Retos y objetivos de la educación superior en la Argentina

27/02/2020

Retos y objetivos de la educación superior en la Argentina

Especialistas y académicos debaten sobre los desafíos de formar a los jóvenes para los empleos del futuro, analizan las carreras con mayor demanda laboral, plantean la problemática de la deserción universitaria y explican las claves para mejorar la educación virtual, entre otros temas.

Comprender y diseñar el futuro de la educación superior en la Argentina es complejo. Más, a la luz de los nuevos tiempos que transcurren, en un mundo global, tecnológico, digital e interconectado, en el que se requiere un aprendizaje constante.

No son pocos los que sostienen que el sistema educativo doméstico es anacrónico. Esto motiva un debate actual. ¿La educación superior es capaz de responder a las necesidades de la sociedad en el siglo XXI?

Las universidades desempeñan un papel fundamental en cualquier perspectiva de desarrollo del país. Se enfrentan al desafío de enfrentar este reto e integrar enfoques diferentes, dada la diversidad de contextos económicos, políticos y sociales en que está inmersa la educación superior.

“La velocidad de obsolescencia del conocimiento es cada vez más rápida, los mercados son cada vez más globales, competitivos e interconectados, y la tecnología está transformando el trabajo a una velocidad mucho mayor a la que las organizaciones pueden adaptarse. En este contexto, las universidades tienen la obligación de innovar, no solo de enseñar a innovar. Tienen que ser un motor de cambio en la sociedad, para darles herramientas a los estudiantes con las que agreguen valor y transformen su sociedad”, considera Matías Popovsky, vicerrector de la Universidad de Palermo.

Para Edgardo Zablotsky, rector de la Universidad del CEMA y miembro de la Academia Nacional de Educación, “hoy en día la sola adquisición de conocimientos resulta insuficiente. Los jóvenes deben aprender a aprender. En la sociedad del conocimiento en la cual les tocará desarrollarse la graduación de una carrera universitaria está lejos de marcar el final de sus estudios. Toda su vida adulta deberán continuar aprendiendo, el contexto cambia demasiado rápido: nuevos descubrimientos, conocimientos, prácticas laborales, etc...”.

Las carreras con mayor futuro laboral

“La tecnología, de la mano de la automatización, inteligencia artificial y robótica, elimina los trabajos repetitivos y rutinarios, reemplazando las tareas de poco valor agregado. Al mismo tiempo, hay una brecha de talento muy llamativo. Muchas personas buscan empleo y no lo consiguen, y al mismo tiempo las empresas no encuentran candidatos con las habilidades necesarias para cubrir sus puestos de trabajo”, opina Popovsky y sigue: “las universidades tenemos que preparar a una nueva generación de estudiantes que sepan razonar críticamente, adaptarse y continuar aprendiendo”.

“En este punto es importante considerar no sólo la formación sino los trabajos del futuro”, agrega Pablo Rivarola, vicerrector de Asuntos Académicos de Universidad Siglo 21. “Las carreras que se presentan con mayor interés para el desarrollo futuro son aquellas relacionadas con el manejo de datos, las ingenierías, la logística, la salud y por otra parte, las ciencias sociales”, continúa Rivarola.

Los jóvenes son conscientes de que una gran cantidad de trabajos tenderán a la automatización y por lo tanto, su interés está más bien en el desarrollo de competencias y conocimientos transversales, que les permitan adaptarse a los nuevos mercados y posibilidades laborales. “Cuando conformamos un plan de estudios es fundamental contemplar la mayor versatilidad y amplitud formativa, para que los egresados hayan incorporado una actitud emprendedora, una visión estratégica y contextualizada, y la capacidad de identificar recursos y equipos de trabajo que les permita afrontar los diferentes desafíos que se le presenten”, explica Rivarola.

Para Zablotsky, “no existe ninguna garantía que una carrera que hoy tenga un promisorio futuro laboral, lo mantenga de aquí a diez años. Es claro que sí es posible pensar en carreras que van en el camino opuesto. Toda carrera en la cual las capacidades que desarrollen de los graduados puedan ser remplazadas eficientemente por procesos computarizados quedarán probablemente en el ostracismo”.

La deserción universitaria es otro tema que preocupa. ¿Cuál es la clave para lograr una mejor proporción de egresados en relación a los ingresantes? Según Rivarola, “este es un problema que está configurado por múltiples variables. La individualización de los alumnos y la identificación de sus necesidades y motivaciones es el principal método para promover su permanencia en los estudios que haya elegido. Es fundamental que la universidad y todos sus integrantes estén dispuestos al acompañamiento de los alumnos en el logro de sus objetivos, por ello no podemos ser indiferentes cuando un alumno deja los estudios, no puede ser pensado como uno más o uno menos. El impacto que tiene el abandono para su entorno, su familia, sus amigos, se expande y perdura”, analiza el representante de la Universidad Siglo 21.

“La educación universitaria y la educación en general es un fin en sí misma, no sólo es un medio, porque el conocimiento y el crecimiento personal transforman a las personas y con ellas, a su comunidad. Es por ello que la deserción no debe ser calculada en porcentajes sino en personas, posiblemente recién allí sea factible identificar la clave”, explica Rivarola.

Para Zablotsky, la pregunta sobre la deserción universitaria es “la más sencilla de responder. Argentina carece de cualquier sistema de evaluación para ingresar a la universidad. Como señala Alieto Guadagni, miembro de la Academia Nacional de Educación, no se conoce en el mundo una ley como la 27.204, la cual establece que ‘todos los alumnos que aprueban la enseñanza secundaria pueden ingresar de manera libre e irrestricta a la enseñanza de grado en el nivel de educación superior’. Las evaluaciones constituyen un incentivo para que los jóvenes no transiten el secundario sabiendo que al cumplir 18 años ingresarán a una universidad sin requerimiento alguno, es claro que ello no contribuye a que ingresen en las universidades estudiantes bien calificados y que, por ende, tengan una menor probabilidad de desertar”.

Otro desafío permanente es la educación virtual. Los especialistas coinciden en que la Argentina está atrasada en este sentido. “Como lo señalan las evaluaciones PISA, la Argentina, está lejos de ser un país avanzado en cualquier índice que utilicemos para evaluar a los estudiantes cercanos a terminar su educación secundaria. Estamos mal, esa la realidad y esconderla no es más que hacer la del avestruz. Muchos de nuestros estudiantes son incapaces de comprender una sencilla consigna o de enfrentar problemas que impliquen un cierto análisis cuantitativo. Frente a esta realidad es necesario ser realistas y ponernos prioridades. Es claro que la Argentina no es uno de los países más avanzados en educación virtual, pero a mi entender, dada la foto que he descripto, otras son nuestras prioridades”, acota Zablotsky.

Otro debate que se da en el ámbito académico es si las universidades tienen que volver a ser consultoras del Estado nacional. Para Rivarola, “las universidades son los ámbitos donde no sólo se imparten conocimientos y se desarrollan competencias, sino que es donde se genera saber aplicado. La gran cantidad de investigaciones que las universidades producen están relacionadas con problemas o interrogantes actuales, no sólo de las ciencias básicas, sino de conflictos sociales, económicos, de la salud y deben ser un insumo que está a disposición de la sociedad para que pueda mejorar la calidad de vida de las comunidades y la gestión de los recursos. Esto es así en Brasil, en Canadá, en Bélgica por ejemplo. Allí las universidades participan como asesoras al momento de implementar políticas públicas para conocer sus posibles resultados como así también acompañar en el seguimiento de sus objetivos a través de indicadores de precisión”.

Hoy, el discurso del Estado sobre política universitaria centra la atención en las universidades públicas. ¿El sector privado se siente representado por los gobiernos de turno? “En relación a las políticas universitarias, las diferentes instituciones de educación superior, tanto públicas como privadas, hemos tenido espacios de trabajo y diálogo permanente, y en este sentido reconocemos apertura por la diversidad de opiniones. En el caso de Córdoba en particular, el Foro de Rectores que congrega a todas/os las/los rectores de las diferentes universidades es posiblemente el mejor ejemplo de cooperación y definición de acciones comunes. Nuestra meta es mejorar la calidad educativa de forma permanente y promover ciudadanos comprometidos en su comunidad y su desarrollo profesional, y no creo que en ello estemos en desacuerdo con las políticas de Estado”, concluye Rivarola.

Nota publicada en Ámbito Financiero el 27/02/2020 por Leando Ferreyra.
Foto: Ámbito Financiero.