante que ella.

Los ideales de la Ilustración suponen que el progreso de la humanidad es posible. Progresaremos moral y políticamente por medio del intercambio de razones y progresaremos en nuestros conocimientos y auto-comprensión gracias a los métodos de la ciencia.

La Ilustración subyace a la creación de la mayoría de las instituciones modernas que valoramos y que, a veces, aquellos que tenemos la suerte de contar con ellas tomamos como dadas: la democracia liberal, el derecho, el mercado, las escuelas, los hospitales y los acuerdos internacionales, sobre todo aquellos referidos a la protección de los derechos humanos, entre otras.

Como ha sucedido por más de dos siglos frente a las muchas amenazas existenciales que ha sufrido la humanidad, como otras epidemias, el nazismo, el terrorismo, el racismo, la discriminación o la xenofobia, los valores de la Ilustración son fundamentales para encarar esta pandemia.

Los gobiernos que diseñen estrategias escuchando todas las voces, que sean responsables por ellas frente a sus ciudadanos y que jamás olviden su obligación de respetar los derechos de todas las personas bajo su jurisdicción, muy probablemente tomarán mejores decisiones que las tiranías.

Los políticos y las sociedades que confíen en la ciencia, en sus hallazgos, sus métodos y sus consejos, tendrán más chances de enfrentar este ingente desafío sanitario. El humanismo es la justificación de acciones cooperativas planetarias, pues ya quedó muy claro que la pandemia es un problema global que solo puede encararse con estrategias globales.

Sin embargo, las fuerzas de la pre-modernidad no se quedan quietas. Donald Trump en los Estados Unidos y Boris Johnson en el Reino Unido, se burlaron inicialmente de las recomendaciones de la ciencia, aunque finalmente, demasiado tarde, depusieron sus armas.

El presidente ultra-conservador de Brasil, Jair Bolsonaro, insiste en desafiar los consejos científicos exponiendo a su pueblo a la muerte probable de más de un millón de personas. El xenófobo presidente de Hungría, Victor Orbán, que viene destruyendo las instituciones democráticas de su país desde hace diez años, acaba de darle su golpe de gracia al cerrar el Congreso, luego de culpar a los extranjeros por la invasión del virus. L

a opacidad de regímenes como los de Rusia, Venezuela, Irán, Corea del Norte, Arabia Saudita o China no nos permiten ni siquiera saber la realidad de lo que sucede en esos países. Los enemigos de la democracia liberal montados sobre el rechazo de los ideales de la Ilustración serán responsables de un número vergonzante de muertes dentro y fuera de sus fronteras.

La paradoja es que la humanidad nunca estuvo científicamente mejor preparada que ahora para enfrentar una epidemia en toda su historia.

La velocidad en la que circula la información les permitió a algunos países a los que el virus aún no había llegado, prepararse para enfrentarlo mejor.

Científicos del mundo entero se encuentran cooperando en la búsqueda de una vacuna y de un remedio. Médicos, respiradores y reactivos, vuelan en los mismos aviones y a la misma velocidad que las personas que transportaron el virus. Si bien no es sencillo, hay signos de cooperación entre Estados y las instituciones globales como la OMS han sido y siguen siendo cruciales en esta lucha. Solo los ideales de la Ilustración podrán guiarnos para salir de esta oscura noche y proveernos los insumos necesarios para retomar la senda del progreso cuando la pesadilla termine.

*Nota publicada en Clarín el 15/04/2020 por el director de Posgrado de la Facultad de Derecho, Dr. Roberto Saba. Ilustración: Daniel Roldán